AQN – Critica: Mi Tio (Mon Uncle) (1958)

Mi Tio (1958) (Mon Oncle): el clasico de Jacques Tati sobre las aventuras de Monsieur Hulot en la sociedad moderna. Critica de la pelicula

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    Critica: MON ONCLE

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Francia, 1958 : Jacques Tati (Monsieur Hulot), Jean-Pierre Zola (Charles Arpel), Adrienne Servantie (Madame Arpel), Lucien Frégis (Monsieur Pichard)

Director – Jacques Tati, Guión – Jacques Lagrange, Jean L’Hôte y Jacques Tati

Trama: El excéntrico señor Hulot es el hermano de Madame Arpel. Hulot es un bueno para nada pero es un personaje entrañable. Impulsado por su esposa, el señor Arpel intenta conseguirle trabajo a Hulot en su enorme fábrica de plásticos, pero todo termina en desastre. Y a su vez, su hermana quiere comprometerlo con una vecina solterona pero la cita tampoco termina de una manera muy feliz. Entre tanto, lo único que quiere Hulot es pasar el tiempo entreteniéndose con su sobrino, bromeando con la gente y apañando al chico en cada una de sus travesuras.

    la escena de la cocina de Mi Tio (Mon Oncle)  

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  Mi Tio Jacques Tati (1907 – 1982) es habitualmente reconocido como uno de los grandes genios de la comedia francesa. Con sólo 9 filmes en su haber, la obra de Tati es notablemente influencial, y uno puede citar a una gran cantidad de realizadores y comediantes que se han inspirado en su trabajo: desde Peter Sellers hasta Rowan Atkinson (quizás el más adecuado de sus herederos), y buena parte del lirismo entrañable de Fellini en Amarcord han abrevado en las aguas de la comedia de este francés.

El personaje que compuso Tati y por el cual siempre será recordado es Monsieur Hulot. Hulot ya había aparecido en Les Vacances de Monsieur Hulot (1953), y ya había llamado la atención de la crítica. Mon Oncle es su segundo largometraje con el personaje, el primero a color y el único que obtendría el Oscar entre otros tantos premios internacionales.

Es un filme de combustión lenta, que va creando el clima poco a poco. No hay una historia en el sentido tradicional sino una serie de viñetas con el trasfondo del París de la postguerra aún en reconstrucción. Lo primero que llama la atención es el tiempo que se toma Tati para establecer la escena y los personajes. El chico travieso, el barrendero, la muchacha de la pensión donde vive Hulot, el matrimonio de la hermana y el cuñado de Hulot, etc., y todo ello con una contagiosa música de fondo. Son secuencias que Amarcord calcaría, cambiando únicamente la banda de sonido por canzonetas italianas. Pero lo otro que empieza lentamente a encender las sonrisas es la óptica que va tomando la historia. Aquí el enfoque es propio de una tira cómica; cada caracter está definido por una serie de exagerados tics que revelan su personalidad – la secretaria que camina apuradita y en punta de pies; la ama de casa que limpia todo el tiempo; monsieur Hulot que vive vaciando su pipa y asintiendo a cualquier cosa; el cuñado que vive agarrándose la cabeza -, y cuando hablan lo hacen en murmullos. En realidad la gran mayoría de las escenas tienen muy poco diálogo entendible y funcionan como piezas de cine mudo (o como cuadros protagonizados por mimos). De hecho Tati se ganó la vida durante mucho tiempo como mimo, y aquí el humor está restringido a lo visual y a los manerismos de los personajes. Uno podría sacar fotogramas de Mon Oncle, alinearlos en sucesión y obtendría una historieta dibujada por Divito – sin necesidad de generar algún cambio -. Por ejemplo, un gag recurrente es el barrendero que siempre tiene un prolijo montón de basura para barrer; el puestero, que siempre abre la puerta de su camioneta y se le caen las herramientas; madame Arpel que vive obsesionada con el encendido de la fuente del jardín cuando hay visitas, etc.

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Pero una de las cosas que más me gustó de Mi Tío, es la visión satírica del mundo moderno. La casa del futuro donde vive los Arpel es absolutamente incómoda y fría – como dice una de las vecinas, “aún no terminaron de poner los muebles?” -, pero es la óptica extrema de lo que aspiramos como consumidores. Aparadores automatizados – que dan pie a uno de los mejores gags del film, y que uno puede imaginar a Mr. Bean en la misma situación -, cocinas que hacen de todo, muebles incómodos pero de aspecto futurista… una visión completamente superficial de lo que debe ser la comodidad. En cambio Hulot es lo diametralmente opuesto: desordenado, vivendo en una buhardilla, prestando atención a las personas (especialmente a su sobrino). El otro aspecto es la ridícula visión estructurada de que las personas deben vivir para los objetos. Por ejemplo, los visitantes de la casa de los Arpel sólo pueden pisar las baldosas diseñadas para el tránsito; Monsieur Arpel cambia su auto por uno más moderno – lo que debería darle clase e individualidad en la multitud – pero regresa a su casa en una enorme columna de autos idénticos. Ciertamente no todos los gags funcionan, y sobre el final el film pierde algo de momentum cómico; pero cuando la comedia resulta efectiva, es deliciosamente hilarante. La reunión social en la casa de los Arpel es por lejos la mejor escena de la película.

Mi Tío es excéntrica y deliciosamente original. Es emotiva, en especial cuando se centra en la relación entre el sobrino y Monsieur Hulot. Y mantiene, a pesar de su medio siglo de vida, una frescura sorprendente. Con su estructura para nada tradicional, sus estrambóticos personajes, y su aceitado ritmo narrativo, sigue siendo una bocanada de aire fresco en el género de la comedia. Sin lugar a dudas Jacques Tati es un genio.

   

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