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Esta es la esperada adaptación para la
pantalla grande de la serie de TV de culto Get
Smart (1965 - 70). En Norteamérica (así como en
numerosas partes del mundo, y al igual que otros clásicos como
Star Trek),
ganó mayor popularidad en sus continuas reemisiones que cuando
estaba originalmente en el aire. En el caso del Rio de la Plata, el
SuperAgente 86 siempre fue un favorito del público
y generaciones enteras crecieron disfrutando su humor absurdo.
Ya hemos comentado la historia de la serie
de TV en el apartado
correspondiente. Get Smart es otro hijo de
la Bondmanía de los años 60, donde la fiebre
del género de espías estaba en auge. Pero en los últimos
años, con la falta de ideas de Hollywood, comenzó
a prosperar la moda de las remakes de series clásicas
de televisión, y el proyecto de revivir a Maxwell Smart entró
en la agenda. Ciertamente el intento anterior en los ochentas -
La Bomba que Desnuda, con el protagónico
de Don Adams - había sido una abominacion sideral; y viendo
en los créditos a guionistas como Tom J. Astle y Matt Ember
- cuyo mayor mérito fue escribir Failure to Launch
(2006) -, uno podría esperar que el nuevo film fuera un desastre
de proporciones bíblicas.
Las buenas noticias son que El Super
Agente 86 (2008) es un film mucho mejor de lo que uno podría
esperar. Ciertamente la historia es pura rutina Bond - organización
del mal con poder atómico para volar medio planeta -, y el
encadenamiento de los pasos de la investigación son bastante
traídos de los pelos, pero no es lo que interesa aquí.
Lo que realmente importa es ver qué han hecho con estos personajes
tan queribles de nuestra juventud, y fundamentalmente si han mantenido
la identidad y la gracia sin ser un calco o la repetición
de chistes de la tira televisiva.
Por allí pasan sus defectos y también
sus virtudes. Realmente el Maxwell Smart de Steve Carell no es un
clon de Don Adams, pero bien puede funcionar como un primo cercano.
Inteligentemente Carell no imita a Adams, sino que le da su propia
impronta, pero el personaje aún conserva rasgos que mantienen
su identidad. Mientras que Adams disparaba los diálogos como
un maniático, Carell es mucho más reprimido para despachar
las frases. Si Adams era un necio peleado con la tecnología,
Carell es ahora un nerd analítico que sabe pelear y disparar
pero que sigue sin comprender cómo funciona el mundo. Este
Maxwell Smart es ahora un burócrata totalmente perdido en
el universo que existe fuera de su escritorio de oficina; y en muchos
casos es sorprendido en su propia ingenuidad, tal como era el personaje
de Steve Carell en su anterior opus Virgen a los 40.
Y sigue siendo tan burro como siempre, como
la formidable escena en el baño del avión o los cruces
con 99, que son formidablemente graciosos. Donde hay algunos problemas
es con los clichés de la serie - la mitad de las veces en
que se usan las frases clásicas de Don Adams como "fallé
por un poquitito" o "me creería si le dijera..."
erran el tiro; incluso toda la secuencia del clásico cono
del silencio (que ahora es cibernético y sigue igual de ineficiente)
es fallida -. Pero por otro lado Carell tiene suficiente gracia
propia para sobrellevar los baches y llevar el film adelante con
mucho humor. Además el director Peter Segal ha hecho un cuidadoso
trabajo de reconstrucción e identidad para los fans; desde
mantener la música y los títulos de la serie, pasando
por el museo de CONTROL - que conserva el traje, el zapatófono
y el Sunbeam rojo que usaba Don Adams, y que Carell
utiliza en el film - hasta el cameo de Bernie Kopell (el Siegfried
original) y denominar Aerolineas Yarmy (el apellido original
de Adams) a una línea aérea en la que vuelan los agentes.
Pero si Maxwell Smart sigue manteniendo bastante
de su linaje, el resto de los personajes no tienen la misma suerte.
Lo cual no necesariamente significa un mal cambio. El más
obvio es el de la agente 99, que en la serie era una chica ingenua
y con un cheque en blanco permanente para las locuras de Smart,
y que ahora es una recia espía que apenas tolera a 86. La
química funciona realmente distinta, más parecida
a la teniente Doreau con el policía loco de Sledge
Hammer (otra serie de TV que retomaba perfectamente la
fórmula de Get Smart pero en tono de sátira
al género policial) que a otra cosa. Esta 99 es una mujer
del nuevo milenio, independiente e inteligente, y que se encuentra
constantemente desaprobando las pifias de Max. El otro personaje
de peso es el Jefe; pero Alan Arkin tiene pocos momentos para lucir
su gracia, ya que el papel es bastante limitado y lo poco que hay
se parece poco y nada al perfil que había desarrollado Edward
Platt. Están también Larabee (donde David Koechner
se luce, pero el personaje es ahora un fanfarrón pedante),
y un cameo de Patrick Walburton como Hymie que podría haber
sido mejor.
Con lo cual la mayoría de los personajes
conservan el nombre pero no sus personalidades; y las nuevas que
el guión les asigna son graciosas pero funcionan de un modo
diferente. Quizás el mayor error del film - desde el punto
de vista de la nostalgia - es el personaje de Siegfried, que ha
sido totalmente castrado. En la serie era charlatan, torpe y tan
necio como Max; aquí el rol va a parar a Terence Stamp, que
definitivamente no es un actor de comedia (aunque ha participado
en varias como La Hija de mi Jefe o La
Mansion Embrujada). Hay un par de entregas de Stamp que
demuestran el potencial del nuevo perfil pensado para el personaje
- un tipo malo, realmente malo, cinico e intolerante -, pero el
libreto no se encarga de expandirlo. Su duo con Shtarker debería
funcionar como Pierre Nodoyuna y Patan de Los Autos Locos,
pero aquí parecen Patan con el Emperador Palpatine de Star
Wars.
El SuperAgente 86 es una
muy buena comedia y una gran adaptación de la serie en sus
propios términos. Es un aggiornamiento de la idea
que funciona mayormente bien. El elenco es ideal (salvo Stamp) y
tiene unos momentos de tontería sideral que son realmente
graciosos; pero fundamentalmente mantiene un buen ritmo de manera
que uno siempre esté entretenido (y que un gag fallido sea
rápidamente sepultado por uno nuevo). Tiene lo suficiente
de nostalgia para los fans, y mucha gracia de situaciones nuevas
como para seducir a las nuevas generaciones.
4 CONNERYS : Regreso
de Maxwell Smart con gloria. Steve Carell es perfecto para el papel,
aunque el rol es algo diferente que la serie. El resto de los personajes
tiene sus personalidades cambiadas, pero las nuevas siguen siendo
graciosas. Sin ser memorable, es un gran y grato entretenimiento. |
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