AQN – Critica: Marte, el Planeta Rojo (1952)

Marte el Planeta Rojo (1952): señales radiales marcianas se escuchan en la Tierra y el mundo comienza a revolucionarse en este filme serie B con Peter Graves. Critica de la pelicula

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    Critica: RED PLANET MARS

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1952 : Peter Graves (Chris Cronyn), Andrea King (Linda Cronyn), Herbert Berghof (Franz Calder), Orley Lindgren (Stuart Cronyn), Walter Sande (Almirante Carrey), Marvin Miller (Arjenian), Willis Bouchey (Presidente de los Estados Unidos)

Director – Harry Horner, Guión – John L. Balderston & Anthony Veiller, basados en la obra de teatro homónima escrita por Balderston

Trama: Chris Cronyn es un astrónomo que ha estado enviando mensajes de radio al espacio desde hace años, en busca de señales de vida extraterrestre. Ahora su experimento ha sido un éxito, y ha comenzado a recibir respuestas inteligentes desde Marte. Los mensajes son traducidos por el gobierno y liberados para su publicación en la prensa. Pero pronto el contenido de los mensajes comienza a causar revuelo y cambios en la economía mundial. Y la situación amenaza con salirse fuera de control cuando el texto del último comunicado tiene contenidos claramente reconocibles y similares al Sermón de la Montaña, lo que indicaría que hay una civilización marciana liderada por Dios y enviando señales a la Tierra.

    trailer de Marte el Planeta Rojo  

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  Marte el Planeta Rojo Años cincuenta. Los amigos rusos de la Segunda Guerra Mundial ya no son tan amigos. Locura, paranoia, bomba atómica. Grandes posibilidades de una nueva guerra, sólo que esta vez será nuclear y todo se irá al demonio en un instante. ¡Pongámonos de rodillas y oremos por nuestras almas ante el inminente fin del mundo!

Imagino que en una época semejante – la del estreno de las tensiones de la Guerra Fría – se deben haber vivido situaciones muy fuertes al principio. Bah, con el tiempo la gente se acostumbra a todo, incluso a ver bombarderos nucleares tácticos sobrevolando sus cabezas todos los días. Pero en esos primeros años había un fuerte tufo a apocalipsis inminente en el hemisferio norte. Y en esos momentos en que el abismo parece mirarlo a uno, saltan las posturas más radicales para intentar reclutar gente para sus causas. Los militaristas, los pacifistas, los apocalípticos. Y Marte, el Planeta Rojo aparece en esa época, con todas las señales de haber sido escrita por una horda de fanáticos religiosos que pensaban que el holocausto estaba a la vuelta de la esquina.

Aquí hay una idea bastante potable pero arruinada por un pesadísimo discurso moralista / religioso que empapa toda la película. Un científico manda señales de radio al espacio pero alguien se las devuelve. Al pibe – Peter Graves, en la época en que filmaba verdura radiactiva y siglos antes de la serie de TV Misión Imposible – se le ocurre mandar alguna data matemática, ya que eso es algo universal y no depende del idioma. Los marcianos le contestan el verdadero valor de Pi y el mundo se conmociona por la noticia. Mientras tanto la densa esposa del protagonista cree que le estamos mostrando a los alienígenas el atraso tecnológico en que vivimos, bajándonos los pantalones y dejando el pompis al norte como para que vengan a invadirnos.

Me gustaría decir que el insufrible personaje de Linda Cronyn es el único con mentalidad ultraconservadora / anti científica / hiper evangélica de toda la historia, pero lamentablemente el fenómeno resulta ser contagioso. Políticos y militares que vigilan las comunicaciones de Cronyn resultan ser unos pasmados y, así como llegan los mensajes a la Tierra, se lo pasan a la prensa sin medir consecuencias. Y allí toda la trama se clava de nariz para estrellarse en el fondo del precipicio, al mejor estilo del Coyote de los Looney Tunes (incluyendo silbido en la caída y nubecita de polvo al hacer impacto). Primero, porque esta gente no corrobora demasiado si los mensajes de radio son realmente de Marte o del hijo del vecino que tiene un emisor de onda corta; segundo, porque cada “revelación marciana” es tomada como una verdad económica inminente. Los marcianos dicen que 1000 de ellos viven de lo que produce una hectárea de cosecha, e inmediatamente la agricultura norteamericana cae en crisis (wtf?!). Nadie se molestó en preguntar si los alienigenas son como nosotros o son del tamaño de un pitufo. Después los extraterrestres hablán de una energía cósmica eterna y autorenovable,… y las minas de carbón, los yacimientos de petróleo y la industria en general se paralizan en la Tierra, con el consiguiente caos en la bolsa (segundo wtf?!). Imagino que si los marcianos hubieran dicho que no tomaban cerveza, Homero Simpson hubiera encabezado una marcha de protesta en Springfield debido al cierre de las cervecerías Duff.

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A esto hay un científico nazi trabajando para los rusos y que tiene muy mala leche. El tipo es el que inventó el dispositivo que ahora usa Peter Graves y lo está haciendo famoso. Como el nazi es un resentido de aquellos, resulta ser que él es el responsable de las emisiones de radio marcianas (sopa fría!), y ha tirado tanta verdura al éter que incluso la Unión Soviética se desploma por una revolución popular y religiosa surgida a partir de uno de los mensajes alienigenas – sí, ese que dice que Dios vive en Marte y habla por radio -. Aquí parafraseo al célebre filosofo norteamericano James Tiberius Kirk en Star Trek V, el que decía: “¿para qué precisa Dios una radio?”.

El tema es que todo el filme es de una ingenuidad abrumadora. Diálogos pomposos, personajes arrogantes, una avalancha de moralina religiosa y ultraconservadora que salpica a la audiencia en cada escena. El mundo estaría mejor sin científicos, bombas atómicas y comunistas. Los nazis son el anticristo porque creen que el personaje central de la Biblia es en realidad Satán (y por ello lo adoran). Peter Graves y su esposa se sacrifican (ups! otra vez sopa fría!) porque son buenos cristianos y mártires que no desean que el engaño se sepa… ¡pero ojo!. El último mensaje marciano no lo envió el científico nazi; y decía “mi nombre es Dios y yo no otorgué ningún derecho legal a que usen mi nombre, marcas y logotipos en esta película tan abominable”. Por lo tanto, Dios existe y es rojo, aunque no comunista.

Marte, el Planeta Rojo parece un proyecto financiado por una iglesia evangélica ultraconservadora. Se da unas infulas de ser la película más seria e importante de la ciencia ficción de todos los tiempos, cargada de mensajes reveladores… pero resulta ser una idea medianamente potable montada en un filme soberanamente idiota. ¿Consejo de un amigo?: evítela a toda costa.

   

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