AQN – Critica: THX 1138 (1971)

Critica de THX 1138 (1971): un hombre se distingue en una sociedad despersonalizada, en el filme debut de George Lucas

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    Critica: THX 1138

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1971: Robert Duvall (THX 1138), Maggie McOmie (LUH 3417), Donald Pleasence (SEN 5451), Don Pedro Colley (SRT 5555), Ian Wolfe (PTO)

Director – George Lucas, Guión – George Lucas & Walter Murch

Trama: En el futuro los humanos formarán una sociedad totalmente despersonalizada. Identificados con un prefijo y un número, vivirán en un estado de supresión de conciencia a causa de la ingesta diaria de sicofármacos, y se dedicarán a cultivar una cultura basada en la autoridad, la obediencia, el consumo y la violencia. En ese entorno vive THX 1138 junto a su compañera LUH 3417; pero cuando la chica queda accidentalmente embarazada – considerado un delito por una sociedad que prohibe las relaciones sexuales e, incluso, la reproducción no controlada -, THX comienza a dejar las drogas y a ganar conciencia de lo que realmente pasa. Ahora, separado de su compañera y perseguido por las autoridades, su única esperanza reside en alcanzar el mundo exterior… el cual se antoja tan lejano como inhóspito y cuya salida se encuentra mucho mas allá de donde se haya aproximado jamás un ser humano.

    trailer de THX 1138  

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      THX 1138 THX 1138 es el primer filme de George Lucas. Siglos antes de transformarse en una megaproductor marketinero gracias a los descomunales éxitos de La Guerra de las Galaxias e Indiana Jones, Lucas era un cineasta intelectual con pretensiones de artista. En aquella época estaba asociado con Francis Ford Coppola y juntos dirigían American Zoetrope, la problemática productora de F.F. que años mas tarde daría a luz alguno de los títulos mas emblemáticos del cine contemporáneo norteamericano como El Padrino y Apocalipsis Now. THX 1138 fue la primera incursión cinematográfica del emprendimiento, la cual terminó siendo un fracaso de crítica y taquilla. Años mas tarde – y debido a la euforia provocada por La Guerra de las Galaxias, la cual convirtió en mainstream al género de la ciencia ficción y lo puso de modaTHX 1138 sería redescubierta y revalorizada, mostrando un lado inusual de Lucas frente al gran público. Mientras que está plagada de ideas interesantes, THX 1138 no califica como obra maestra ya que tiene cierta tendencia innata al divague y no arriba a ninguna conclusión concreta. Es más un colorido pantallazo sobre un modelo futuro de sociedad que una historia real y concreta, con lo cual tenemos viñetas pero no argumento.

THX 1138 sintoniza la misma onda de ciencia ficción social que estaba tan de boga en los años 70, haciendo juego con otros títulos como Cuando el Destino nos Alcance, ZPG: Prohibido Tener Hijos o incluso la fallida Fuga en el Siglo XXIII, fantasías en donde la gente ha perdido la personalidad y se encuentra oprimida por un estado tan autoritario como omnipresente, viviendo en sociedades plagadas de reglas arbitrarias con tal de suprimir cualquier amenaza de superpoblación. Si bien la base de inspiración de todo este movimiento fue la publicación de una serie de estudios y proyecciones – que indicaban la progresión geométrica del crecimiento de la población mundial, el riesgo de superpoblación y, fundamentalmente, la posible carestía de alimentos y el aumento desmedido de la contaminación -, yo también le agregaría la tanda de notas publicada por el Reader´s Digest sobre la China Roja, la cual resurgía a principios de los años 70 como una nación gigante, descomunal y uniformada que mantenía un férreo control sobre sus ciudadanos a la vez que resolvía ciertos temas fundamentales – como alimentación, educación, salud, etc – manteniendo un equilibrio tan admirable como delicado: bastaba un pico de población o una mala cosecha para que China cayera en un estadío de hambruna y caos, similar al vivido en los duros tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y una situación de la cual habían podido sobresalir gracias a la disciplina y la represión. En muchos sentidos la civilización occidental creyó ver en la China Roja su propio futuro – uno plagado de autoritarismo y racionamientos, herramientas indispensables para que una sociedad sobreviva en un mundo de recursos limitados -, y pronto disparó sus mas variadas interpretaciones en la forma de distopías y utopías. Lo que ocurre en THX 1138 no difiere mayoritariamente del preconcepto occidental que tenemos de la China maoísta: una sociedad uniformada, monitoreada, violentamente reprimida y sin espacio a las individualidades.

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En vez de uniformes Mao, George Lucas prefiere un mundo de batas blancas y gente calva. Es un mundo que cultiva la represión como forma de vida – THX trabaja en una fábrica dedicada a construir policías robóticos -, y en donde los individuos son autómatas. Toman sicofármacos para suprimir su individualidad – y para tratar las depresiones sufridas por semejante anonimato -, no poseen objetos personales (no hay adornos de color, pinturas, retratos… sus casas parecen cuartos de hospital, ferozmente asépticos y blancos), y ni siquiera les dejan mantener relaciones sexuales (mucho menos, procrear), con lo cual viven en un estado de somnolencia permanente. Todo esto es controlado de manera obsesiva por otros pares (los cuales tienen cámaras instaladas en los botiquines de todas las casas y vigilan – cual Gran Hermano – todas las actividades privadas de los individuos), quienes reportan y suprimen todo intento de salirse de la norma. Incluso la religión existe como una forma de placebo, en donde telecabinas instaladas en todos lados permiten que el transeúnte haga una confesión al paso, a la vez que es atendido por un ordenador evangelista que le implora “continuar creyendo, seguir comprando y producir más en la fábrica para el beneficio de toda la sociedad”. Yo creo que la idea de los evangelistas electrónicos es, por lejos, lo más logrado y original de todo el filme.

Por supuesto en todo ese orden irrumpe el caos, con lo cual se dispara la historia y nos posibilita conocer otros aspectos de semejante sociedad. Aquí ocurre una conjunción de cosas – el operador homosexual que compone Donald Pleaseance, el cual ha manipulado los legajos computarizados para que Robert Duvall pierda a su compañera y se vaya a vivir con él; la saturación de las drogas que padece Duvall, las cuales no terminan por suprimir su angustia y por lo cual termina por abandonarlas; las relaciones sexuales que mantiene con Maggie McOmie, que culminan con su embarazo; y el procesamiento del protagonista, el que deriva en su posterior encarcelamiento e intento de fuga – por las cuales el héroe se satura, se desborda y, por último, pelea para distinguirse de la masa. En todo caso la causa de THX 1138 no es mas que la de obtener su propia voz en una sociedad carente de personalidad.

El problema con todo esto es que es soberanamente aburrido. Mientras que visualmente THX 1138 es soberbia – son paisajes infinitos, blancos, carentes de sombra; masivas movilizaciones humanas (realzadas digitalmente y a posteriori, ya que el pope Lucas decidió meter mano tal como hizo con la trilogía original de Star Wars); decorados gigantescos y extremadamente elaborados -, cada vez que los personajes abren la boca disparan una catarata de sandeces que me hacen acordar a las trivialidades que escribió Kubrick para los caracteres de 2001, Odisea del Espacio. Peor aún, da la sensación de que se trata de una horda de actores de método improvisando y vomitando redundancias que no significan nada. No hay una auténtica reflexión de la situación real o del cambio que internamente va efectuando el protagonista; sólo se limita a reaccionar ante el medio, y escapar a la represión, y ni siquiera el tipo despierta algún tipo de simpatía como para cinchar por él, ya que es tan anónimo y anodino que no empatiza en absoluto con la audiencia. Ni siquiera el final es revelador o liberador – Duvall llega a un mundo algo más colorido… pero, en apariencia, tan inhóspito como el que acaba de dejar atrás -.

THX 1138 es ciencia ficción pensante, dotada de algunas buenas ideas, una dirección prolija y un argumento emocionalmente inerte. En su deseo de ser atemporal, ha poblado la escena con diálogos monótonos y vagos, los cuales son más un relleno que un medio para conocer los personajes. En todo caso el mayor logro es el impacto visual de su puesta en escena, el cual es notable y memorable… mucho más que su discurso sobre sociedades asfixiantes e individuos carentes de personalidad.

   

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