AQN – Critica: El Monstruo (2016)

El Monstruo (2016): Madre e hija quedan varadas en el bosque a mitad de la noche y un monstruo los acosa, en este filme de Bryan Bertino. Critica de la pelicula

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    Critica: The Monster Critica: The Monster

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 2016: Ella Ballentine (Lizzy), Zoe Kazan (Kathy), Aaron Douglas (Jesse), Christine Ebadi (Leslie Williams), Chris Webb (Monstruo)

Director – Bryan Bertino, Guión – Bryan Bertino

Trama: Kathy es un desastre como madre. Bebe y se intoxica hasta perder la conciencia, y es Lizzy, su hija de once años, quien mantiene el orden y la cordura en la casa. Divorciada, es un tren descarrilado que es incapaz de cumplir los deberes mínimos como madre y ama de casa. Con su vida convertida en un infierno, Lizzy le ha pedido a su madre que la lleve a la casa de su padre – quien vive en otro estado -, y Kathy sabe de que la niña no va a regresar. Embarcadas en este viaje final pleno de odios y sentimientos encontrados, las cosas se saldrán de control cuando el auto de las chicas choque contra algo en mitad de la noche y en medio de un camino vecinal. Habiendo quedado inservible el coche, Kathy atina a llamar al 911 para pedir auxilio mecánico y una ambulancia… pero la ayuda demora y, lo que es peor, parece haber algo en medio del bosque que está a la espera de atacarlas. Lo que parece paranoia por una pésima noche de tensiones y truenos pronto se transforma en una pesadilla real cuando el primer socorrista es despedazado por un animal desconocido frente a los ojos de las muchachas. Sin armas ni medios para pedir ayuda, pronto queda en evidencia de que las chicas están solas por su cuenta, y deberán tramar un desesperado plan de escape antes de que la criatura decida asaltar el auto para poder devorarlas.

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    El Monstruo (2016) El Monstruo es un excelente drama atachado a una floja pelicula de terror. Mientras que la caracterización de los personajes es excepcional – y está iluminada por la formidable interpretación de las portagonistas -, el aspecto terrorífico de todo el asunto resulta convencional y hasta decepcionante. Gran parte del problema es que el monstruo de turno carece de personalidad y ataca sin seguir reglas lógicas. Aún los animales mas peligrosos del mundo – y hasta las criaturas mas memorables del cine fantástico – tienen un modus operandi, pero acá el bicho de marras no se comporta de manera coherente. Escupe un brazo por aquí, regresa a comer el resto de la víctima por allá, ataca autos y camionetas con todos los faros prendidos pero se asusta de la luz de una linternita, incluso a veces parece preferir atacar en una situación complicada – la victima apertrechada en el interior de un auto – en vez del momento en que la presa se encuentra indefensa en medio del bosque y a menos de un metro de distancia. Es arbitrario y sumado a los clichés de los filmes de animales asesinos – ojos siniestros que observan desde los arbustos del bosque, el lanzamiento de cosas en el momento menos inesperado, aparecer por el lugar que uno no imagina -, termina por aniquilar la efectividad de lo que debería haber sido un filme excepcional.

El quid de la cuestión es que el director Bryan Bertino no sabe muy bien qué hacer con el monstruo. ¿Es un bicho real o una alucinación producida por el golpe sufrido tras el choque en la ruta?. ¿Acaso es una manifestación inconsciente de la niña?. De ser así El Monstruo transita un carril parecido al del clásico Planeta Prohibido (1956), en donde el odio del protagonista se convertía en una amenaza real y viviente que atacaba a todos aquellos que detestaba. Aquí Ella Ballentine no dispone de un cerebro electrónico Krell pero pareciera poder obtener los mismos resultados. Qué raro que una criatura increíble los ataque justo en el último viaje que compartirán madre e hija…

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Desde ya, el monstruo de turno es alegórico. Puede ser el demonio que ha poseído a Zoe Kazan y la ha sumido en el alcohol, o puede ser una criatura inventada por Ella Ballentine para probar la verdadera valía de la madre – o el odio que le tiene, que se ha materializado -. Y mientras que ambas posibilidades son fascinantes – el resultado es un rito de iniciación para Lizzy, el inicio de la paz y la madurez -, el director Bertino lo maneja con sutileza cero. La existencia del bicho es tan genérica que no hace diferencia si es un alien de 5 metros, un oso salvaje o un asesino serial. Para colmo el traje del bicho es burdo, como un disfraz de murciélago alquilado para época de Halloween.

Todo lo cual es una lástima ya que la primera mitad del filme es impactante. Ver a Zoe Kazan descontrolada, golpeando a su hija, intoxicada y gritándole que se muera es muy fuerte. Y aún mas fuerte es ver a la hija odiando a la madre, pensando en acuchillarla mientras está inconsciente en un sofá fruto de otra intoxicación, acurrucándose con ella cuando está desmayada en el baño luego de un violento exceso. Encima la Kazan tiene 36 años pero parece de 18, una adolescente tatuada y carente de límites que sobrevive de suerte y por los controles que le hace su hija – devenida en madre de su propia madre -. (alerta spoilers) Hasta el final – en donde la madre planea entregarse como carnada viviente para que la niña pueda escapar de las garras del monstruo – tiene su shock. Es el momento de redención, ese que demuestra que hasta la mas loca o intoxicada tiene en sus genes el sentimiento profundo de madre y sabe cuándo y cómo hacer el sacrificio de su vida cuando el momento lo amerita. La Kazan es una criatura trágica, plagada de contradicciones, en donde sus sentimientos terminan arrasados por el torbellino que le provoca el alcohol. Los flashbacks la muestran en principio como villana, pero a medida que se suceden, sólo terminan por humanizarla. Es una de esas personas miedosas, gente a la cual le aterra las responsabilidades de la vida porque nadie las preparó para ellas, o porque las responsabilidades le llegaron demasiado temprano. Viviendo en su burbuja de perpetua adolescencia, han agriado la vida de quienes la rodean… pero ella, en sus raptos de lucidez, se ha dado cuenta del daño que ha hecho. Entonces he aquí su momento de madurez y altruismo, ése en donde se percata que su vida fue y será una porquería, pero que posee algo de valor cuyo sacrificio puede servir para que otro sobreviva y lleve la vida normal que le ha sido negada. Lástima que toda esa carga dramática es castrada por el diseño y el comportamiento del monstruo, el cual es inútil, ilógico, inexplicable, absurdo. Un oso asesino hubiera sido mas aterrador y creible, y hubiera funcionado mucho mejor como alegoría que este Batman de cuarta. Quizás el temor del director fuera que las Asociaciones Protectoras de Animales hubieran puesto el grito en el cielo al verlo prendido fuego en la batalla final. (fin spoilers)

Aún con todo ello, El Monstruo se me hace recomendable. Es probable que funcione para alguien con ojo menos cínico que yo o que, por el contrario, fracase con un veterano de películas de terror que le encuentre las costuras a todo el asunto. En todo caso el drama es excepcional y ello la hace aconsejable, aún cuando uno tenga la sensación de que, sobre mitad del camino, el director haya perdido la brújula y no sepa muy bien como terminar de cocinar la premisa.

   

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