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¿ Por qué hacer una página
más de James Bond si hay miles ? .¿ Que más puede
haber de nuevo ?. ¿ Solo satisfacción personal ?
Cada uno tiene sus propias
razones para adoptar a un figura como héroe personal; sea
de cine, de fútbol, de música... Posiblemente porque
esa figura efectuó algo, o apareció en un momento
de la vida de uno que cobró especial importancia.
Nuestros héroes forman
parte de nuestra vida. En nuestra niñez o adolescencia, cuando
nos sentimos mal o pasábamos por un mal momento, ellos aparecieron
y nuestra vida disfrutó, aunque sea fugazmente (el tiempo
que dura una película, una canción, un gol) un momento
de alegría, haciéndonos olvidar nuestras penas.
Mi fascinación con James
Bond viene de lejos, de mi niñez.
Nací en Uruguay hace
37 años. No puedo quejarme demasiado de mi infancia, pues
a pesar de los limitaciones que pasamos, siempre nos ingeniamos
para ser felices con poco. Pero cuando tenía 8 años,
mis padres se separaron y nuestra familia quedó en crisis,
incluyéndome; mi intención no es pintar un cuadro
dramático o sicológico, pero eran momentos muy difíciles
los de entonces. Teníamos un futuro bastante incierto y parecía
que todos los días había un problema nuevo.
Fué entonces que en el
cine del barrio (el viejo cine Miami de Montevideo, lamentablemente
hoy desaparecido), decidieron hacer un festival de James Bond. Era
1976 (también era un momento difícil para mi país),
y mi madre decidió alejarse de sus problemas llevándome
al cine. Mi familia ya era entusiasta de James Bond, sin llegar
a mi grado de fanatismo actual; habían visto desde 1963 todas
las películas y recordaban unas cuantas escenas de memoria.
La primera película que
vi creo que era Solo Se Vive Dos Veces. Recuerdo que de una
manera especial me impactó. Quizás eran las explosiones,
o la historia, o verlo a Connery en el personaje, con su impecable
acento inglés. Pero fundamentalmente, era la música,
que me quedó impregnada aún después de salir
del cine, y tarareé durante días. Esa guitarra eléctrica
que resonaba en mi cabeza una y otra vez, que me hacía pedir
más.
Por supuesto, volvimos al festival.
Quisimos ver Operación Trueno, pero un corte de luz
nos impidió verla, y nos dieron un pase para el otro día,
que vimos Dr No. También por ahí me enganché,
quedando con la intriga de cómo era Operación Trueno,
de la que tanto hablaba mi madre. O de Goldfinger, que no
la pude ver entonces, pero el cine (con un excelente criterio),
me pasaba los trailers de ella y del resto de las películas,
que por plata y tiempo no podíamos ver.
Por último, vimos Los Diamantes Son
Eternos (¡ tres películas en una semana !). Y con
ella quedé con la cabeza quemada y me recibí de fanático.
A partir de entonces,
James Bond se volvió mi hobby. Comencé a buscar su
música por las radios y grabarla, y cuando pude ahorrar algún
dinero, salí a rastrear en las disquerías de usados,
o en la tradicional feria de Tristán Narvaja, los discos
de sus bandas sonoras.
Poco a poco conseguí
Desde Rusia Con Amor, Solo Se Vive Dos Veces, Vivir
Y Dejar Morir... todas en vinilo, usadas, algo rayadas, tocadas
una y otra vez en un tocadisco mono que mi abuelo había armado
en sus épocas de técnico de radio y TV. El encerrarme
en el comedor a disfrutar esos 30 o 40 minutos de la banda sonora
a toda la (poca) potencia del equipo, me daba unos minutos de vuelo
y fantasía, soñando con héroes implacables,
villanos que querían destruír al mundo (y eran frenados
justo a tiempo), y explosiones y persecuciones por doquier.
Pero cuando ubiqué el
disco de Goldfinger, me pidieron más dinero del que
tenía. Y cuando lo conseguí, el disco ya no estaba.
De alguna manera Goldfinger
era mi vellocino de oro (qué buena imagen). Ese ideal inalcanzable,
que todos conocieron y yo no, que debía de estar en algún
lugar algún vestigio (la película, la música,
la novela, el poster), pero al encontrarlo no podía comprarlo,
o recién había desaparecido, o estaba agotado.
Después proseguí
con los libros, en la también famosa librería Rúben
de usados. Ubiqué todas las novelas (bueno, casi todas;
al parecer Ian Fleming no fue reimpreso después de la furia
Bond de los 60´s), colección que amarillenta y casi
derruida, aún me acompaña.
Pero Goldfinger no estaba.
Continué viendo re-estrenos
de las viejas películas; al menos una vez por año,
y por abril (para mi cumpleaños), como una especie de regalo,
algún cine re-estrenaba un viejo título de la serie.
Y como allá en Uruguay los cines son continuados, a veces
me quedaba en el cine para verla hasta dos y tres veces.
En una de esas ocasiones vi
La Espía Que Me Amó (otra figurita difícil).
Y entonces ocurrió. Y
en qué momento.
Yo jugaba al ajedrez, desde
muy chico. Había comenzado a jugar representando a mi colegio
secundario, había ganado algunos torneos, y había
llegado a concursar por las finales del campeonato nacional juvenil
en el interior del país. Esa experiencia merecería
un espacio (y una página) aparte. Perdí la final de
manera estúpida, quedé como vice. Y al regreso (en
ese momento tenía 18 años, ya estábamos mudándonos
a la Argentina, y ése era mi último torneo, mi retiro),
nadie estaba para esperarme.
Y en ese día tan negro,
me dí una vuelta por el viejo cine Princess.
Y Goldfinger me estaba
esperando.
Después de tantos años
de desencuentros, en aquel momento tan particular, él estaba
ahí, para hacerme olvidar las penas.
El resto es bastante fácil de imaginar.
En cada momento de alegría o tristeza,
James Bond estuvo allí para festejar u olvidar, y sobre todo,
para disfrutar. En mi despedida final de mi país, vi Octopussy;
cuando volvía a Uruguay a ver a mis amigos, apareció
En La Mira De Los Asesinos. Apenas conocí a mi mujer,
vino Su Nombre Es Peligro; cuando llegó la fiebre de
las videocaseteras hogareñas, conseguí Desde Rusia
Con Amor; o cuando la empresa donde trabajaba estaba por cerrar
(y justo estaba por casarme), vino Goldeneye (gracias, Brosnan).
Y también cuando
estábamos con mi señora por comenzar a pelear con
su cáncer, llegó El Mundo No Basta.
Así como los yanquis
tienen su música para cada momento, yo tengo etapas de mi
vida marcadas por cada una de las películas de James Bond.
Ahora es más fácil todo, voy consiguiendo los CD importados
(¡ al fin, la música de Goldfinger en mis manos
!), y los videos. Y la película que menos vi, la vi tres
veces (Solo Se Vive Dos Veces lleva todos los premios: doce
veces !! - nota de r.: al 2003;
ahora suma dos o tres veces más !). Porque cada película
es una parte de mi vida, es un mojón en el camino que me
indica el kilometraje. Y que cuando añoro, me permite regresar
a ese tramo del camino, para revivir esa alegría o paliar
la tristeza del presente; o para disfrutar esa película que
en su momento no se pudo, por haber vivido momentos tan negros.
Pero ellas trazan mi camino: quién fui, quién soy
y hacia donde voy. Porque sé que en mi mejor o peor momento,
James Bond estará allí, por llegar o ya disponible
en video, ingresando en su delirio apenas el cañón
del arma invada la pantalla, John Barry vuelva a embriagarme con
su música y 007 camine hasta disparar su Walther PPK para
comenzar a refrescar los juegos de fantasía de mi niñez
y olvidarme del mundo, en un delicioso trance del cual sómos
complices desde hace años.
Y siempre, en la oscuridad del
cine o de mi hogar, viendo los títulos hasta el final, y
esa esperanza, esa promesa de fascinación y felicidad latentes
que se concretan cuando aparece el mágico mensaje:
JAMES BOND WILL BE RETURN
Alejandro Franco - webmaster
y autor de SSSM
NOTA ADICIONAL 2005 : Y ahora,
por fin, despues de dos años, retomamos con cariño
nuestro sitio. Con todo lo que aprendimos en nuestros años
de diseño web, queremos brindarle lo mejor a nuestros visitantes
y, especialmente, poder transmitirles de la mejor manera el "feeling"
de la película (oficial o no) que uno esté leyendo.
No nos olvidamos de la añoranza, de la nostalgia o de los
viejos sentimientos. Pero ahora quiero transmitirles una visión
algo más analítica, de fanático a fanático.
Contarles lo que he investigado y que quizás no sepan. Hablarles
tanto desde la crítica como desde el corazón. Darles
una mejor experiencia al navegar nuestro sitio. Y, como reza nuestro
título, nuestro slogan no es una aseveración sino
una expresión de deseo. Transformar nuestro trabajo de culto
de más de 5 años en algo pulido y cabal que sea la
mejor web de Argentina sobre James Bond 007. Porque los fans nos
merecemos una web en español de la misma (o mayor calidad)
que las excelentes webs inglesas y americanas sobre el héroe
que nos entretuvo en los mejores momentos de nuestras vidas. |
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