AQN – Critica: Looney Tunes de Regreso en Accion (Looney Tunes Back in Action)

Looney Tunes. De regreso en Accion. Bugs Bunny y la troupe animada de la Warner Brothers vuelven para detener una conspiración de la corporacion Acme, con Brendan Fraser y Jenna Elfman. Critica del film

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    Critica: LOONEY TUNES: BACK IN ACTION

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA / Alemania, 2003 : Brendan Fraser (D.J. Drake / como el mismo), Jenna Elfman (Kate Hutton), Steve Martin (CEO de Acme), Timothy Dalton (Damien Drake), Joan Cusack (Madre), Bill Goldberg (Señor Smith)

Director – Joe Dante, Guión – Larry Dole, Musica – Jerry Goldsmith

Trama: La estrella de cine del estudio Warner, Damien Drake, ha desaparecido. Lo que nadie sabe es que Drake tras su fachada como actor es en realidad el más prestigioso de los agentes secretos que se encontraba investigando una conspiración relacionada con la corporación Acme. Su hijo D.J. Drake – que trabajaba como vigilante en los estudios – recibe el llamado de ayuda de su padre y decide socorrerlo con la ayuda del Pato Lucas, quien también ha sido despedido de la Warner. Mientras tanto la encargada de contenidos del estudio, Kate Hutton, es reprendida por los ejecutivos (por el despido de Lucas) y junto con Bugs Bunny salen en busca del irascible Pato para volver a contratarlo. Pronto los cuatro se verán envueltos en la siniestra operación que trama la corporación Acme, que planea lanzar un rayo especial a todo el planeta para convertir a los seres humanos en monos y ponerlos a trabajar en sus fábricas para generar sus productos con costo cero.

    trailer de Looney Tunes: De Regreso en Acción  

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  Looney Tunes: De Nuevo en Accion Si hay figuras que revolucionaron el ambiente de los dibujos animados, sin dudas es el equipo de creativos de la Warner que trajo al mundo las series Looney Tunes y Merrie Melodies. Salvo algunas diferencias estéticas, son sagas de caricaturas ideadas originalmente para promocionar productos de la Warner, en especial las canciones de su departamento musical. Pero con el paso de los años los Looney Tunes dejaron de ser una simple herramienta de marketing para pasar a tener peso propio y convertirse en una de las franquicias más rentables del estudio.

El equipo legendario que guiara a los Looney Tunes (que significaría algo así como tonadas locas) durante casi 50 años estaba conformado por íconos de la animación como Tex Avery y Chuck Jones, junto con Ben “Bugs” Hardaway, Bob Clampett, Robert McKimson, Friz Freleng, y con el aporte en voces de Mel Blanc. De sus mentes nacerían Porky (en 1935), Bugs Bunny en 1940, y el Pato Lucas en 1937. Con el tiempo Bugs Bunny se convertiría en la estrella de la nueva constelación de personajes de la Warner.

Tanto los Looney Tunes como las Merrie Melodies fueron pensadas para cine durante la segunda guerra mundial, pero la explosión de popularidad vino con la llegada a la televisión en los años 50. El estudio produjo con regularidad cortos hasta 1969, pero para ese entonces la Warner ya había cerrado su estudio de animación y tercerizaba los trabajos a los independientes DePatie-Freleng (los mismos creadores de La Pantera Rosa). Después de eso, esporádicamente se produjeron nuevas animaciones hasta 1987, donde se volvió con regularidad a generar cortos hasta el 2004.

El éxito de los Looney Tunes se basa en el humor disparatado y en el gag físico, revolucionando el género y creando su propio estilo. Nunca las caricaturas habían sido tan salvajes como con los dibujos de la Warner. No sólo su humor es totalmente atemporal – un adulto y un chico pueden disfrutar hoy de animaciones del año 50 y divertirse enormemente con ellas – sino que ya se ha convertido en una marca de fábrica. Cualquier dibujo animado disparatado de hoy en día termina siempre por ser comparado con Bugs Bunny y compañía.

El problema de los Looney Tunes (y de muchísimos dibujos animados legendarios, como Tom y Jerry o Los Picapiedras) es que no han sido incapaces de evolucionar en nuevos carrilles o generar nuevos personajes cuando los creativos originales han desaparecido. Mientras que otros personajes animados se han hundido con la aparición de sus versiones aggiornadasTom y Jerry es el ejemplo más terrible, donde después de los 60 terminó por desbarrancarse hasta su extinción, con chistes sin gracia, cambios hacia actitudes políticamente correctas (y desastrosas), y amputación masiva de toda la locura que hiciera célebre a la serie -, al menos los Looney Tunes han conservado gran parte de su frescura – la Warner ha puesto gran empeño en el cuidado de su producto -, pero no han podido crear rumbos o personajes nuevos. Un ejemplo de decadencia es la serie Tiny Toons; cuando personajes populares pasan a ser versiones infantiles – el pequeño Lucas, los sobrinos de Bugs, etc – es porque las ideas se agotan. Parece que la chispa y la magia hubiera desaparecido simplemente porque no hay un nuevo Tex Avery o un Chuck Jones. Los que quedaron son excelentes imitadores, pero incapaces de lanzar nuevos personajes que valgan la pena (o que hagan historia).

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Los Looney Tunes había sufrido un relanzamiento en 1996 con Space Jam, que tuvo un tibio éxito. Space Jam no es un film enteramente satisfactorio – está bien la idea, pero hay algo de gracia que se pierde, especialmente por el protagonismo de la estrella de basquetball Michael Jordan -. En el 2003 llega esta suerte de secuela, que apunta a un mayor destaque de los Looney Tunes pero que lamentablemente se convirtió en un horrendo fracaso.

El problema de Looney Tunes Back in Action no es el argumento – traído de los pelos, pero a final de cuentas lo que precisa el film es una excusa para mostrar secuencias disparatadas con Bugs, Lucas & Co. -, sino que es desparejo en tono. Las escenas con humanos no siempre tienen gracia. Mientras que Steve Martin y su comité directivo de Acme resultan graciosos, las volteretas de Brendan Fraser y Jenna Elfman suelen fracasar. Por ahí anda Timothy Dalton como otro ex 007 dando lástima – actor sin gracia, que siempre renegó de ser James Bond, y que termina parodiando su propia imagen por unos dólares -, pero a uno le cabría preguntarse si no hubiera valido la pena hacer el film completamente animado. Las escenas que funcionan siempre (como mínimo bien, y de allí hasta excelente) tienen que ver con Bugs Bunny, Lucas, Sam Coyote… los personajes de la Warner. Pero el casting humano es muy desparejo y no puede competir con toda la gracia desatada de los dibujos animados. Otra de los que se salva de la quema es Joan Cusack, pero luego paren de contar.

Es triste ver que la película se haya hundido en la taquilla. Joe Dante le pone mucha garra al film, con momentos realmente desquiciados como la persecución en los cuadros del Louvre, o la secuencia en el Area 52 en el desierto – donde están desde los Daleks del Dr. Who hasta Kevin McCarthy y una vaina alienígena de La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos -, y por momentos parece un festival del nerd cinematográfico, con toneladas de referencias a películas conocidas de todo tipo y color. Son escenas descolgadas, es cierto, y el hilado central para unirlas es muy fino, pero valen la pena. Pero el tema es que uno se desespera cuando los actores intentan recitar diálogos que intenten mantener cierta coherencia con la ilógica trama – crear el clima romántico entre Fraser y Elfman, descubrir las pistas hasta Acme -, ya que no nos interesan. Queremos ver ya la próxima maldad de Bugs Bunny. Por todo esto es que la película es muy entretenida pero tiene algunos tiempos lentos en el medio – los actores… actuando – que bien podrían haberse suprimido. Lo que uno mas lamenta es que esto sea un fracaso para Joe Dante, un director que ahora debe estar en las listas negras de todos los estudios – fallando con un producto probado como los Looney Tunes -, ya que merecía una mejor respuesta del público. Al menos es un film mejor que Space Jam.

  LOONEY TUNES Space Jam (1996) – Looney Tunes: De Vuelta en Acción (2003)    

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