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USA, 1969 : Intérpretes : Frederick
Stafford (André Devereaux), Dany Robin (Nicole Devereaux),
John Vernon (Rico Parra), Karin Dor (Juanita de Cordoba),
Michel Piccoli (Jacques Granville), Philippe Noiret (Henri Jarre),
Claude Jade (Michèle Picard), Michel Subor (François
Picard), Per-Axel Arosenius (Boris Kusenov), Roscoe Lee Browne (Philippe
Dubois), John Forsythe (Michael Nordstrom). Dirigida por
Alfred Hitchcock. Guión de Samuel A. Taylor, basado en la
novela homónima de Leon Uris. Música de Maurice Jarre. |
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Alfred Hitchcock es uno de los directores más
amados a nivel mundial. Su abultado historial incluye numerosos clásicos,
algunos de ellos los hemos comentado en nuestro
portal de cine de culto Arlequin. En esta ocasión, éste
es el segundo intento de Hitchcock por sondear en el cine de espionaje
en los 60 de plena furia Bond - el anterior film fue la blanda La
Cortina Rasgada -. Y por lo que se ve con Topaz, el maestro
no termina por hacer buena puntería. Es
posible, como algunos han dicho, que Hitchcock se encontrara experimentando
en los 60 la búsqueda de un James Bond realista. Un cine
de espías con los pies en la Tierra. Es posible, y si bien
el maestro tiene experiencia en el tema (sin ir más lejos,
North by Northwest), lo cierto es que después de Marnie
Hitchcock se embarcó en una serie de proyectos desastrosos.
A partir de 1964 el único filme potable que rodaría
sería Frenesí; pero el resto tiene serios problemas
de guión, argumentos insulsos o gruesos errores de tono.
Sin ir más lejos, su último filme - Family Plot
- es francamente bizarro. Es como si Hitchcock hubiera perdido su
intuición maestra a la hora de elegir los argumentos.
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| Andre
Devereaux: un espía olvidable |
Y Topaz es un filme con muchos problemas.
No era un proyecto deseado por Hitchcock pero la Universal lo
presionó mucho, y el director terminó por rehacerlo
sobre la marcha, con páginas del guión escritas horas
antes del rodaje, gracias a la pluma del libretista de Vertigo
(que el inglés trajo a la producción como herramienta
de salvataje). Incluso el final fue retocado a pedido del estudio.
Como la mayoría de las películas
de Hitchcock, la primera media hora es casi soporifera. Hay demasiado
diálogo, actuaciones estoicas, y la trama va de un lado a
otro sin terminar de definir cuál es su propósito.
A decir verdad, la historia de León Uris no es demasiado
emocionante. Es básicamente una ficción elaborada
sobre las posibles bambalinas previas a la crisis de los misiles
cubanos de Octubre de 1962, donde el dato llega por un defector
ruso demasiado pedante. De hecho, la escena del escape se ve realmente
torpe y larga y, lo que es peor, el film carece de algún
personaje con carisma que por lo menos interese hasta ese momento.
Es una historia partida al medio, donde 40% del film lo lleva John
Forsythe como el operativo de la CIA a cargo de la investigación.
Forsythe es bastante chato y estoico (parece seguir el manual de
actuación de Efrem Zimbalist Jr. para la serie de TV The
FBI), no muy interesante de ver, pero peor es seguir al 60%
restante con el blandísimo Frederick Stafford que es un héroe
anodino. Stafford (que en Europa filmara alguna película
del agente OSS 117, y aquí obviamente resulta elegido
por su perfil a lo Sean Connery, corte de pelo simil bisoñé
incluído) es realmente terrible, torpe para actuar y carece
de misterio. Y termina por lastrar al film.
Pero no todas las culpas deben echarse al
casting; por suerte está John Vernon que salva las papas
del fuego, como el duro jefe de la inteligencia cubana, que destila
veneno y tiene algunos de los mejores momentos de la película.
El mayor problema de Topaz es que, sin actores interesantes
y sin personajes atractivos, el libreto se empeña por compensarlo
disparando un montón de vueltas de tuerca, muchas de ellas
sin sentido. Es absurdo que la CIA le pase todo el peso de
la investigación a Devereaux; el modo en que éste consigue
que un subordinado obtenga copias del acuerdo ruso - cubano (además,
¿qué hace el jefe de inteligencia cubano llevando
semejantes papeles por todo el mundo?); la investigación
en Cuba, donde Devereaux es reconocido por Rico Parra y no es apresado
sólo porque el libreto se quedaría sin héroe;
y todo este montón de vueltas para llegar recién en
el 75% del film al nudo real, que es la red de doble espías
infiltrada en el servicio secreto francés. Además del
absurdo de que Devereaux debe desmantelar Topaz en 72 horas porque
... ¿qué?. La CIA le dice que es para
evitar el filtrado de la información de los misiles, pero al
otro día, en primera plana, ya figura la noticia en todos los
diarios. Es un guión lleno de agujeros, muchos de ellos muy
evidentes. Donde el film se redime
es en los momentos típicos de Hitchcock. A partir del copiado
de los documentos cubanos sobre el acuerdo secreto, la película
toma ritmo y se vuelve algo más interesante. El operativo
para obtener los documentos cubanos por parte del agente que interpreta
Roscoe Lee Browne tiene - a pesar de su disparate - su suspenso.
El descubrimiento de la identidad de Devereaux como espía
en Cuba también tiene su tensión. Está Karin
Dor - la pelirroja devorada por las pirañas en Solo
Se Vive Dos Veces - como la viuda de un héroe de la revolución
cubana que trabaja para los americanos, un personaje inspirado en
la hija de Fidel Castro (exiliada en la vida real y trabajando para
deponerlo desde Norteamérica). Pero los huecos del libreto
desmerecen el pulso de Hitchcock, y las escenas en Cuba son confusas
- uno no se explica cómo Parra, amante de Juanita de Córdoba,
no sospecha que Devereaux es también su amante y, por qué
no, espía.-. Recién el director inglés
se encuentra en su salsa cuando Devereaux llega a Francia y empieza
a descifrar cómo se compone Topaz. La escena del almuerzo
es típica de Hitchcock, con revelaciones y expectativas de
reacciones que levantan un poco el suspenso. Pero la historia se
resuelve de un modo realmente torpe, con el suicidio del principal
traidor. Existían dos finales alternativos - un duelo entre
Devereaux y el traidor, que hubiera resultado mucho más satisfactorio;
y el escape del traidor hacia Rusia -, pero el clímax que
permanece en el film es abrupto e insatisfactorio.
Es una película apenas aceptable,
que sólo un par de escenas de Hitchcock la salvan de ser
un bodrio absoluto. El libreto es un colador, y las actuaciones
de madera. Era obvio que se iba a hundir en la taquilla, y eso es
lo que sucedió.
3 CONNERYS : Un
intento de Hitchcock de hacer un Bond realista. Pero un guión
lleno de agujeros y actores anodinos terminan por hundirla, y sólo
queda a flote gracias a un par de escenas de suspenso como sólo
el inglés puede filmar. |
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