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Ya hemos hablado del legendario luchador mexicano Santo,
el enmascarado de plata, cuando hicimos su referencia
en Santo
y Blue Demon contra Dracula y el Hombre Lobo en nuestro
portal de cine fantástico Arlequin.
La enorme popularidad del Santo impulsó una larguísima
carrera cinematográfica - desde 1961 hasta 1982
-, rodando hasta 4 o 5 filmes por año.
En el celuloide, el Santo fue lo más parecido
a un superhéroe a la latinoamericana, muy al
estilo de Batman.
La diferencia es que sus adversarios solían caer
en el terreno de lo fantástico, donde el luchador
se enfrentaba a marcianos, momias, vampiros y hombres
lobo. Orientado a un público mayormente infantil
(o pre adolescente), eran aventuras realmente entretenidas
y coloridas. Fuera por la acción, lo delirante
de sus argumentos o lo bizarro de sus valores de producción,
es muy raro que uno se aburra con un filme del Santo.
El caso que nos ocupa es bastante singular. En Operación
67, el Santo se aleja de combatir alienígenas
y demonios, y entra a jugar a lo James Bond. Lo que
sorprende del filme, es que es bastante adulto - lo
que no significa que sea serio -. Hay bastantes muertes
en primer plano, y hay un par de desnudos sorpresivos
(gratuitos, como deben ser!), los que parecen
estar puestos adrede para subir la calificación
de la película.
Es interesante notar como todas las corrientes del sesenta
confluyen. Operación 67 podría ser
perfectamente una adaptación políticamente
correcta de las aventuras de Kiling
si el villano tuviera una máscara. Tenemos a otro
enmascarado, muchas mujeres pulposas ligeras de ropas,
y bastante violencia. Pero además de todos esos
condimentos pulp, la dirección es más
que potable. Los Cardona (padre e hijo) dirigen el delirio
con bastante estilo. Por ejemplo, el robo inicial de las
matrices de los billetes está montado con bastante
sofisticación - no hay diálogos; los villanos
montan una camioneta similar a la que transporta las placas,
y se ubican detrás de la original; se hace la copia
en plena ruta y se sustituye el original por las placas
falsas; las matrices salen del país en una maleta
nagnética adosada al fondo de un barco -, y los
diálogos no lastiman los oídos. Las mujeres
son bien abundantes - como era lo usual en aquella época
- y recrean la vista. Y si a eso le sumamos que hay acción
cada dos minutos - rodada con buena calidad -, es imposible
no entretenerse. Después del robo hay un strip
tease, una pelea, una persecución, otra pelea,
otra persecución... y así todo el filme.
¿El argumento?. Bien, gracias. Si uno puede
achacarle algo al guión, es que no hace el más
mínimo esfuerzo de desarrollar algún tipo
de trama. Caería dentro de los argumentos que yo
llamaría "portación de cara":
el Santo es considerado una amenaza para la organización
e intentan eliminarlo, aún cuando el tipo ni siquiera
empezó a investigar. Al final los asesinos lo llevan
a las puertas de su guarida secreta para intentar emboscarlo.
Sí, estos criminales son realmente ineptos - si
no hubieran hecho nada, seguirían despachando billetes
falsos hasta el día de hoy -, pero ¿a
quién le importa?.
Además de las mujeres abundantes está
Jorge Rivero para deleite de la audiencia femenina.
El tipo tiene toda la pinta, un físico formidable,
actúa de manera decente y encima es wrestler.
En smoking es una perfecta versión a la mexicana
de James Bond. Aquí lo ponen de compañero
del Santo, simplemente porque a él le toca matar
a los esbirros - el Santo sólo los noquea - y
porque le corresponde a alguien una cuota de escenas
de cama. Rivero probaría suerte en Hollywood
en algunos papeles menores (apareció en Río
Lobo con John Wayne y también en la miniserie
Centennial), sin demasiado éxito. Pero
acá es un sólido co-protagonista y le
toca en suerte su propia ración de acrobacias.
Huye de un avión que le dispara en un deportivo,
enamora a la asesina de turno, se pelea en las profundidades
con hombres rana; y por el otro lado el Santo trepa
edificios enteros a mano desnuda, se trompea con decenas
de secuaces, y se despacha con un Jaguar clase E
cargado de gadgets. Como se puede ver, no hay
película de 007 que haya quedado virgen a la
hora de birlar secuencias de acción - desde Goldfinger
y Operación Trueno hasta
Solo se Vive Dos Veces -. Mientras
que usualmente esto suele ser irritante - otros imitadores
han calcado plano por plano dichas escenas -, aquí
está filmado con bastante nervio y talento como
para resultar interesante y original en sus propios
términos. Podría equipararse a las mejores
aventuras de euroespías de aquel entonces.
El Santo en Operación 67 es delirio y
diversión con un seudo tono adulto. No hay nada
ridículo en el libreto - simplemente es lineal
y demasiado sencillo -, pero es una excusa válida
para ver una escena de acción tras otra. Obviamente
a nadie en este planeta se le ocurriría poner
de agente secreto al luchador más conocido de
México, pero en este universo no existe la lógica.
Aquí simplemente son buenos impolutos contra
villanos retorcidos en una batalla constante e intensa.
Y si hay algo que lamentar, es que la película
deja una puerta abierta para continuar la aventura en
posibles secuelas, algo que lamentablemente no ocurrió.
4 CONNERYS : Una deliciosa aventura
pulp con el Santo jugando a ser James Bond. Gadgets,
asesinas sensuales, hermosas locaciones, y numerosas
persecuciones y peleas filmadas con talento. El guión
no ganará un Oscar, pero no hay ni un solo momento
aburrido en toda la película. |
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