AQN – Critica: Pulgasari (1985)

Pulgasari (1985): un monstruo gigante defiende a un pueblo de su despotico rey, en este kaiju eiga producido en Corea del Norte. Critica de la pelicula

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    Critica: PULGASARI (BULGASARI)

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Corea del Norte, 1985 : Chang Son Hui (Ami), Ham Gi Sop (Inde), Jong-uk Ri (Ana), Gwon Ri (padre de Ami), Gyong-ae Yu (madre de Inde), Hye-chol Ro (hermano de Inde), Yong-hok Pak (rey)

Director – Chong Gon Jo & Sang-ok Shin, Guión – Se Ryun Kim

Trama: Taksae es un viejo herrero que es presionado por el rey para que fabrique armas para su ejército. Pero, debido a la escasez de hierro, los militares han decomisado las herramientas de arado para ser fundidas y convertidas en espadas y escudos. Taksae descubre la injusticia y regresa los instrumentos de trabajo a los campesinos, pero es torturado hasta la muerte por el rey. Antes de morir, Taksae le entrega un muñeco hecho con arroz a su hija Ami, y le dice que el mismo contiene el espíritu de un monstruo vengador de la injusticias. La criatura – de nombre Pulgasari – comienza a crecer, alimentándose de metal y llega a tener proporciones gigantescas. Ahora Pulgasari se han transformado en el guardián del pueblo, y deberá enfrentarse con las fuerzas del ejército real, las que quieren subyuzgar a los campesinos.

    trailer de Pulgasari  

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  Pulgasari Tengo una pequeña historia para contarles. Resulta que había una vez un prolífico productor y director surcoreano – Shin Sang-ok, conocido como el principe del cine en Corea del Sur, y responsable de 300 filmes durante la década del 60 -, que en los años 70 venía en declive, fundamentalmente debido a la censura de la dictadura de derecha instalada en su país. Para colmo su matrimonio con la actriz Choi Eun-hee no iba bien, y en 1978 se estaban divorciando. Pero en ese entonces Choi Eun-hee viajó a Hong Kong para hacer una gira publicitaria y, de pronto, desapareció de la faz de la tierra. Al enterarse, Shin Sang-ok viajó a investigar… y ¡ups!, corrió la misma suerte que su ex esposa. Resulta que había otro dictador coreano – esta vez, del norte: Kim Jong-il, el horrendo tipejo al que Trey Parker y Matt Stone le sacaron mano en Team America: World Police (2004) – que tenía envidia, mucha envidia de la industria cinematográfica surcoreana y decidió secuestrar a la pareja, llevándoselos a Pyongyang y poniéndolos en una mansión de lujo… pero con sus libertades restringidas. Al parecer Kim Jong-il (que en esa época aún no era dictador y estaba a la sombra de su padre) era un cinéfilo compulsivo y quería que Shin Sang-ok le ayudara a formar una incipiente cinematografía norcoreana. Sang-ok le dió el ok (chistonto!) y procedió a hacer mutis por la derecha, pero los militares norcoreanos lo atraparon antes de poder salir del país, y lo metieron en prisión. Mientras tanto al tipo lo presionaron de tal forma que terminaría admitiendo su ingreso “voluntario” a la República Popular de Corea del Norte, y para que no queden dudas de su libre albedrío, lo grabaron conversando del tema con el mismo Kim Jong-il. Después de 5 años de cautiverio, Shin Sang-ok volvió a ver la luz, y tuvo que empezar a rodar filmes para el régimen. Recién en 1986, Shin Sang-ok y su esposa podrían escapar del cerco norcoreano durante una gira por Europa Central y terminarían siendo asilados en Estados Unidos.

Durante su etapa norcoreana, Shin Sang-ok tuvo que dar el visto bueno a engendros como Pulgasari, un proyecto personal del petit dictador oriental. Al parecer el tipo quería tener su versión local de Godzilla – después de todo, los surcoreanos habían desarrollado una propia con Yonggary (1967) -, y procedió a depredar los lineamientos del clásico japonés Daimajin (1966). Aquí hay un rey tirano, campesinos indefensos, y un guardián divino que los protege. A diferencia de Daimajin, el guardián no es un dios preexistente sino un homúnculo – un muñeco al que le dieron vida – que se alimenta de metal y crece a una velocidad asombrosa. El tema es que el bicho arrasa con el ejército subyugante pero sigue devorando hierro… y llega un punto en que ya no queda nada con que alimentar a semejante criatura de varias decenas de metro de alto. Como se ha notado, Pulgasari viene a ser una versión alegórica del capitalismo de la posguerra – en su momento resultó necesario para que el pueblo sobreviva, pero después termina por someterlos -. Incluso un personaje razona en un determinado momento: “si no lo alimentamos se enfurece; y para darle de comer, en un punto tendremos que invadir y rapiñar otros pueblos y naciones”. Como el bicho se mueve por la energía espiritual de la hija del creador, la chica decide sacrificarse y a Pulgasari se le apaga la pila. Chin pum, este cuento se ha acabado.

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En sí la historia no estaría tan mal sino fuera porque la puesta en escena bordea lo patético. Esta es una épica montada íntegramente en un estudio de televisión (imagino la guardia militar custodiando el set, como para que actores y técnicos no puedan escaparse), plagada de malos diálogos y pésimas actuaciones. Hay toda una subtrama con el amado de la chica, que resulta ser el revolucionario del pueblo, y que no tiene mucho sentido en el grueso de la historia. Pero lo peor de todo es el bicho, que es un hibrido entre gato panzón y toro, y que tiene un diseño execrable. Ni siquiera se respetan demasiado las proporciones a lo largo del filme (a veces es más grande, otras veces más chico) y, aún cuando importaron al equipo técnico que rodaba los filmes de Godzilla de aquel entonces (el mismo japonés que interpretaba a la gran G terminó enfundado en el traje de goma de Pulgasari), los FX se ven tremendamente berretas. Por ejemplo, una multitud corre al lado del monstruo y se nota que es una proyección trasera muy mal hecha. En los primeros planos la criatura es un pedazo de goma inexpresivo y se mueve de manera muy torpe. Y por momentos Pulgasari se comporta como una versión deforme de un teletubbie, en especial cuando salva al chico revolucionario de una segura decapitación (que es una escena sideralmente ridícula, con el bicho mordiéndole la espada al verdugo!).

Pulgasari es un monumento a la mediocridad empapado en pretensiones. Pretende ser tanto fábula moral como alegoría anticapitalista, pero el resultado es incierto – piensen:si Pulgasari es el capitalismo, ¿el ejército y el Rey son el comunismo?; si el pueblo es el comunismo, Pulgasari el capitalismo… ¿el Rey quién es? -. Si uno lo acepta como fantasía es medianamente pasable hasta que ve el mamotreto de goma en pantalla y termina por agarrarse la cabeza.

   

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