AQN – Critica: Shin Gojira / Godzilla Resurgence (2016)

Shin Gojira / Godzilla Resurgence (2016): un monstruo gigantesco arrasa Tokio, en esta ultima entrada de la saga mas famosa del kaiju eiga. Critica de la pelicula

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    Critica: Shin Godzilla / Godzilla Resurgence Critica: Shin Godzilla / Godzilla Resurgence

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Japón, 2016: Hiroki Hasegawa (Rando Yaguchi), Yutaka Takenouchi (Hideki Akasaka), Satomi Ishihara (Kayoko Ann Patterson)

Director – Hideaki Anno & Shinji Higuchi, Guión – Hideaki Anno

Trama: Se siente explosiones en la bahía de Tokio. El túnel subfluvial que pasa por la zona se encuentra destrozado e inundado, y las autoridades creen que se trata de un terremoto. Pero cuando surge una gigantesca criatura en el lugar, el gobierno comienza una serie de interminables reuniones para acordar una estrategia conjunta que proteja a la población y elimine la amenaza. Las autoridades han llamado Godzilla al monstruo e intentan atacarle pero la criatura siempre se interna en lugares densamente poblados y la evacuación es demasiado lenta como para dejar libre un óptimo campo de batalla. Luego de internarse en el mar, las autoridades japonesas son presionadas por los Estados Unidos – a través de la ONU – para que les dejen participar en la cacería del monstruo; y aunque se muestra reticente, el primer ministro decide acceder a las demandas de los norteamericanos. Pero Godzilla ha vuelto – habiendo mutado en una criatura gigantesca mas alta que un rascacielo – y su paso es devastación y muerte. Descubriendo la naturaleza radiactiva de la criatura, la única opción es derribarlo atacando la cabeza y las patas, pero el armamento militar tradicional se muestra inútil frente a la dura piel escamada del monstruo. Es en ese entonces cuando los Estados Unidos le dan un ultimátum a los japoneses, decididos a usar armas nucleares contra la criatura antes de que ésta arrase Japón y se dirija a otros continentes; pero la idea de un tercer bombardeo atómico sobre suelo japonés suena repulsiva y es por eso que el secretario político Rando Yaguchi y un grupo de expertos ha diseñado un plan para envenenar la sangre de Godzilla, introduciendo toneladas de coagulantes en su organismo. Pero… ¿cómo inyectar tanto material a un ser indestructible? Y, lo peor de todo, ¿cómo obtener la enorme cantidad que se necesita para que el plan funcione, sabiendo que los tiempos se acaban y el bombardeo atómico norteamericano tiene una fecha fijada de ejecución inminente?.

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Shin Godzilla (2016) Dicotomía. Esa naturaleza dual en donde dos elementos de una misma cuestión se comportan de manera diferenciada y hasta antagónica. Shin Godzilla (mal traducido como Godzilla Resurge, ya que Shin tiene múltiples acepciones y la mas adecuada – viendo el desarrollo del filme – sería Godzilla Dios, una fuerza imparable y destructiva que se abate sobre el pueblo japonés como una deidad vengativa) participa de esa lógica bivalente, en donde un montón de tipos pierden un montón de tiempo debatiendo qué hacer mientras allí afuera hay un monstruo indetenible y expeditivo. Drama versus acción, pathos versus espectáculo. Es posible que Shin Godzilla sea la mejor película de la saga después de la primigenia Godzilla 1954 debido a que regresa sus raíces dramáticas, las aggiorna y las reconstruye en un mundo moderno y digitalizado, en donde Japón aún lucha con los fantasmas (y demonios) de su propio pasado, los cuales parecen volver a materializarse ante la presencia de esta fuerza de la naturaleza tan devastadora como irremediable.

Ésta no es la típica película de Godzilla con dos tipos en trajes de goma agarrándose a los bifes. Acá no hay kaiju antagonista sino que es Godzilla versus el pueblo japonés… y cuando hay un solo monstruo en escena, la cuestión – para que funcione la premisa – debe ser desarrollada como una metáfora profunda, pensante e interesante. Al abandonar el esquema de “pelea de monstruos”, los objetivos de Shin Godzilla son otros. En el filme de 1954, se trataba de las heridas abiertas por el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, en donde el monstruo servía de excusa para que el pueblo japonés hiciera catarsis y debatiera sobre el peligro nuclear. Pero acá la agenda es mas compleja. El nuevo Godzilla no es mas que un Fukushima ambulante, y lo que muestran los directores Hideaki Anno y Shinji Higuchi (haciendo un tiro por elevación hacia la dirigencia política japonesa y el desmanejo de la crisis de las centrales nucleares del 2011) es que los gobernantes no sirven para nada. Se revuelcan en su propia ineficiencia, se enredan en su propia burocracia y fastidian decisiones lógicas al moverse bajo sus propios intereses. Ya sea porque demoran en tomar decisiones (y terminan aplicándolas demasiado tarde) o porque no desean dañar sectores densamente poblados mediante una acción militar imprescindible… lo que lastimaría sus aspiraciones electorales futuras. La primera parte – con el Primer Ministro portándose de manera reticente y mezquina – actúa como una sátira política. Algo así como el “¡no peleen en el salón de guerra!” de Kubrick en Doctor Strangelove, los politicos de Shin Godzilla dan vueltas evaluando daños – y enredados en su retórica – en vez de actuar de manera inmediata. Desde ya, hay un joven político llamado Rando Yaguchi, el cual es puro pragmatismo y cuyas sugerencias chocan contra la burocracia de la vieja dirigencia, deseosa de no correr riesgos innecesarios. La cosa cambia radicalmente cuando Godzilla arrasa medio Tokio y, con ello, liquida a casi todo el gabinete, dejando al gobierno japonés en un estado de indefensión y desconcierto, y en donde los fantasmas del intervencionismo estadounidense (camuflado bajo decisión de la ONU) se ciernen sobre la cúpula decisoria del país.

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Si la primera parte era una sátira sobre la burocracia e ineficiencia política frente al desastre, la segunda trata sobre patriotismo, humillación y pesadillas del pasado. El gobierno de emergencia – armado con los miembros supervivientes del gabinete – se maneja a los manotazos para frenar el avance de los militares – propios y ajenos -, los cuales no dudan en utilizar métodos radicales para exterminar la amenaza. La idea de un tercer bombardeo atómico en suelo nipón – y, para colmo, a manos de los norteamericanos – suena a afrenta. Los estadounidenses avanzan como quieren y el gobierno japonés, sumido en la desorganización y falta de recursos, no sabe como generar una alternativa. Mientras tanto Godzilla ha destruido ciudades a mansalva y, en el último ataque masivo de los militares – en donde el monstruo estrena su capacidad de emitir rayos atómicos desde la boca, la cresta y hasta de la cola – la criatura ha depletado su capacidad atómica, quedando en un estado latente hasta que regenere sus reservas (similar a lo que ocurría en Gamera, Attack of Legion). Un estudio dice que faltan 15 días para que Godzilla retome todo su poderío, y ése es el tiempo que cuentan los japoneses dirigidos por Yaguchi para demostrar que los nacionales pueden resolver esta cuestión por sí solos antes de que sobrevenga una intervención militar internacional. Ya no se trata de salvar vidas niponas, sino de mantener la independencia de la nación. La solución parece estar en la sangre del monstruo y en buscar la manera de envenenarla o coagularla, produciendo su congelamiento; pero el tiempo está en contra y el bombardeo atómico parece inevitable.

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Mientras que en otros filmes de Godzilla los personajes humanos estaban de relleno hasta la llegada de las secuencias de efectos especiales (o eran simples narradores / intérpretes de los sucesos que ocurrian entre los monstruos de turno), acá el elenco cumple un rol igual o mas importante que el del monstruo. Los villanos no son gigantescos engendros mutantes sino políticos y militares – ya sean radicales o incompetentes – que toman las peores decisiones para combatir a Godzilla y éste termina por exterminarlos. Lo que queda (entre los sobrevivientes) es un debate desesperado sobre nacionalismo e independencia; los recursos militares existentes son limitados e inútiles, la exterminación del pueblo japonés es una amenaza real y la economía está en jaque. Con el gobierno formado a las apuradas con los tipos que quedaron vivos y a mano (y que no son los mas capacitados para enfrentar una crisis de semejante magnitud, como ministros de agricultura o secretarios de tercera línea), el punto es ver si la nación se puede dar el orgullo de probar su propia solución (y en caso de falla, aceptar su destino y las fatales represalias de la criatura), o debe mostrarse servil y relegar a otras potencias extranjeras la solución militar que puede ser tan devastadora como el mismo Godzilla. Es en ese segmento de la película en donde se producen las discusiones mas intensas y apasionantes.

Shin Godzilla no es el típico filme pochoclero de la saga, con diversión barata y destrucción masiva inocua. Desde ya, la gran G da la nota en cada una de sus múltiples apariciones – es tanta la admiración que le tienen los directores Anno & Higuchi que se encargan de tratarlo como un carismático superhéroe (o supervillano); sea con sus pisadas masivas que generan trombas de viento capaces de arrancar las hojas de los árboles, o quedando sepultado bajo una decena de rascacielos detonados para atraparle; o comportándose con una ferocidad inusitada para la saga -, pero el tono es dramático, serio e intenso. Es tan inteligente el guión que uno pronto se olvida de la ausencia de otro kaiju antagonista – tipo King Ghidorah o Mothra -, y se engancha con la densidad de la historia, la cual funciona estrictamente bajo las leyes de la lógica y con los pies bien puestos en la tierra. Es una entrada radicalmente diferente a todo lo antes visto, y lo único que resulta semejante (en su tono dramático) es el original de 1954. Curiosamente el Godzilla de Anno & Higuchi abandona cualquier tipo de antecedente previo de la serie – en este universo Japón nunca ha sido atacado por un monstruo gigante hasta la aparición de Shin Godzilla en el 2016 -, y marca su propio terreno. Oh, sí, la inmortal partitura de Akira Ifukube está presente, pero es el único detalle nostálgico que los directores se permiten – además de la ausencia de otros kaiju tampoco están presentes los delirantes tanques de rayos láser o los cazas Super X de otras entradas de la saga -; todo lo demas está compuesto por tanques Abrams, helicópteros Apache, misiles Javelin… un universo completamente realista que se enfrenta – sin soluciones mágicas – a una amenaza gigantesca e imparable. Para colmo la criatura cambia de forma constantemente – como un lagarto gigante mutante cuyos órganos están a la vista y expelen sangre de manera soez; cambiando a una criatura bípeda de aspecto repulsivo; y llegando al estadío final, un dinosaurio mutante gigantesco y radiactivo que no duda en aniquilar todo lo que hay a su paso -, con lo cual las estrategias militares deben ser alteradas y hasta improvisadas sobre la marcha. Y cuando los militares deciden enfrentarlo, la acción se transforma en una gozada. No sólo porque este ser infernal es capaz de lanzar puentes enteros sobre flotas de tanques para aplastarlos en el impacto, sino porque se avalanza sobre rascacielos y los desploma como si fueran de cartón. La batalla final – que involucra cientos de drones armados hasta los dientes, escuadrones de trenes balas recargados de explosivos, y explosiones tácticas para sepultar a la gran G bajo miles de toneladas de escombros – es de una espectacularidad formidable, y termina humillando a la notable Godzilla norteamericana del 2014 por amplia goleada.

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Shin Godzilla es una película estupenda. No es para cualquiera, ya que el elemento pochoclero está atachado a un drama denso pero apasionante. Si usted compra la metáfora politica y el desarrollo dialogado, entonces será premiado con una trama inteligente plagada de secuencias de acción excepcionales. En esta ocasión los japoneses han humillado a su par hollywoodense y se han superado a sí mismos, dando a luz a un filme complejo y plagado de lecturas interesantes. Y aunque el diseño de Godzilla deje que desear en algunos momentos, su ferocidad compensa de sobra las falencias estéticas, dando a luz a un demonio gigantesco de maldad ilimitada que estaba ausente de las pantallas mundiales desde 1954.

LA SAGA DE GODZILLA

Los filmes de la saga de Godzilla son: Godzilla (1954), Godzilla Raids Again / Gigantis the Fire Monster (1955), Godzilla, Rey de los Monstruos! (1956), King Kong vs Godzilla (1962), Mothra vs Godzilla (1964), Ghidorah the Three-Headed Monster (1965), Monster Zero (1965), Godzilla contra los Monstruos del Mar (1966), Son of Godzilla (1968), Destroy All Monsters (1968), Godzilla’s Revenge (1969), Godzilla vs Hedorah (1971), Godzilla vs Gigan (1972), Godzilla vs Megalon (1973), Godzilla vs Mechagodzilla (1974), Terror de Mechagodzilla (1975), Godzilla 1985 (1984), Godzilla vs Biollante (1990), Godzilla vs King Ghidorah (1991), Godzilla vs Mothra: La Batalla por la Tierra (1992), Godzilla vs Mechagodzilla (1993), Godzilla vs Space Godzilla (1994), Godzilla vs Destoroyah (1995), Godzilla 2000 (1999), Godzilla vs Megaguirus (2000), Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (2001), Godzilla Against Mechagodzilla (2002), Godzilla: Tokyo SOS (2003), Godzilla: Final Wars (2004), Shin Godzilla (2016). Godzilla (1998) es la versión americana dirigida por Roland Emmerich; Godzilla (2014) es el reboot norteamericano dirigido por Gareth Edwards

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