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GB, 1965 : Intérpretes : Rod Taylor (Boysie
Oakes), Trevor Howard (coronel Mostyn), Jill St. John
(Iris), Wilfrid Hyde-White (jefe), David Tomlinson (Cuadrante),
Eric Sykes (Griffen) Director: Jack Cardiff
- Guión: Peter Yeldham, basado en la novela homónima
de John Gardner
TRAMA : Con motivo de la reciente oleada de
deserciones de científicos y políticos
ingleses hacia el bando soviético, el coronel
Mostyn del servicio secreto británico recibe
la misión de reclutar un asesino a sueldo, el
cual tendrá el trabajo de eliminar a los traidores
antes de su defección. El elegido resulta ser
el americano Boysie Oakes, un hombre que accidentalmente
salvó la vida de Mostyn durante la Segunda Guerra
Mundial. Pero Oakes es un cobarde bueno para nada, cuya
unica virtud es estar en el momento indicado en el lugar
incorrecto. Mostyn engatuza a Oakes y le promete una
vida a todo lujo mientras el americano cree que se trata
de un vulgar trabajo de inteligencia. Pero ahora que
Oakes ha firmado todos los papeles, se entera de la
verdadera índole de la misión. Y ya que
él no quiere matar, se verá obligado a
contratar a un asesino a sueldo... uno que le cobra
muy barato y por lo cual hace una jugosa diferencia
monetaria mientras se dedica a corretear chicas y a
disfrutar la lujosa vida que financia Mostyn. El problema
es que su secreto pende de un hilo, especialmente cuando
agentes enemigos se encuentran tras el rastro de Oakes
y planean secuestrarlo, con lo cual el americano se
verá obligado a improvisar para poder salvar
su vida.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans y seguidores de la
serie. Por ello, se pueden mencionar partes del film
que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se
encuentran familiarizados con la historia. |
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El Liquidador es la adaptación de la primera
de una saga de ocho novelas escritas por John Gardner
entre 1964 y 1976. En ellas trataba las aventuras de un
heroico cobarde llamado "Boysie" Oakes (pienso
que el apodo debe significar "muchachito" o
algo parecido), al que metían por casualidad en
el servicio secreto inglés y terminaba resolviendo
complejas misiones de pura suerte. Como puede verse los
libros eran mas cómicos que de espionaje, y ello
le dió cierta fama a Gardner hasta tal punto que
más tarde le ofrecieron la posibilidad de revivir
la franquicia literaria de James Bond a partir de 1981.
Debo admitir que he leído un par de títulos
de la saga Bond desarrollada por Gardner - Licencia
Renovada (1981) y Operación Rompehielos
(1983) -, y decir que eran espantosos era quedarse corto.
No es que Ian Fleming fuera exactamente Shakespeare
pero al menos era un hombre de mundo y sus novelas tenían
el exotismo propio de alguien que ha vivido mucho, amen
de tener un vuelo creativo propio del de un autor de
comics. Por contra Gardner era un pajuerano incapaz
de entender qué significa el estilo o de qué
trataba la saga 007, y se dedicó a masacrar al
personaje inundándolo de merchandising.
Por ejemplo, le hizo vender su antiguo Bentley
y comprarse un Saab (!!!) (¿a dónde
fue a parar la veneración por los autos ingleses
que tenía 007?), o trocar su Walther PPK
por una Heckler & Koch. Alteró tanto
al caracter que lo único que quedaba para identificarlo
era el nombre, y lo rodeó de villanos patéticos
y olvidables. Gracias a Dios Gardner abandonó
la saga y, si bien no conozco el trabajo posterior (a
cargo de Raymond Benson), por lo menos sé que
el tipo era un bondfilo de alma. El primer cuento
de Benson - Blast From the Past -, escrito para
la revista Playboy en 1997, era una secuela directa
de Al Servicio Secreto de Su Majestad
con Irma Bunt y la hija de Auric Goldfinger tendiéndole
una trampa a 007 en Nueva York, y ya con sólo
ese dato se ganó mi respeto.
Aqui Gardner no es el único nexo con la saga
Bond. Está Trevor Howard, que tuviera el protagónico
en La Amapola es una Flor (1966) - basada
en una novela de Ian Fleming -; la chica es la simpatiquísima
Jill St. John, la misma de Los Diamantes
son Eternos; está el argentino Lalo Schifrin
a cargo de la música, quien compusiera temas
para infinidad de clones 007 de la época como
la aventura de Matt Helm Murderer´s
Row; y Shirley Bassey canta (mas bien grita) la
canción del título.
El tema del vivillo al que le salen las cosas de casualidad
no es nuevo (Alec Guiness ha hecho varias películas
al respecto, como Nuestro
Hombre en la Habana), y acá el tema daba para
hacer una jugosa sátira sobre el género
del espionaje. Boysie Oakes es un simpático inoperante
al que el resto de los espías le tiene miedo por
una fama que sólo ellos imaginan. Es como poner
a Chance Gardener o Forrest Gump en el servicio secreto,
en donde todo los palurdos que lo rodean toman sus palabras
y gestos como genialidades y sirven para demostrar la
banalidad de la gente. La diferencia está en que
Oakes no es un ingenuo sino un vivo que se dedica a explotar
a consciencia su situación de privilegio, dedicándose
a rascarse el higo mientras otros hacen el trabajo
sucio..
Mientras hay un enorme potencial en la premisa, el
problema de El Liquidador pasa porque a John
Gardner es un tipo muy corto de ideas y no se le ocurre
cómo seguir explotando la sátira - imaginen
lo que Graham Greene, el autor de Nuestro
Hombre en la Habana, podría haber hecho con
este tema -. Uno piensa que la comedia de enredos comenzará
cuando a Oakes le den la orden de matar al asesino que
él ha contratado para hacer su trabajo sucio...
pero ese momento nunca llega, y Gardner prefiere desarrollar
episodios uno tras otro, como el viaje a Niza o el engaño
orquestado para que Oakes le haga un trabajo al enemigo.
No hay un villano constante, e incluso el personaje
resulta ser más eficiente de lo que uno inicialmente
pensaba. Con lo cual El Liquidador termina por
convertirse en una comedia lineal y sumamente light,
simpática es cierto, pero carente de la substancia
que prometía.
Acá sacan las papas del fuego el delicioso casting,
comenzando por Rod Taylor - un formidable ídolo
del cine que hundiría su carrera en la siguiente
década gracias al alcoholismo -, Trevor Howard
y Jill St. John, los que se pasan haciendo morisquetas
como para que no queden dudas de que la cosa no va en
serio. Pero como todo es tan amable y se deja ver con
una sonrisa, uno no tiene manera de enojarse con la
liviandad de El Liquidador.
4 CONNERYS : Una fabulosa premisa
que podría haber dado lugar a un hibrido entre
007 y Nuestro Hombre en la Habana. Lamentablemente los
creativos se quedaron cortos de ideas y dieron lugar
a una comedia liviana y simpática, con Rod Taylor
haciendo de espía torpe y mujeriego al que se
le dan las cosas por casualidad. Recomendable. |