AQN – Critica: Tiburon (Jaws) (1975)

Tiburon : el gran clasico de Steven Spielberg sobre un escualo que acosa la isla de Amity, con Roy Scheider y Robert Shaw. Critica del film

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    Critica: JAWS

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1975 : Roy Scheider (jefe de policía Martin Brody), Richard Dreyfuss (Matt Hooper), Robert Shaw (Quint), Murray Hamilton (Alcalde Larry Vaughn), Lorraine Gary (Ellen Brody)

Director – Steven Spielberg, Guión – Peter Benchley & Carl Gottlieb, basado en la novela homónima (Mandíbulas) de Peter Benchley, Musica – John Williams

Trama: El cuerpo despedazado de una joven ha aparecido en las costas de la isla Amity. El jefe Brody cree que se trata del ataque de un tiburón, pero los concejales y el alcalde Vaughn niegan el hecho, aduciendo de que se trató de un accidente marino con una hélice. Además, la inminencia de la apertura de la temporada turística – principal fuente de ingresos de la isla – impulsa a que las autoridades mantengan las apariencias para no arruinar la llegada masiva de visitantes. Un nuevo ataque que acaba con la vida de un niño provoca una cacería masiva que culmina con la captura de un tiburón tigre. Pero el biólogo marino Matt Hooper analiza el escualo y determina que ese no es el animal causante de las muertes. De todos modos el alcalde Vaughn abre las playas y, en el primer día, un ataque masivo presenciado por todos los turistas termina con la muerte de uno de los isleños. Brody fuerza a Vaughn a contratar a un pescador de tiburones y pronto Brody, Hooper y el experimentado cazador Quint partirán a alta mar en busca del escualo. Pero el descomunal tamaño del animal – y su feroz instinto asesino – terminarán por sorprender a los cazadores, que terminarán por convertirse en sus presas.

    trailer del clásico Tiburón  

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  Tiburon “Vamos a precisar un bote más grande” (jefe Brody)

Tiburón es el gran triunfo de Steven Spielberg. Y a su vez, su peor infierno personal. Este director novel – que venía de filmar el aclamado telefilme Duel, algunos episodios de la serie de terror de Rod Serling Galería Nocturna, y la fracasada The Sugarland Express – hizo su debut en su primer film mainstream con la adaptacion a la pantalla grande del best seller de Peter Benchley. Sería un megaéxito a nivel internacional – en menos de un mes sería el hit numero uno de taquilla de todos los tiempos hasta la llegada de Star Wars -, convertiría al director en una estrella y pasaría a desarrollar la más impresionante carrera de Hollywood de los últimos 30 años.

Pero a su vez, Tiburón es, en palabras del mismo Spielberg, su Vietnam personal. La cantidad de gravísimos problemas con los que contaría a lo largo de la filmación sería legendaria y, para el mismo Spielberg, ni aún el super blockbuster resultante podría compensar todo el daño físico y sicológico que él (y el resto del equipo de filmación) sufrirían. Comenzando por el escualo mecánico que se dañó antes de empezar a rodar y nunca terminaría por quedar de fábrica; las peleas con el estudio para rodar a mar abierto en vez de hacerlo en un estanque (algo que comenzaría a subir los costos de producción); después por el libreto que nunca estuvo a tiempo (terminó con gran parte de improvisación y escrito sobre cada día por Carl Gottlieb); el clima inestable que arruinaba dias enteros de filmación; el robot que demoraba horas en funcionar como la gente y se rompía a cada rato; horas de rodaje infructuoso en alta mar, saturados de calor y agua salada; las visitas constantes de los ejecutivos del estudio que los despedían y recontrataban a cada rato, ya que estaba excedido en meses y cientos de miles de dolares de lo acordado para la filmación… Es una crónica del caos que bien merecería un apasionante documental para sí solo. Spielberg terminaría con ataques de ansiedad y verdadera fobia al mar que lo atromentarían por años.

Pero semejante esfuerzo se ve compensado de sobra en este formidable clásico. El poder de shock permanece inalterable con el paso de los años. Es una narración muy bien dosificada – apertura shockeante, momentos de exposición, otro ataque espeluznante, y así – donde la narración se guía estrictamente por la coherencia. Aún los personajes secundarios como el molesto alcalde Vaughn resultan humanizados y no caricaturas, aún cuando el papel se presta para el clisé obvio. Es cierto que no tienen una gran profundidad sicológica pero al menos las viñetas de sus personalidades los apartan de ser cartón pintado. El film realmente despega con la segunda aparición del tiburón – el ataque a la balsa con el niño, escena osada si la hay -, donde el sentido de urgencia se contagia entre toda la población de la isla. Las escenas marinas son particularmente claustrofóbicas, aún cuando se trata de mar abierto, y posiblemente eso tenga que ver con el paneo de la cámara – dos tercios de la pantalla están sumergidos, lo que le da al espectador la sensación real de estar en el momento exacto del ataque -.

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Lo que resulta interesante observar es la división de dos dimensiones totalmente opuestas, donde resulta tabú aventurarse a cruzar el límite que las separa. En el ataque que culmina con la muerte del niño, existe una extraña sensación de que el mar es realmente un mundo totalmente diferente y ajeno al hombre. Es el reino del tiburón. El hombre apenas puede acercarse porque, aún con escasa profundidad, la muerte ronda las aguas. Sólo existe seguridad en tierra firme – el espectador sólo siente tranquilidad cuando ve a los personajes en la playa y no en el mar -. Todo intento de aventurarse al mar puede culminar en la muerte. Es como un espejo que no puede ser traspasado; pareciera algo obvio lo que escribo, pero en el film es algo tan suave y subliminal que uno puede percibirlo en esos momentos. Fijense que en el mar todo es una trampa; las escenas de histeria masiva, el agua como obstáculo para huir rápidamente, la masa agolpandose para llegar a la playa… simplemente es un terreno prohibido.

Sin dudas la llegada de Quint y Hooper al relato son los que condimentan al mismo. Al fin Brody tiene aliados coherentes. Es partir de allí cuando el film pasa a un ambiente casi intimista, que como Richard Scheib bien observa, podría compararse con una mezcla entre Moby Dick y El Viejo y el Mar. La formidable cacería en alta mar es un ejemplo de cine brillante, si bien no es obra total de Spielberg. El primer corte del film estaba plagado de escenas con primeros planos del tiburón mecánico – que lucía alevosamente falso -, y la editora Verna Fields podó la inmensa mayoría de secuencias, pasando – en términos del mismo Spielberg – “de un film de William Castle a ser uno de Val Lewton”, donde el terror es sugerido y pocas veces explicitado. Sin dudas es la gran colaboración de Verna Fields la que terminó por salvar las papas del fuego al director, dejando sólo las mejores escenas.

Todos los ataques en alta mar son clásicos, pero a mi gusto la mejor escena es la de la narración de Quint acerca de la tragedia del hundimiento del buque Indiana en 1945 – donde 1100 hombres naufragaron en el mar y terminaron siendo pasto de los escualos, sobreviviendo poco más de 300 en menos de una semana -. Robert Shaw se lleva las palmas como el carismático y detestable zorro de mar, pero en esa secuencia se luce con la dignidad propia de un Oscar. Es un narrador formidable.

Posiblemente el final sea implausible – el mismo Spielberg lo ha admitido, pero carecía de un climax mejor -, pero no quita ningún mérito a lo que es una obra maestra del horror. El poder de sus imagenes no ha menguado en tres décadas – la muerte de Quint es particularmente impresionante – y dudo que lo haga algún día, simplemente porque es un relato que funciona fundamentalmente en lo sicológico – los temores profundos del ser humano, la inmensidad del mar y la desnudez natural del hombre al sumergirse en él, los animales salvajes que nos acosan en la naturaleza desconocida -, pero que se ayuda de lo explícito para impactarnos. Es sencillamente brillante.

   

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