AQN – Critica: La Mujer en la Luna (Die Frau im Mond) (1929)

La Mujer en la Luna (1929): Una mision con el objeto de explotar el oro existente en la Luna es el tema de este filme de culto dirigido por Fritz Lang. Critica de la pelicula

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    Critica: WOMAN IN THE MOON (Die Frau Im Mond)

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Alemania, 1929 : Willy Fritsch (Wolf Helius), Gerda Marcus (Friede Velten), Gustav von Waggenheim (Hans Windegger), Fritz Rasp (Walter Turner), Claus Pohl (Profesor Georg Manfeldt), Gustl Gstettenbauer (Gustav)

Director – Fritz Lang, Guión – Fritz Lang & Thea Von Harbou, basados en la novela homónima de Thea Von Harbou

Trama: Alemania, década del 20. El poderoso industrial aeronáutico Wolf Helius comienza a desarrollar en secreto una misión para viajar a la Luna, basándose en los estudios del profesor Georg Manfeldt y sus teorías acerca de la existencia de oro en el satélite. Pero el magnate Walter Turner está al tanto del proyecto de Helius y lo chantajea para que le permita sumarse a la expedición. Por si esto fuera poco, el socio de Helius – Hans Windegger – recién se entera de la misión lunar cuando Turner empieza a presionarlos. Todos se suman al proyecto, incluyendo a la astrónoma Friede Velten – la prometida de Windegger y de quien Helius se encuentra secretamente enamorado -; pero cuando el cohete llega a la Luna, nada saldrá como lo esperado.

    secuencia de lanzamiento de La Mujer en la Luna (1929)  

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  La Mujer en la Luna La Mujer en la Luna es el último filme silente de Fritz Lang, el director de culto tras los clásicos M, el Vampiro de Dusseldorf, Metrópolis y la saga del Doctor Mabuse. Es considerada una película prototípica en la ciencia ficción cinematográfica por incluir numerosas ideas que más tarde otros filmes de género – e incluso los viajes espaciales reales – terminarían por adoptar como la cuenta regresiva, el uso de combustible líquido para cohetes, la gravedad cero en el espacio y el concepto de una nave separándose en fases de lanzamiento. Todo ello es fruto del asesoramiento científico de la película, que contó con el aporte de Willy Ley y Herman Oberth, quienes más tarde terminarían dentro del proyecto de desarrollo de laas bombas voladoras V1 y V2 de la Alemania Nazi. Incluso el nazismo terminaría por ocultar las copias del filme, pensando que develaba demasiados secretos sobre sus armas misilísticas de última generación.

Pero mas allá de la anécdota, La Mujer en la Luna es una película terrible. Hay escenas ocasionales en las que Lang logra mostrar su virtuosismo con las cámaras, pero el libreto de Thea Von Harbou es lento, complicado y soberanamente cursi. Encima la versión original es de 200 minutos (restaurada en el año 2000), así que se hace eterna.

En los momentos en que Lang logra despegarse del guión, la película eleva la puntería. Todo el complot del magnate Turner para presionar a Helius es muy propio de los ardides del Doctor Mabuse – falsas identidades, señuelos para desviar la atención y robar elementos para el chantaje, uso de drogas para sedar a sus víctimas -, y está muy bien montado, aunque sea una escena bastante larga. La secuencia de despegue del cohete es sencillamente espectacular – con tomas aéreas de la base, movimientos coreografiados del personal para desplazar la enorme nave a la plataforma de lanzamiento en un tanque lleno de agua – y está dirigido de manera notable. Cuando Lang tiene la posibilidad de improvisar – p.ej. montar secuencias de acción -, La Mujer en la Luna se transforma en otra película y una que es definitivamente más moderna que la época a la que pertenece. Pero cuando Lang se ciñe al libreto de Von Harbou, tiene el mismo ritmo cardíaco que un muerto. Las escenas duran hasta diez minutos, son excesivamente teatrales – la cámara ni siquiera cambia de plano -, y los personajes son caricaturas. No ayudan en nada la sobreactuación de la mayoría del elenco, ni la ingenuidad y cursilería de las situaciones pergueñadas por Von Harbou.

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El tema con los libretos habituales de Von Harbou es que se desploman bajo toneladas de inocente idealismo. Aquí toda la historia no está concebida más que en los mismos términos de la aventura del oro del Western americano, sólo que en vez de ir a California el escenario pasa a ser la Luna. La rigurosidad científica salta por los aires cuando llegamos al satélite, ya que en su cara oculta tiene atmósfera, nieve, agua y por supuesto oro. Y con la presencia del metal aurífero, la gente se pone del tomate. El profesor enloquece, el villano Turner se pasa de rosca de ambicioso, y el conflicto se resuelve tras una balacera (!) en la Luna, con los tanques de oxígeno afectados por los disparos. Como el aire de la nave no alcanza para todos, se van a sorteo. Como el resultado no es el esperado, los héroes se sacrifican y los amores clandestinos salen a la luz. Weidegger es drogado, la nave es piloteada de regreso a la Tierra por un niño (!!!!), y Helius se queda en la Luna para descubrir que Friede también ha decidido quedarse. Títulos finales y chim pún.

Pero para llegar a esto han pasado una cantidad interminable de minutos y situaciones con diálogos poco brillantes. La demostración de Turner a Helius acerca de que es el mago de las mil caras – se pone las manos en el rostro, hace unos movimientos raros, y de pronto aparece con anteojos, barba, bigotes y rubio (!!) – es descomunalmente ridícula. La actitud angelical de Friede es insufrible, y peor aún es la de Helius, que cada vez que toma las manos de la chica se descompone (en una de las peores sobreactuaciones que he visto). El viaje a la Luna llega recién a los 90 minutos de proyección, pero en el medio nos hemos comido escenas eternas (como la llamada de Helius a la fiesta de compromiso de Windegger y Friede) que podían haberse podado directamente ya que no aportan anda a la historia. Quizás el mayor problema de las versiones restauradas, es que recopilan todo el material hallado de una película y se la incorporan … aún cuando cuando ese corte difiera de la visión original del director. Es un criterio completista pero no uno que sea artísticamente válido. Vale decir, si a una película se le suman 30 minutos de escenas cortadas, uno obtendrá casi todo el material que rodó el director pero a su vez está forzando (o arruinando) el timing del relato. Por algo esas escenas fueron podadas en su momento. Sólo en escasas ocasiones las versiones extendidas o restauradas (sic) realzan un film, pero la mayoría de las veces lo arruinan con redundancias, lo lastran con tiempos interminables y lastiman la fluidez del relato. El editor de turno no es precisamente Fritz Lang (o el director que sea), sino un tipo de talento notablemente inferior.

La Mujer en la Luna es interesante como curiosidad, pero es larga y aburrida la mayor parte del tiempo. La edición es muy mala y resultaba necesario podar escenas enteras. El guión es un canto al melodrama. Pero en algunos momentos Lang logra sobresalir por encima del mediocre libreto de su ex esposa. Y sólo en esas escenas es cuando Die Frau im Mond termina por valer la pena.

   

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