In Memoriam Roger Moore (1927 – 2017)

In memoriam Roger Moore (1927 - 2017)

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por Alejandro Franco

Good bye, Mister Bond.

Era un simpático caradura. Sabía que no era buen actor y que su cara bonita y adolescente le abriría todas las puertas, pero lo que lo mantendría vivo – durante tantas décadas de carrera – sería su simpatía. Era un tipo con los pies en la tierra, algo que es de agradecer cuando uno se transforma en un ícono mundial y evita que la fama se le suba a la cabeza. Es por eso que todos adoramos a Roger Moore, el tipo del cual todos quisiéramos ser su amigo. Un tipo que era en la vida real tal cual era en las películas: amable, afable, generoso, modesto, honesto.

El tipo quedó en el cine casi de casualidad. Su vocación era la de ser animador, pero la pifió con unos celuloides en el estudio donde trabajaba y terminó siendo despedido. Cuando su padre – que era policía – investigaba un robo en la casa del director Brian Desmond Hurst en 1945, Roger se topó con el cineasta y éste – impresionado por su aspecto – le ofreció un bolo como extra en su filme Cesar y Cleopatra (1945). La presencia de Roger en el set no pasó desapercibida, y pronto una multitud de chicas comenzó a aglomerarse en el set para ver al ignoto – pero apuesto – actor. Ahí Hurst decidió darle una mano – pensó que el pibe de 18 años tenía pasta de estrella – y le financió sus estudios en la Academia Real de Arte Dramático. Pero la conscripción militar dilató su carrera de intérprete: hasta 1950 Roger seguiría en el ejército, en donde llegaría a obtener el grado de capitán.

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Liberado de las Fuerzas Armadas, se decidió a probar suerte como modelo. Hizo toneladas de publicidades gráficas – era muy popular promocionando una marca de suéters – y terminó consiguiendo un bolo en una producción live para la TV británica en 1949.

Pronto llamó la atención, aunque fuera como figura decorativa, de los productores norteamericanos. La MGM le hizo un contrato por siete años en 1954 y Roger apareció en tercer lugar en películas como Interrupted Melody (1954, detrás de Glenn Ford y Eleanor Parker) o The King’s Thief (del mismo año, con Edmund Purdom, David Niven y George Sanders). Todas fueron rotundos fracasos de taquilla y, tan solo dos años después, la MGM terminaría de liberarlo de su contrato. Fue una época realmente oscura y frustrante.

La redención de Roger vino con la serie Ivanhoe (1958 – 1959), producida por capitales británicos. Era su primer protagónico y allí conocería a algunos de sus futuros compañeros de carrera, ya fuera Christopher Lee o Robert Brown (que hacía de su escudero y que décadas mas tarde se convertiría en M luego del fallecimiento de Bernard Lee en 1981).

Pero Hollywood lo atraía mas, y Roger dejó la serie persiguiendo un contrato con la Warner Brothers, lo que daría lugar a un par de filmes y al rodaje de la serie The Alaskans (1959 – 1960). La filmación era literalmente un infierno: la tira transcurría en Alaska pero se filmaba en un estudio en Los Angeles, y el cast debía permanecer enfundado en pieles y gruesos abrigos bajo el abrasador calor de las luces del set. A ello se sumaría su furtivo romance con la protagonista Dorothy Provine, el cual sería objetado por los ejecutivos del estudio.

Pero la suerte le seguía sonriendo y, después de The Alaskans, le dieron un papel semiregular como el primo británico del aventurero James Gardner en Maverick (1960 – 1961). Curiosamente Sean Connery había audicionado para el mismo papel y, luego de conseguirlo, decidió rechazarlo.

Maverick era un gran éxito aunque, claro, su segunda temporada venía en declive – recortes presupuestarios, la partida de Gardner del rol, baja calidad en los scripts – y era terminal. Entusiasmado por la idea de crear su propio vehículo estelar, Roger juntó sus ahorros y se puso averiguar la disponibilidad de derechos sobre El Santo el popular personaje de Leslie Charteris: un ladrón devenido playboy y aventurero -, hasta que se topó con que los mismos habían sido adquiridos por Sir Lew Grade. Para ese entonces Grade quería lanzar una serie con Sean Connery (otra vez mas!) como protagonista, pero el escocés resultó no estar disponible. Moore se subió a la movida y en 1962 debutaría como Simon Templar, generando un éxito inmediato a nivel mundial – la serie terminaría emitiéndose en mas de 80 países -. A la larga la idea de Roger terminaría triunfando: compraría los derechos sobre las últimas temporadas de la serie (rodadas a color) y produciría durante las décadas siguientes todos los revivals del personaje, desde El Regreso del Santo (1978 – 79) hasta numerosos telefilmes, incluyendo un fallido piloto de TV del 2012 en donde participaba él mismo y el anterior Santo (Ian Ogilvy) como magnates rivales que se disputaban los servicios del nuevo Simon Templar (Adam Reynor).

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La serie mantuvo altos ratings a lo largo de toda su emisión pero su longevidad comenzó a cansar a Roger, quien quería probarse como estrella cinematográfica. Es por ello que rodaría dos películas – Crossplot (1969, y con su futuro co-star Bernard Lee), y El Hombre que se Persiguió a sí Mismo (1970) – con tibio suceso de crítica y taquilla.

James Bond

Desde el principio de su estrellato Moore había sido sugerido como candidato para interpretar a James Bond, el agente secreto protagonista de las populares novelas que había escrito Ian Fleming en los años 50. Era apuesto, elegante y de modales refinados, y hasta el mismo Fleming lo consideraba mas adecuado que Sean Connery – a quien consideraba un camionero bruto sin redención -. Pero en 1962 el rol le fue esquivo por partida doble: Roger estaba comprometido con El Santo y, por otra parte, a los productores de la saga – Harry Saltzman y Albert Broccoli – les pareció que Moore se veía demasiado adolescente (aún cuando fuera tres años mas viejo que Connery). El escocés quedó reclutado, la saga fue un éxito planetario, y Moore siguió adelante con su éxito televisivo, mirando a la distancia el megaestrellato que Connery había cosechado.

Pero la impresión de Moore con los productores de 007 fue duradera. Cuando Connery anunció su partida del rol en 1967 – harto de carecer de vida privada, de pasar todo el tiempo filmando y promocionando los filmes de James Bond, y de no disponer de oportunidad para rodar otra cosa que mostrara su talento como intérprete -, Moore volvió a ser considerado… pero El Santo seguía en la pantalla y el papel volvió a alejarse. El ex-modelo George Lazenby ganó el rol y todo parecía indicar que la saga seguiría unos cuantos filmes mas con el australiano a la cabeza… hasta que, en un bizarro giro del destino – fruto del pésimo asesoramiento de su agente – Lazenby decidió cometer suicidio artístico renunciando al papel y yendo a buscar otro tipo de papeles… que nunca llegaron. Con debut y despedida del personaje, el estreno de Al Servicio Secreto de su Majestad terminó marcado por las sombras, con una recaudación mucho mas modesta que de costumbre, y con un rol icónico que había vuelto a quedar vacante. Otra vez Moore estaba ocupado – ahora con la serie Dos Tipos Audaces, la que protagonizaba y producía – y el rol de su vida volvía a distanciarse.

Connery regresó una vez mas – en Los Diamantes son Eternos (1971) – y dejó en claro que ésta sería la última vez que iba a interpretar a James Bond (una década mas tarde se arrepentiría de sus dichos y haría un fugaz comeback en Nunca Digas Nunca Jamás, 1983). Y cuando Connery se fué, a Saltzman y Broccoli les quedó en claro que precisaban una estrella, no un novato de cabeza fresca como les había ocurrido con Lazenby (no sólo por su abrupta decisión sino también por los horrores que vomitó a la prensa durante el rodaje del filme). En 1973 fueron a lo seguro y contrataron a Roger; y, aunque 007 Vive y Deja Morir no tuvo una taquilla tan brutal como los filmes anteriores, al menos era un comienzo auspicioso.

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Quizás la mejor cosa que le pudo pasar a Roger fue que el rol de 007 se le postergara tanto. Cualquier tipo que sucediera a Connery estaba condenado al fracaso, simplemente porque la figura del escocés era gigantesca – convirtió a James Bond en un fenómeno cultural a nivel mundial, disparando modas, imitadores y cultivando a millones de fanáticos -. El error de George Lazenby – aparte de su amateurismo y de su ego inflado – fue intentar copiar el machismo exacerbado de Connery y su implacable ductilidad a la hora de la acción pero, por ende, la comparación se hizo inevitable y terminó en pérdida para el candidato debutante. Para que hubiera un sucesor digno y exitoso primero había que hacerle un lugar y darle un golpe de timón a la franquicia – des-conneryzándola y haciéndola menos contracturada -. El primer paso fue la visión de comic que Saltzman y Broccoli le imprimieron a Los Diamantes son Eternos y, luego, fue enrolar a Roger Moore en el papel principal. Moore no era ni por asomo un machista violento como exhalaba Connery, sino mas bien un playboy afable que se defendía con lo justo a la hora de la acción y que le hacía un guiño a los espectadores diciendo “Hey, vean el disparate que voy a hacer. ¿Ustedes se lo creen?. ¡Yo tampoco!”. Parafraseando a Michael Caine – amigo suyo de toda la vida “Sean arrastraba a las mujeres a la cama; en cambio Roger las seducía con un chiste”. Para que el público digiriera los cambios vino la etapa de transición, la cual duró dos filmes – 007 Vive y Deja Morir, y El Hombre del Revólver de Oro (1974) – en donde Moore mezclaba sus pasos de comedia con momentos de violencia – como cuando cachetea a Maud Adams en Golden Gun -, pero terminaría por amoldar el rol a su persona, triunfando con el megaéxito de La Espía que me Amó en 1977. Y ya nadie lo tildaría de usurpador del papel.

Las imágenes se agolpan en mi memoria. Roger sirviendo pasta a cientos de técnicos de rodaje durante la filmación de The Spy Who Loved Me en Egipto – cuando les falló el catering y todos se arremangaron para salir adelante -, o bromeando con sus co-estrellas. Filmando parodias de sí mismo – en The Cannonball Run, o incluso mofándose con Michael Caine y el mismo Sean Connery sobre quién era el auténtico James Bond durante una de las entregas de los Oscar -, y volviendo una y otra vez a apoyar a sus sucesores en el rol de 007. Porque si Connery y Lazenby quedaron resentidos con el personaje, Moore lo amó con profunda devoción y siempre se mostró al lado de Dalton, Brosnan y Craig, mostrando que era un agradecido con la vida. Y entre esas imágenes – y su trabajo humanitario como embajador de la Unicef – me queda el recuerdo imborrable de Roger, un tipo simpático a mas no poder y, desde ya, un tipo bueno, modesto, trabajador y admirable.

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