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La caída del muro de Berlín dejó
malherido al género del espionaje pero aún
hoy en día, con algo de ingenio, se pueden
encontrar escenarios interesantes en donde cocinar
alguna intriga que otra. En el caso de Página
Ocho, el ámbito pasa por las relaciones
domésticas entre el gobierno (inglés,
en este caso) y las agencias de inteligencia correspondientes,
vinculos que no siempre poseen la transparencia
que deberían tener. El resultado final es
un thriller muy diálogado, cerebral
y demandante, pero muy satisfactorio en más
de un aspecto.
Página Ocho es un telefilme
de la BBC - impulsado por
el propio Bill Nighy - y es lógico
que así sea. Acá no hay disparos
ni persecuciones y la acción se reduce
a pirotecnia verbal, lo cual no lo convierte en
un filme muy atractivo para el circuito standard
de cines. La gracia detrás del proyecto
es David Hare - guionista de Las Horas
y The Reader -,
quien armó la historia, la dirigió
y se animó a convocar a grandes talentos
británicos, quienes aportaron su oficio
por un cachet nominal. Aquí hay un elenco
de lujo - Rachel Weisz, Michael Gambon, Alice
Krige, Ralph Fiennes, Judy Davis -, los que
enriquecen el resultado final del producto.
Ciertamente la historia es algo compleja de seguir,
y a uno le da la impresión que las repercusiones
de la revelación - que el primer ministro
británico conocía la existencia
de torturas en cárceles ilegales norteamericanas
en donde hay miles de sospechosos acusados de
terrorismo, y que el mismo se negó a compartir
dicha información con el resto del gobierno
- están algo infladas de más (¡cómo
se nota que nada de esto ocurre en Argentina!).
Por contra, donde radica la verdadera gracia de
la historia es en los personajes y en las perfomances.
Toda esta gente es muy inteligente, habla de manera
muy pintoresca e informal, y se desenvuelve con
una gran naturalidad. Todos los actores son excelentes
pero las palmas se las lleva Bill Nighy que -
oh, milagro! - no sobreactúa sino
que da una perfomance extremadamente medida y
correcta. Aquí Nighy es un analista que
comienza a descubrir pequeños detalles
hasta dar con la verdad oculta... y que luego
se encuentra en un brete de cómo manejarla.
En todo momento Nighy destila carisma, seguridad,
confidencia, inteligencia, manejándose
con una soltura y con una claridad de rumbo que
resulta asombrosa. Cuando resulta obvio que se
trata de una conspiración comienza a tomar
todos los recaudos correspondientes - cambiando
de auto y de celular, obteniendo rápidamente
abundante dinero fresco, dejando de frecuentar
su lugares habituales - y sale a confrontar
a sus perseguidores cara a cara. En el medio hay
toda una sarta de detalles que terminan siendo
anecdóticos, aún cuando al principio
amenazaban con aportar algo más substancial
a la historia - el ataque fatal al corazón
de su amigo, quien resulta estar casado con una
de las ex esposas de Nighy; el embarazo de la
hija de Nighy, que es un adorno del libreto; la
sospechosa nueva vecina de Nighy, cuyo hermano
fue asesinado en Medio Oriente (y cuyo único
propósito es darle algo de utilidad al
sacrificio que debe hacer el protagonista)
-, pero que uno termina disfrutando ya que los
diálogos son muy buenos.
Pero la sensación que termina dando Página
Ocho es que el climax no se condice con
la calidad de los personajes ni con las expectativas
de la historia. Ok, todo tiene un enfoque estrictamente
realista, pero en intrigas como ésta uno
espera que el villano (o el corrupto) de turno
termine por pagar algún precio, o que se
reestablezca de algún modo el equilibrio
de la justicia que fue roto al principio. Por
contra, la resolución tiene algo de decepcionante
y uno termina concluyendo que el personaje de
Rachel Weisz sólo fue inventado para darle
unas grageas de optimismo a un final bastante
inerte.
Pagina Ocho es un lindo thriller
de espionaje. Es inteligente y sólido,
aunque al final no termine siendo satisfactorio
en un sentido tradicional. Pero, para pasar una
hora y media con un gran elenco y una historia
con dos dedos de frente, es más que recomendable.
4 CONNERYS : Gran historia,
excelentes diálogos, grandes perfomances.
El tercer acto tiene sus problemas, simplemente
porque no es satisfactorio. Pero el resto tiene
tanta calidad que uno termina por perdonar el
remate de la historia. |