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A mi entender, la decada del 60 (y la primera mitad de
los 70) constituyen los años más importantes
de toda la historia cinematográfica.
Es bastante comprensible; fue un período revolucionario
para el mundo entero, y especialmente para Norteamérica.
007, The Beatles, los hippies y el Flower Power,
la guerra de Vietnam, las muertes de John Fitzgerald
Kennedy y Bobby Kennedy, Malcom X y Martin Luther King,
Hoover en pleno apogeo de poder en el FBI, el Watergate,
Andy Warhol y el auge del Pop, la guerra fría
... muchos cambios políticos, culturales y sociales.
Todo eso generará una oleada de grandes films
de la historia, tratando sobre esta realidad, o por
el contrario, inventando universos imaginarios, aunque
sea por escapismo a dicha realidad. Es la era de The
Godfather, The French Connection, 2001,
Patton, Hair, Jesus Christ Superstar
... o cosas mucho más livianas - e inolvidables
- como los filmes de 007, las comedias de Doris Day,
Bullit, The Planet of The Apes, Jaws,
The Sting, ... hasta cerrar el ciclo con Star
Wars (1977)
Pero son los 60 los que me resultan particularmente interesantes.
Cuando eran años previos a la depresión
de Vietnam (a fines de los 60 aún parecía
que se podía ganar la guerra; y aún parecía
ser una guerra normal), cuando la TV aún
no había empezado a mostrar desgarradoras imágenes
de las carnicerías que se hacían en el otro
lado del mundo en pos de ideologías estúpidas.
Era ciertamente una época muy naif, años
de ingenuidad, de cultura Pop colorinche y de humor
Camp, que quizás se simbolicen como nunca
en la serie televisiva Batman.
Esto viene a cuento para ubicar en qué escenario
aparece la Bondmanía en 1964, tras el estreno
de Goldfinger. Una observación
interesante es que puede decirse que los filmes Bond
de los 60 son atemporales, guiados por el buen gusto
y con cierto clasicismo en cuanto a modas, escenarios
y argumentos. Vale decir, resisten bastante bien al
paso del tiempo. Pero como suele pasar, un éxito
en cine implica una moda, y la moda implica una horda
de hijos bastardos que salen con menor presupuesto a
intentar participar en un pedazo (aunque sea mínimo)
de la misma torta. Continuando con nuestra observación,
estos hijos bastardos no poseen un estilo refinado como
el de 007, sino por el contrario, parecen más
influenciados por la sicodelia Pop de Batman.
Tanto los decorados, ropas, argumentos, colores ...
se ven - en la mayoría de los casos - excesivamente
kitsch, y con una caducidad de corto plazo. Ver
hoy a un imitador de 007 de los 60 - al cual los años
le han sentado mal - es similar a ver una película
de propaganda de la segunda guerra mundial, a una película
de surfistas en la playa de los 60, o a una película
de asesino serial con hacha o cuchillo de los 80. Se
ve demasiado antiguo, una reliquia de su tiempo. Como
si alquiláramos Saturday Night Fever el
dia de hoy. Está pasado de moda.
Esa galería de hijos bastardos fue excesivamente
abundante. Nunca fué igualado por otra moda cinematográfica.
Si en los 70 salieron copias bastardas de Star Wars,
en los 80 de Tonys Maneros, asesinos seriales
y Rambos y en los 90 de Terminators, todos
juntos no alcanzarían a cubrir la cantidad de
películas de espías que se disparó
en los 60 a la sombra de Goldfinger. Coproducciones
europeas en su mayor parte, con presupuestos medianos
o inexistentes, con argumentos descerebrados en su mayoría.
Desde el agente OSS, pasando por la adaptación
del comic Fantomas en Francia a la 007, o con
parodias - especialmente en Italia - como las de Lando
Buzzanca, Franchi e Ingrassia, el mismo Vittorio Gassman
... Sin contar al cine y la TV americanos, que produjeron
sus Matt Helms, Napoleón Solo, Kelly Robinson
& Alexander Scott, Maxwell Smart ... y un largo
etcétera, donde solo un puñado sobrevivirían
y aportarían algo de interés a un género
que se desplomaría por el peso de la saturación
en 1970, coincidiendo con la partida de Connery del
rol, y la tibia respuesta del público a On
Her Majesty Secret Service. Donde parecía
que el cine de super espías estaba por pasar
a mejor vida.
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Pero cuando aún las cosas eran frescas (en 1966),
entre toda esa muchedumbre, surgió un film que
puede considerarse como el modelo de parodia Bond, que
incluso muchos imitadores intentarían copiar. Es
el caso de Our Man Flint.
Siglos antes de que naciera Austin
Powers, hubo un super agente que se tomaba a sí
mismo en solfa. En vez de copiar paso por paso y recitar
maquinalmente la rutina 007, Flint opta por el camino
inverso : busca crear su propia mitología. Más
que a James Bond, Flint sigue los pasos del comic Doc
Savage : es un héroe retirado, millonario,
de impresionantes habilidades físicas e intelecto
superior. Es ridículamente perfecto. A
diferencia de Savage, no está rodeado
de mentes científicas brillantes (¿para
qué, si el mismo basta y sobra?). Y por contra
con el Hombre de Bronce, no es un buen samaritano
que se preocupa por la humanidad sino un remarcable
cretino que vive rodeado de mujeres y sólo piensa
en su bienestar. Y que deberá aceptar una misión
cuando su vida esté en peligro, a pesar de no
haber tomado el trabajo. Pero es un cretino encantador.
Muchos imitadores de comedia de la época siguieron
la mitología Flint sin éxito. La causa
fundamental radicaba en el casting y seguía por
el argumento : James Coburn era un gran actor con carisma
de sobra para el personaje, y tenía una química
impresionante con Lee J. Cobb que hacía de Lloyd
Cramdem - su jefe en ZOWIE - . Pero además,
tenían de base un script que disparaba
decenas de dardos sobre 007. No sólo en el film
hay muchas menciones indirectas (0008; el sosías
de Connery que se encuentra con Flint en Marsella -
que incluye cejas gruesas y peluquín - ; referencias
a SPECTRE), sino que Flint hacía 10 veces
mejor cualquier cosa que Bond pudiera hacer. Y una diferencia
fundamental es que Flint es expeditivo sin armas, o
confía en las que él mismo construye.
La secuencia en que Cramdem intenta entregarle un maletín
trucado y una pistola - similar equipamento al de 007
en From Russia With Love - es
de antología. Coburn le responde : "No
es necesario, tengo mi propio encendedor. 82 usos letales,
83 si lo utiliza para prender un cigarrillo";
culminando con el rechazo del arma, ya que él
es más rapido con una cerbatana que usa dardos
con curare. Cuando le dispara un dardo a una mosca en
menos de dos segundos, la platea aplaude de pie.
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Our Man Flint es un film deliciosamente ridículo.
Pero no ridículo por ser malo, sino que posee
una gran calidad. Su ridiculez es intencional - Flint
es sobrehumano - . Al contrario de los filmes de Matt
Helm - que son atrocidades cinematográficas
graciosas por su nivel de amateurismo -, Our Man
Flint es una satira brillante y que, incluso, cuenta
con un presupuesto que compite - si no es que supera
- a los del mismo 007. Siempre cuento lo mismo : Flint
destruye una isla antes que 007 lo haga en You
Only Live Twice. Flint va al espacio antes de que
Bond lo hiciera. Imagino la impresionante presión
que debía pesar sobre Saltzman y Broccoli al
ver un film como este, compitiendo cabeza a cabeza en
el mismo nicho que ellos habían descubierto.
Los americanos tienen una expresión para ciertos
films y los llaman de culto. Un film de culto
no solo contiene escenas que serán imitadas,
sino contiene parlamentos que todo el mundo - aun con
una única visión de la película
- sabe de memoria. Son cintas que tienen algo más
que invitan a verlas y re-verlas una y otra vez. Son
películas que poseen un magnetismo especial y
que todo el mundo recuerda con afecto. Y Our Man
Flint es definitivamente un film de culto : si bien
el argumento básico es rutinario (amenaza mundial,
super agente al rescate), es en el desarrollo donde
posee sus puntos mas fuertes. Sorprende a cada rato,
especialmente con las salidas extremas que hace Coburn.
Conectando a Cobb a la corriente eléctrica como
un fibrilador humano para salvar a un moribundo (!);
analizando instantáneamente un dardo envenenado
y descubriendo que posee rastros de bouillabaisse
- una sopa del sur de Francia que es la que tomaba el
asesino que preparó el dardo -; disfrazándose
de hindú en un cabaret de mala muerte; descansando
más antes de una misión si paraliza su
corazón; transmitiendo mensajes secretos con
su propia clave basada en las medidas de las mujeres;
siendo perseguido por aguilas anti norteamericanas;
o haciendo acrobacias inimaginables (también
merece mencionarse la participación de Cobb,
especialmente su acoso por parte del teléfono
presidencial - ese con la tonada inconfundible que popularizara
Austin Powers años después -).
Y, pensando en la platea, Flint no es especialmente
sangriento - cuando despacha al asesino nazi Gruber
en el restaurant, lo hace tras bambalinas - pero sí
expeditivo. La acción en el film pasa por lo
físico antes que en persecuciones o tiroteos.
Como mencionábamos al principio, la estética
del film es extremadamente Pop. Esto es evidente
especialmente cuando Flint llega a la isla Galaxy. Los
decorados son impresionantes - aun cuando en bastantes
casos se notan las pinturas Matté y las
imagenes superpuestas, por no mencionar las miniaturas
demasiado obvias - así como la secuencia final
con la voladura de la isla. Y algunas de sus ideas son
naif propias de los 60, como los científicos construyendo
una sociedad perfecta - pero que requieren de las drogas
y la hipnosis para comandarla -, libre de la guerra y
de la política.
Coburn y Cobb se llevan las palmas y aplausos, y en
el casting destaca un joven (y ponzoñoso) Edward
Mulhare años antes de The Knight Rider.
Y sin lugar a dudas, es imposible olvidar a la impresionante
partitura de Jerry Goldsmith, pegadiza como ninguna,
y arreglada durante todo el film según la situación
como rock, tango, vals, etc. Y especialmente efectiva
en las secuencias de acción.
Un clásico de culto, sin duda alguna. Es una
lástima que la secuela fuera algo opaca, y decidieran
archivar una tercera entrega (The Bride of Flint).
Después se resucitaría al personaje en
una oscura (y perdida) película para TV con Ray
Danton, pero descarnada del humor que lo hizo famoso.
Quizás en algún momento de lucidez - entre
tantos idiotas con dinero que pululan en Hollywood
- sea posible acceder a una remake. El personaje (y
el público) se lo merece. El tema es ver quién
se calza los zapatos de Coburn.
5 CONNERYS : Un clásico de
culto, con situaciones disparatadas e interpretaciones
de James Coburn y Lee J. Cobb para la antología.
La música de Jerry Goldsmith es soberbia. Un
film soberbio que demuestra cómo se puede hacer
un film de espías mas allá de 007.
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