AQN – Critica: Cuando los Mundos Chocan (When Worlds Collide) (1951)

Cuando los Mundos Chocan (1951): un clasico de George Pal acerca de la colisión de un planeta contra la Tierra. Critica del film

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    Critica: WHEN WORLDS COLLIDE

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1951 : Richard Derr (Dave Randall), Barbara Rush (Joyce Hendron), Larry Keating (Dr Hendron), Peter Hanson (Tony Drake), John Hoyt (Sydney Stanton)

Director – Rudolf Mate, Guión – Sydney Boehm, basado en la novela de Edwin Balmer & Philip Wylie, Musica – Leith Stevens

Trama: El piloto aéreo Dave Randall transporta un mensaje secreto desde un observatorio de Sudáfrica a las manos del astrónomo Hendron en Estados Unidos. Allí, Hendron confirma los cálculos de los científicos sudafricanos: que dos planetas, Bellus y Zyra, se aproximan a gran velocidad a la Tierra. El paso de Zyra será demasiado cerca y provocará numerosos maremotos y desastres naturales, pero la trayectoria de Bellus es de impacto directo con nuestro planeta. Hendron intenta advertir al mundo en una asamblea de las Naciones Unidas, pero sus teorías son descartadas. Con financiamiento privado comienza a construir una nave espacial – una nueva arca de Noe – que permita llevar un puñado de humanos hasta Zyra, la que se cree es habitable. Pero los vaticinios resultan correctos, y la humanidad se encuentra desesperada ante la llegada del fin del mundo. Todo depende de una infima posibilidad de éxito, de que un contigente de personas logre escapar al cataclismo y comenzar una nueva civilización en la desconocida superficie de Zyra.

    trailer de Cuando los Mundos Chocan  

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      Cuando los Mundos Chocan La novela de 1933 Cuando Los Mundos Chocan de Edwin Balmer y Phillip Wylie resultó de una influencia considerable. Muchas obras posteriores de la ciencia ficción han tomado ideas del libro, tanto desde la tira Flash Gordon (con Flash, Zarkov y Dale Arden fugándose al intinerante planeta Mongo) hasta Superman (con la explosión de Kripton y la llegada de Kal El a nuestro planeta). Y esta adaptación de 1951 producida por el célebre George Pal es considerada un clásico de la decada, que traslada con bastante fidelidad la novela a la pantalla.

Si uno analiza un poco la premisa de When Worlds Collide, no se precisa saber astronomía para saber que suena disparatada. Que un planeta errante con su luna anden vagando por el sistema solar, que impacte con la Tierra y, fundamentalmente, que la humanidad pueda escapar a dicha luna y establecer una nueva civilización (aceptando que Zyra sigue en movimiento y terminará por alejarse del Sol) implica aceptar ingenuamente estos postulados para poder seguir avanzando con la historia. En todo caso otro tipo de teorías (como el impacto de un asteroide a la Armagedon) resulta más coherente.

A pesar de ser una producción de George Pal, no es un film que se apoye demasiado en los efectos especiales. A decir verdad, de acuerdo a las expectativas de la audiencia, puede resultar un poco desilusionante. Los FX son más que correctos, pero las secuencias de efectos son bastante breves, aparecen sobre el último tercio del film y no duran demasiado. Incluso da la sensación, por momentos, de que la existencia de Zyra es una excusa para tirar un poco de acción y FX a una historia bastante dialogada y estática. Sin duda las imágenes de devastación masiva son brillantes, pero duran unos escasos minutos. Y la destrucción final de la Tierra es sencillamente decepcionante: sólo se ve unos segundos en una pantalla de monitor y nada más que eso.

Si el film ha tomado el rumbo de mostrar pocos efectos para apoyarse en el costado dramático de la historia, entonces éste debería estar desarrollado como corresponde. Pero los momentos iniciales de Cuando Los Mundos Chocan son francamente bizarros, donde todo el mundo anda deshinibidamente hablando del tema del fin del mundo sin pensar seriamente en lo que eso significa. Algunos personajes como el de Barbara Rush resultan de una superficialidad sorprendente – la doctora ligera de cascos que decide enamorarse del piloto recién llegado y abandonar a su prometido -; y si bien el piloto interpretado por Richard Derr cae en la misma volteada, al menos Derr le pone energía como para que resulte simpático. Comparado con el perfil de otros patéticos comic relief que aparecen en los filmes de Pal, lo de Derr parece una perfomance candidata al Oscar.

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Si se quiere, la única cuota de realismo la aporta el veterano John Hoyt como el avinagrado millonario que financia la construcción de la nave. Su visión de lo que sucede es cínica pero sincera – en especial sobre el levantamiento de masas cuando la catástrofe esté cerca -. El problema es que el carácter de Hoyt es una isla en medio de un mar de ingenuidades propias del género de aquella época, como que las Naciones Unidas sirven para algo, y que los científicos son una especie de sabios que deben guiar a la humanidad. Aquí no existen cuestionamientos sobre que el Dr. Hendron digite quienes van en el viaje, y defina cómo se hace la loteria para decidir el resto de la tripulación que irá en el arca espacial.

A pesar de todo, el film se mantiene muy bien especialmente porque impone el sentido de la urgencia, algo que comienza a incrementarse a medida que el final se acerca. Es ciertamente naif en la concepción de los personajes, porque establece ciertas características de docilidad y nobleza que son obviamente imposibles en una situación real cuando la desesperación apremia. Al tener un buen ritmo, uno no piensa demasiado en las faltas de la historia. Pero si hay algo que realmente le quita puntos al film – y que aparece en otras películas de Pal, aunque de manera más menguada – es el tufillo de discurso católico que el productor impone a la historia, y que aquí resulta vomitivo. Es Pal en su peor hora, sermoneando la Biblia y los castigos del Señor a la humanidad corrupta. Intercalando párrafos de la Biblia al son de coros celestiales a cada rato. Y cuando no son estos inserts, son escenas aisladas donde los individuos realizan actos de nobleza que termina por empalagar: que el ex novio de la Dra. Hendron mienta para que el piloto Randall desista de abandonar el viaje, o la historia de los jovenes novios que trabajan en la construcción de la nave – él es elegido por la lotería, pero ella no – y que el omnipotente Dr. Hendron termina por decidir que ambos suban a bordo y no se separen, aunque por ello ponga en riesgo toda la misión. Son personajes que se portan de forma demasiado correcta en una situación tan desesperante, lo que termina por hacerlos ridículos al ser tan moralmente perfectos.

   

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