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USA, 1966 : Dean Martin (Matt Helm), Ann-Margret (Suzie
Solaris), Karl Malden (Julian Wall), Camilla Sparv (Coco
Duquette), James Gregory (MacDonald, jefe de ICE), Beverly
Adams (Lovey Kravezit), Richard Eastham (Dr. Norman Solaris),
Tom Reese (Ironhead) Director : Henry Levin
- Productor : Irving Allen - Guionistas : Herbert
Baker sobre novelas de Donald Hamilton - Musica
compuesta por Lalo Schifrin
105 min, No rating, Color
TRAMA : Agentes secretos de distintos servicios
de inteligencia occidentales están siendo eliminados,
y Matt Helm parece ser el próximo. Aprovechando
el intento de asesinato, Helm simula su muerte y es
enviado a investigar tanto los atentados como la desaparición
del Dr. Solaris en la Costa Azul, ya que parece que
los hechos se encuentran relacionados. Topándose
con la hija de Solaris, Helm pronto se cruzará
en el camino del millonario Julian Wall, que pertenece
a la maligna organización The Big O, y que ha
secuestrado al Doctor Solaris para que desarrolle un
devastador rayo de helio - que puede pulverizar ciudades
enteras - y poder conquistar el mundo.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans y seguidores de la
serie. Por ello, se pueden mencionar partes del film
que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se
encuentran familiarizados con la historia. |
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Matt Helm era la creatura literaria nacida de la imaginación
de Donald Hamilton en 1960. Su primera aparición
fue en la amarga novela Death of a Citizen, donde
encarna a un agente de inteligencia retirado, casado y
con hijos. Uno de ellos es secuestrado por una ex-amante
y compañera del servicio secreto que resulta ser
una doble agente trabajando para los rusos. Helm la persigue
y tortura hasta poder recuperar a su hija, pero su esposa
- descubriendo el cuerpo mutilado de la espía -
no resiste y lo abandona.
Como puede verse, el tono de las novelas de Hamilton
difiere enormemente de los films que todos conocemos
de Dean Martin, pero también se aleja mucho de
la línea de libros de Ian Fleming. Mezcla tanto
la rutina diaria (y hasta monótona) del espionaje
de Len Deighton o John Le Carré,
con cierto salvajismo muy propio de las novelas de Mickey
Spillane (autor del célebre Mike Hammer).
En muchos casos, Helm es realmente un asesino al servicio
del gobierno. Y ciertamente el tono de las novelas de
Hamilton bajaría un poco su descarnada violencia
en las siguientes entregas (y en algunas incluso, su
personaje tiene algún rasgo de comedia que lo
acercaría mínimamente a su par cinematográfico),
pero siempre hay un tono oscuro en sus relatos. No puede
acusarse a Hamilton de ser un imitador o de alguien
que se hubiera subido a la Bondmania de los 60, pero
sí es uno de los autores que surgen cuando el
género literario del espionaje comenzaba a tomar
vuelo. Antes de ello, Hamilton escribía westerns
y había desarrollado algunos guiones para Hollywood,
como la excelente y multiestelar The Big Country
(con Gregory Peck y Charlton Heston).
Pero el culpable máximo de que pasara lo que
pasó no es Hamilton (que es un respetable novelista),
sino Irving Allen - casualmente un ex-socio de Cubby
Broccoli -. La sociedad Allen Bróccoli se disolvió
después del fracaso de The Trials of Oscar
Wilde (que se hundió en taquilla por exponer
un tema tan polémico para los conservadores 60
como la homosexualidad de Wilde ). Y el próximo
proyecto de Broccoli sería precisamente desarrollar
el primer film de James Bond (historia que ya hemos
descripto en la crítica de Doctor
No). Quizás si The Trials of Oscar Wilde
no hubiera sido un fracaso James Bond no hubiera llegado
al cine, o habría llegado pero con la dupla Allen
- Broccoli detrás, y posiblemente con un tono
diferente al que conocemos.
Después del divorcio comercial Allen desarrollaría
varios proyectos fílmicos, entre ellos la terrible
Genghis Khan (1965). Pero sin duda alguna se mordería
los puños al ver el impresionante éxito
de su ex-socio tras el arrasador estreno de Goldfinger
(1964). Decidido a no dejar pasar una nueva oportunidad,
se prendió al carro de la Bondmanía tomando
prestado el nombre de una marca registrada como Matt Helm,
y desarrollaría su propia serie de superagente
secreto contra villano que desea controlar el mundo, comenzando
por The Silencers
(1966).
Para repetir la obvia verdad, salvo algunos nombres
y situaciones, los films de Dean Martin no tienen nada
que ver que las novelas. Uno sólo puede deducir
algunas cosas - ya que no vivió en los sesentas
-, como que Allen decidió orientar su propia
serie de espionaje hacia cierto disparate camp muy
similar a la serie televisiva Batman - que era
el otro furor del momento - con tramas, decorados y
villanos de pacotilla. Los films de Matt Helm copian
el molde de James Bond, pero poseen la décima
parte de presupuesto, crean sus propias organizaciones
enemigas - I.C.E. contra The Big O -,
exageran los peores aspectos de los films Bond - saturándolos
de mujeres en ropa interior, exacerbando los hábitos
mujeriegos del agente, haciendo chistes sexistas (malos
por cierto) - , y carecen de todo el encanto y estilo
que caracteriza a 007. Ni siquiera el enfoque de comedia
- centralizado en Dean Martin - es demasiado bueno,
y algunas de las líneas de los guiones son definitivamente
atroces. Y se debe sumar a esto una galería de
directores que en conjunto ni siquiera llegan a la altura
de un mediocre artesano.
Sin embargo, los films de Matt Helm fueron inexplicablemente
populares en su época. Y uno de los mejores ejemplos
para analizar por qué tuvieron su éxito
es precisamente Murderers Row (el camino de
los asesinos sería su traducción), el
film que nos ocupa.
Muchos puristas consideran que las películas
de la serie son malas. No es así; son terriblemente
malas, pero tanto que resultan divertidas. Si usted
es un fan de los libros de Donald Hamilton seguramente
se sentirá humillado por el sacrilegio que han
hecho con el personaje. Pero para el espectador promedio,
son tan entretenidas como ver cualquiera de las obras
del auteur Ed. Wood Jr. Si le colocamos
aquí una calificación de tres Connerys
no es por su calidad, sino por la diversión de
ver una película tan excepcionalmente torpe y
amateur que provoca risas inintencionadas, aún
en los pasajes mas serios del film.
En primer lugar está la presencia de Dean Martin.
Martin era un comediante muy bueno, con la carga de experiencia
aprendida desde sus épocas de dúo con Jerry
Lewis. Además de ser un buen crooner y de integrar
el Rat Pack de Frank Sinatra, poseía un
carisma y una chispa que lo hacían un personaje
disfrutable (obviamente no para cualquiera - tómelo
o déjelo -). Al contrario de lo que muchos creen,
Martin no era un bebedor empedernido - como se ve en el
film de TV The Rat Pack (1998), simulaba tomar
whisky cuando en realidad era jugo de manzana -, pero
había cultivado la fama de tal y lo usaba como
chscarrillo frecuente. Ese gag sería transplantado
a la serie de films de Matt Helm, donde en realidad Martín
lo único que hacía era interpretarse a sí
mismo y buena parte del tiempo repetir sus rutinas sobre
su supuestos hábitos alcohólicos.
Sin el carisma de Martin estos films no hubieran podido
sobrevivir (ni la carrera actoral de Martin tampoco).
También debe notarse que Martin ya estaba bastante
grande para la época en que se filmaron las películas
- 49 años -, y fuera de estado físico.
Identificar a Martin como un letal agente secreto es
uno de los chistes por error de la serie. Sus combates
cuerpo a cuerpo pueden definirse, en el mejor de los
casos, como lamentables.
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En segundo lugar está lo malo que eran estos
guiones. En Murderers Row muchos diálogos
se alternan entre estúpidos y atroces, especialmente
las bromas sexistas (que tienen un nivel de comedia
juvenil similar al de Moonraker
y otros films de Roger Moore). Como años después
parodiaría Austin
Powers, Matt Helm trabaja como fotógrafo
de modelos. Las mujeres desfilan por su estudio y por
su casa - situación muy similar a Our
Man Flint -, y cualquier desconocida termina
en escasos segundos en los brazos de Helm. Su casa es
el clásico ejemplo del departamento de soltero
hollywoodense de los 60 - ya visto en los films de Rock
Hudson y Doris Day, y homenajeado en Down With Love
-, que es lo que hoy se encuentra en cualquier albergue
transitorio (botones para la musica y la TV, camas giratorias,
bares camuflados en los muebles). Es en una de esas
citas en que Helm escapa de un atentado - concretamente,
su cama mecánica se desplaza hacia la piscina
donde hay un rayo esperando pulverizarlo -. Aprovechando
la publicidad de su muerte, Helm será contactado
por el jefe de I.C.E. (la organización
de Inteligencia y Contra Espionaje para la cual
trabaja) que se encontrará con él en un
garage, y le expondrá - en un televisor instalado
en su auto - detalles de su misión para encontrar
al Dr. Solaris.
En general los gadgets que muestran los films de la
serie son más ridículos que prácticos.
Son chistes camuflados en el argumento como la pistola
con retardo de disparo de este film (o la que disparaba
hacia atrás en The Silencers). El film
expositorio de la misión que presenta Mac Donald
- el jefe de Helm - es más un catálogo
de bikinis que el dossier de una misión de espionaje.
La pistola de helio - que congela personas - o las utilidades
del auto de Helm entran directamente en el campo de
lo ridículo, y son un claro ejemplo de por qué
el mal gusto americano no puede nunca asemejarse al
estilo de los británicos. Pero a fines de comedia
resultan medianamente funcionales.
En tercer lugar, está lo escaso de los presupuestos.
Matt Helm va a Monte Carlo a rastrear a Solaris, pero
Dean Martin no quería viajar a Europa, así
que la acción se desarrolla en estudios, en otros
escenarios o con Martin simplemente pavoneándose
delante de una proyección fílmica turística.
Así mismo las escenas involucran un puñado
de decorados (el castillo del villano, la boite de la
riviera, una comisaría). Será precisamente
la boite donde Ann Margret baila salvajemente, la que
sería homenajeada en el inicio de Austin
Powers, International Man of Mistery años más
tarde.
No hay demasiadas investigaciones, ya que los villanos
no tardan en descubrir los movimientos de Helm. En este
caso el malo es Julian Wall, eclipsado por la amanerada
sobreactuación de Karl Malden, que no le da ni
clase ni exotismo al personaje. Hay varios secuaces
torpes por allí, incluído Ironhead con
quien Helm tendrá algunas de las peores y más
risibles peleas de la historia del cine.
Helm es apresado y enviado al castillo de Julian Wall;
descubrirá un traidor en I.C.E. y advertirá
a Mac Donald sobre él; escapará del castillo
para salvar la vida de Ann Margret (quien resulta ser
la hija del Dr. Solaris) en lo que terminará
siendo un chiste privado hacia el Rat Pack. Cuando
Helm llega a la boite a quitarle el prendedor bomba
a Suzie Solaris, lo lanzará contra una pared
donde precisamente hay un poster de Frank Sinatra ("perdona
Frank", se disculpa Martin). Como ése
hay un par de bromas privadas más, como incluir
al conjunto Dino, Desi y Billy (donde toca el
hijo de Martin, además de Desi Arnaz Jr.), que
en un momento lo llama "padre".
Helm regresará al castillo de Wall, se disparará
con algunos guardias - siguiendo con los gags de las
pistolas de extraño comportamiento, ya visto
en The Silencers - , se trabará en una
memorable pelea a muerte con Ironhead (tan mala que
incluso hasta los stunts pelean pésimo),
y perseguirá a Wall a través del Mediterráneo
en Hovercrafts. Final del film.
No llega siquiera a la calidad de una película
mediocre. Al menos hay algo más de agilidad y mejores
escenarios que en The
Silencers. La música de Lalo Schifrin es
excelente, demasiado para lo que es este film, y la presentación
es una de las mejores de toda la camada de imitadores
Bond que vieron la luz en los 60. Considerarla como entretenida
depende si a usted le caia bien Dean Martin o no. A mí
me cae bien y, si usted también es como yo, de
esos que se despanza de risa con films como Plan 9
from Outer Space - o cualquier película impresionantemente
mala -, encontrará que Murderers Row es
tan pésima que es deliciosamente divertida.
3 CONNERYS : Una película
realmente mala, tanto que divierte. Son tantos los gafes
de la dirección, los estúpidos argumentos
del libreto o las sobreactuaciones, que entretiene por
lo bizarro. Más ágil y entretenida que
The Silencers, algo mejor producida y con una excelente
(y olvidada) banda sonora de Lalo Schifrin.
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