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En el reducido olimpo reservado para películas
y series de culto, The Avengers ocupa un lugar
destacado. Es otro producto más que prosperó
a la sombra de la Bondmanía de los 60, si bien
sus orígenes datan de 1960, cuando 007 sólo
era el héroe de una serie de novelas baratas. Es
también la primera serie británica que alcanzó
popularidad a nivel internacional, en un pequeño
nicho que compartió junto con Danger Man
(con Patrick Mc Goohan) y su seudo continuación
surrealista The Prisoner.
The Avengers es el fruto de una extraña
evolución, marcada por la creatividad de los
guionistas en sus diferentes temporadas. En 1960 la
Associated British Corporation le pide a Sydney
Newman que desarrolle una serie policial. Newman aprovecharía
la popularidad que había obtenido Ian Hendry
en la fugaz serie Police Surgeon, y lo pondría
en el papel principal, otra vez en el rol de un médico.
Pero también le daría un co protagonista,
papel que sería ocupado por Patrick McNee.
En su primera temporada se narraba el orígen
de la serie; unos narcotraficantes entregan por error
un paquete con droga a la novia del Dr. David Keel (Hendry),
y para evitar que los reconozca terminan por matarla.
Keel jurará venganza (de allí el nombre
de la serie) y recibiría la ayuda profesional
de un oscuro agente secreto llamado John Steed. Esa
primer temporada difería mucho de lo que hoy
conocemos de The Avengers, ya que su trama es
estrictamente realista y policial. Incluso el personaje
de Steed estaba totalmente alejado del carácter
tal como se conoce.
La serie tuvo un modesto éxito, pero al final
de la temporada se sumaron varios factores que determinaron
la partida de Ian Hendry. Uno sería una huelga
de actores, y la otra, la posibilidad de seguir una
carrera cinematográfica para explotar su relativa
popularidad, cosa que jamás Hendry podría
concretar de modo exitoso. Así fue que para la
segunda temporada, Steed pasa a liderar el show; y su
nuevo co-protagonista (originalmente pensado para un
hombre), terminaría en manos de Honor Blackman.
Su personaje de Cathy Gale sería la primera heroína
televisiva, una mujer de armas tomar, y así es
como la serie comenzaría a marcar rumbos en la
televisión.
Tanto la segunda como tercera temporada siguieron marcadas
por el tono policial, aunque ya se trataban algunos temas
de espionaje (robo de virus, complots gubernamentales,
etc). La serie en ese entonces ya era popular y se vendía
bien a los mercados internacionales. Pero al final de
la tercera temporada, Blackman abandonaría la serie
en pos de otra carrera cinematográfica que nunca
se concretaría de forma exitosa, y especialmente
tras obtener un papel muy especial : el de Pussy Galore
en Goldfinger. Como veremos, toda
la historia de la serie está marcada por abandonos
de sus co-protagonistas, y la saga de 007 jugaría
un papel muy importante ligada al desarrollo del show.
Cuando Blackman se va en 1964, los productores entraron
en pánico. La serie era un éxito comercial,
y tenían enormes interrogantes de cómo
reemplazarla. Cada cambio de protagonista involucraba
un cambio de estilo en la temática y en los guiones;
pero sería entonces cuando aparecería
Diana Rigg, y el resto se volvería historia.
The Avengers es hoy el fenómeno de culto
gracias a Rigg, McNee y fundamentalmente, a Brian Clemens.
Clemens es hoy un ícono de la televisión
británica : entre sus hits figuran The Professionals,
The Adventurer, Danger Man, y una gran
parte de las mejores series britanicas que obtuvieron
reconocimiento mundial, sin contar trabajos para la
Hammer. Será Clemens quien defina el abandono
del estilo policial por una temática más
volcada al espionaje, pero con toques surrealistas.
En su equipo creativo estará Marie Donaldson,
quien será la que invente el personaje de Emma
Peel (derivado del término sex appeal) : una
agente secreto que ha perdido a su esposo en el Amazonas,
y que trabaja para la organización secreta conocida
como el Ministerio, junto a John Steed - que
para ese entonces McNee había pulido su personaje,
convirtiéndose en el dandy inglés que
hoy todos conocemos -. Ambos agentes ahora deberán
combatir a científicos locos, ejércitos
de robots, sociedades secretas del espacio exterior,
y toda una galería interminable de sicodélicos
personajes. Además, Peel es un personaje extraordinario
que atrae al público masculino a la serie : enfundada
en ajustados catsuits, peleando mano a mano con numerosos
enemigos, dotada de una sensualidad extraordinaria.
La quinta temporada ya es un rotundo éxito,
y es filmada a colores, gracias a aportes de capitales
americanos. Pero también es el comienzo del fin,
ya que nuevamente otro protagonista de la serie partiría,
y también sería por una oferta de trabajo
de la serie 007 : Rigg abandona su papel para ser la
Condesa Tracy De Vicenzo en On
Her Majesty Secret Service. La desaparición
de Peel deja un vacío enorme en la serie; y si
bien se reemplaza con Linda Thorson para la sexta temporada,
la recién llegada es incapaz de llenar los zapatos
de Rigg. Si Emma Peel era una femme fatal y una eficaz
mujer de acción, la nueva agente Tara King es
una veinteañera sin experiencia, demasiado simplista
y sin talento para el combate. Es un personaje soso
que mella profundamente en la popularidad de la tira.
Y si había una química sexual reprimida
entre Steed y Peel, aquí se reduce a una suerte
de relación paternal que no se condice con los
elementos que hicieron popular a la serie. Clemens introduciría
un nuevo personaje fascinante - el jefe de Steed y King
llamado Madre, y personificado por Patrick Newell -,
pero aún las extravagancias del jefe o de las
misiones a cumplir no podrían rescatar a la serie
del impacto del abandono de Rigg. Así es que
en el último episodio de la temporada, Steed
y King subiría a un cohete "casero"
que había construido el agente en el patio de
su casa. Y, por error, activarían los controles,
partiendo con rumbo desconocido, mientras Madre - mirando
a la camara - asegura : "Ellos volverán".
Y ellos volverían en 1977. Un productor francés
reúne a Thorson y McNee para un comercial de champagne,
y la nostalgia invade a muchos. Este productor contacta
a Clemens - en ese momento, dueño de los derechos
de la serie -, y terminan por formar una alianza para
producir una nueva serie con capitales ingleses, franceses
y canadienses. El resultado sería The New Avengers,
pero la serie iría a los tumbos.
El principal problema de The New Avengers era
la ausencia de Rigg. Además, Steed no tenía
co-protagonista femenina sino que era acompañado
por un dúo de agentes. Y si bien la agente Purdey,
encarnada por Joanna Lumley, era una digna sucesora
de Emma Peel, lo cierto es que los guionistas dirigen
su tensión romántica hacia el personaje
de Gareth Hunt. Vale decir, McNee terminaba como una
especie de invitado de lo que era su propio show, pensando
los productores en continuar la serie con la pareja
de jovenes. No sólo se había perdido mucho
del delirio en los guiones - eran más cercanos
al espionaje corriente, aunque había algunos
capítulos más fantasiosos involucrando
a mediums u organizaciones que intentaban resucitar
un cuarto reich -. También se había perdido
la comicidad excéntrica que era marca registrada
de la serie - The New Avengers se tomaba demasiado
en serio a sí misma -. Entre el papel reducido
de McNee y los problemas entre los productores - que
empezaron a retirarse cuando la serie no obtuvo los
números esperados -, The New Avengers
no pasó de la primera temporada.
Es fundamental entender de qué va la serie para
explicar su durabilidad: tomando como modelos la cuarta
y quinta temporada - la era Rigg -, la base del éxito
estriba en tener a un señor muy formal e indiferente
al peligro, acompañado de una hermosa y letal
mujer, totalmente desinhibida y también indiferente
al peligro. Entre ellos hay una química sexual
reprimida, y un obvio sentimiento de camaradería
que los hace funcionar como una especie de matrimonio
sin papeles. La confianza mutua, las bromas que se juegan,
y especialmente su desprecio al peligro los hace atractivos
para el público. En el fondo, es el colmo de
la flema británica - impasibles ante el peligro
-, adornado con ropas y escenarios chic. Son personajes
interesantes que se ven involucrados en tramas fantásticas.
Y antes de plantearse la debil credibilidad de las tramas,
terminan por aceptar las situaciones y hacerle frente
con cierta indiferencia. Ellos pueden comentar algo
gracioso aún cuando estén en riesgo sus
vidas. La gente gusta de ellos y cree en ellos, por
lo que el resto es un decorado que sólo añade
toques exóticos a la historia. Y contando además
de que, si bien somos cómplices en aceptar historias
increíbles gracías a un par de tipos simpáticos,
lo cierto es que las tramas eran tan dementes que era
imposible adivinar los giros de la misma.
Este matrimonio entre el formal dandy ingles y la femme
fatale en catsuit era lo que provocaba la quimica explosiva
de la serie. Sustituirlo por chicas inexperientes o
por una pareja de agentes entrenados era un error de
criterio: nos interesaba Steed y Peel. Pero si los mismos
creadores fallaron en captar esta realidad - cuando
lanzaron The New Avengers en 1977 -, ¿que
se podría esperar de la descerebrada maquinaria
hollywoodense cuando estrellaron una superproducción
de más de 100 millones de dolares en 1998?
El gran problema de las remakes
Una remake exitosa de una serie televisiva debe tener
al menos tres cualidades : debe contar con el elenco y
grupo de creativos originales, debe ser respetuosa de
sus orígenes y debe expandir el universo que ha
creado a través de años de emisiones en
la pantalla catódica. Un ejemplo típico
de una remake exitosa es Star Trek. Tambien The
return of The Man from Uncle, o Get Smart Again
son buenas remakes. Quizás en algunos casos no
hayan obtenido resultados espectaculares, pero son fieles
a su esencia.
Pero, cuando uno de los tres elementos antes descriptos
falta (en especial, si no está el casting y creativos
originales), el camino que debe seguirse es el exactamente
contrario. Hacer una remake por los numeros - un calco
del original, pero con un casting diferente - es un
error. En especial porque una serie televisiva se compone
de capitulos muy cortos en duración; esto significa
que la gente ha comprado a la serie, no por una emisión,
sino por haber visto una temporada. La quimica entre
los protagonistas y el publico se ha dado por un continuo
bombardeo de emisiones, con lo cual nos hemos familiarizado
con los personajes. Ver a William Shatner como el capitán
Kirk o a Robert Vaughn como Napoleón Solo no
requiere presentaciones : el actor y el personaje son
uno solo - así lo hemos identificado -, amén
que de tanto tiempo de encarnarlo, el actor lo representa
de un modo cómodo y natural.
Pero cuando los actores mueren o están muy viejos,
es una apuesta muy riesgosa poner a alguien a representar
lo que en la memoria de todos tenía la estampa
de otro actor. En esos casos es que las remakes que
han logrado éxito, lo han tenido por optar por
un camino diferente. The Brady Bunch Movie es
un caso ejemplar : todo el casting es nuevo, pero la
trama opta por la satira - ver a los ingenuos pseudo
hippies enfrentados con la sociedad cinica de los 80-90
: uno de los chicos Brady tiene por siquiatra a un transexual,
una chica Brady tiene una amiga lesbiana, etc -. O Starsky
y Hutch, donde Ben Stiller y Owen Wilson optan definitivamente
por la comedia antes que por el simple policial. No
podemos contar en el grupo a Mission Impossible,
ya que es un transvestido cinematográfico (la
serie siempre se basó en el suspenso y el ingenio,
mientras que el film optó por pulverizar a los
personajes principales y reconvirtió la mecánica
al servicio de un film de acción que sirviera
como vehículo para Tom Cruise).
Y ese es el gran problema de The Avengers : the
movie. Sin duda, Steed y Peel son fruto de los 60.
Representarlos tal cual no tiene sentido en los 90.
Especialmente si no se trata de McNee y de Rigg. Pero
sin ellos, y sin Brian Clemens en el libreto, ya comenzamos
mal. Como dijimos antes, parte del éxito de la
serie se basaba en la química entre los protagonistas
que funcionaba como un matrimonio real : parlanchines,
bromistas, y con picardía. Pero Ralph Fiennes
es un sonámbulo en su papel, amén de que
Uma Thurman no exhibe la excentricidad propia que daba
Diana Rigg.
The Avengers es un film mal concebido; la serie
lidiaba con argumentos rayanos en el delirio, pero había
un proceso investigativo - aunque fuera básico
-, y el público no sabía bien hacia donde
perfilaba. En cambio, en la película el villano
es evidente desde el vamos, además de que el objetivo
- una máquina que controla el tiempo - es algo
desgastado que han usado en muchos otros filmes (por ejemplo,
en Our Man Flint).
La dupla de agentes sólo va y viene desde el Ministerio
a la mansión de De Wynter, y el villano en ningún
momento intenta camuflar sus intenciones. Y, en el medio,
los diálogos y situaciones rozan lo soporífero,
amén de que Fiennes y Thurman no hacen click en
lo romántico, y su sentido de camaradería
es forzado. Pero el director se anima a exponerlos como
falsamente apasionados el uno por el otro, e incluso se
besan - cosa que jamás pasó en la serie
-. Pienso que un matrimonio real - por ejemplo, Kenneth
Brannagh y Emma Thompson, antes de separarse - hubieran
destilado mucho más encanto que la gelidez de los
dos actores principales. No solo entregan líneas
de modo soso, sino que todo lo chic y excéntrico
que tenían los personajes parece forzado, falso
y banal.
Pero, además, está el problema del enfoque
del director. Chechik filma linea a linea un argumento
que está plagado de escenas desconectadas, y
no lo corrige en absoluto. Por supuesto, el film tiene
muy buenas imágenes y algunas secuencias inspiradas
- el ataque de las abejas mecánicas, la oficina
de venta de climas, la reunión de secuaces vestidos
con trajes gigantes de oso -, pero la mayoría
parecen desligadas de lo que realmente está pasando.
No tiene coherencia con el resto. Steed y Peel van y
vienen de la mansión de De Wynter, y siempre
hay un atentado. Y, lo que es peor, es que no hay otros
personajes en la trama - deberían interrogar
a más gente, investigar mas, complicar un poco
la trama -. Se suma a eso que Chechik, creyéndose
creativo, poda totalmente de gente (siquiera extras)
las escenas. Hay imágenes de un Londres vacío,
de mansiones vacias, de rutas vacías...y si la
intención era dar un aire fantástico,
lo que consigue es todo lo contrario. Es un clima opresivo
y extraño, porque a falta de más gente,
la pantalla se centra aún más sobre los
protagonistas que no son, en ningún caso, interesantes.
Y, por si fuera poco, como diría Roger Ebert,
se suma la falacia de las organizaciones criminales
cinematográficas : parece que toda organización
del mal - mafiosa, terrorista, etc - parece que se compone
de un jefe y uno o dos secuaces. En este caso Connery
y un par de tipos salidos de The Clockwork Orange.
Ni siquiera el carisma del escocés salva la
partida. Connery metió mano en el guión
para sus escenas, y ciertamente anima un poco la pantalla,
pero terminan desplomándose con la chatura general
de todo el film. Quizás si The Avengers
hubiera tomado el camino de la auto parodia, o definitvamente
decantándose por una comedia, los resultados
hubieran sido mucho mejores. Pero ni el productor ni
el director ni, mucho menos, el guionista, parecen haber
captado el espíritu de Steed y Peel, y han cometido
un suicidio cinematográfico.
Es una lástima que el film no haya funcionado.
Steed y Peel son personajes fascinantes que viven en
un universo muy especial, y que con mayor talento podrían
haberse transplantado exitosamente a los tiempos modernos.
En tanta rutina cinematográfica de hoy en dia,
podrían haber aportado una cuota de delirio necesaria
para evitar el declive actual de calidad, donde hoy
por hoy todos los filmes de acción resultan ser
clones con cada vez menor cantidad de diferencias. |