AQN – Critica: Godzilla, King of the Monsters! (1956)

Godzilla, King of the Monsters! (1956): la version americanizada de Godzilla protagonizada por Raymond Burr. Critica de la pelicula

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Japón, 1956: Raymond Burr (Steve Martin), Takashi Shimura (Dr Kyohei Yamane), Momoko Kochi (Emiko Yamane), Akihiko Hirata (Dr Serizawa), Akira Takarada (Hideto Ogata)

Director – Terry Morse & Ishiro Honda, Guión – Al C. Ward, Ishiro Honda & Takeo Murata

Trama: Steve Martin es un periodista norteamericano que viaja desde El Cairo a Tokio para entrevistarse con su viejo amigo, el doctor Serizawa, quien ha hecho un revolucionario avance en el campo científico. Pero al llegar Martin es testigo del intenso revuelo provocado por una serie de inexplicables desapariciones de navíos en alta mar, los cuales hacen presagiar una amenaza que se cierne sobre el archipiélago japonés y que puede tocar tierra en cualquier momento. Debido a su amistad con Serizawa Martin se gana el favor de las autoridades, quienes le permiten presenciar la investigación del fenómeno en primerísimo plano. Así es como se convierte en testigo privilegiado de la primera aparición de una bestia gigantesca, la cual ha arrasado todo a su paso en la isla de Odo y ahora se dirige a Tokio. Y como el rastro que deja es radiactivo, todo hace suponer que se trata de una criatura prehistórica mutada por la masiva sucesión de pruebas nucleares realizadas al sur del Pacífico. Pero el monstruo – denominado Gojira por la prensa – resulta inmune a la artillería y otras armas pesadas, lo cual hace vislumbrar la peor de las suertes para la nación japonesa. Quizás allí entre a jugar el misterioso descubrimiento del doctor Serizawa… el cual lo guarda en el mayor de los secretos y le ha quitado el sueño desde el día en que se topó con él.

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        Godzilla, King of the Monsters! (1956) Siempre es bueno tener una excusa para revisitar un clásico que nos motiva; por ejemplo, la versión americana de Godzilla. Aunque se trata de una regurgitación mediocremente orquestada del original de 1954, la potencia de las imágenes creadas por Ishiro Honda sobrevive al dislate. No es un filme distinto pero sí uno sanitizado, especialmente de la responsabilidad de los norteamericanos respecto de los bombardeos atómicos – primero, de los ocurridos al final de la Segunda Guerra Mundial contra Japón; y, segundo, de la intensa campaña de pruebas nucleares practicada durante la década del cincuenta en el Pacífico Sur (y con devastadoras consecuencias para las poblaciones cercanas) -, lo cual mella su efectividad.

Es interesante analizar el génesis del filme. The Beast of 20.000 Fathoms (1953) marcó la cabecera de playa en el género de los monstruos gigantes que estaría de moda durante la década de los 50 y la Toho que venía haciendo sus propias versiones de los éxitos de la cartelera norteamericana de la época, como El Hombre H y Los Misterianos, recreaciones niponas de La Mancha Voraz y La Guerra de los Mundos – decidió armar su propia interpretación. Le encargó la historia al autor de ciencia ficción Shigeru Kayama, el cual se disparó con una trama de científicos locos y criaturas gigantes fuera de control que sonaba a aventura juvenil pasada de rosca. Cuando el script cayó en las manos de Ishiro Honda – un cineasta especializado en dramas y policiales -, éste decidió darle un giro realista y mucho mas dramático. Una de las cosas que más le habían impactado a Honda era el incidente del barco Lucky Dragon 5el cual se encontraba navegando dentro de la zona de seguridad circundante a un sitio de pruebas nucleares en Marzo de 1954, y que terminaría siendo alcanzado por la lluvia radiactiva producida por el test, ya que los norteamericanos alteraron substancialmente la potencia inicial de la bomba (de 5 a 15 kilotones!) sin notificar a nadie, un detalle que incrementaría radicalmente el rango de la zona afectada por sus secuelas; el resultado final fue el primer muerto por radiación atómica en tiempos de paz, además de contaminar severamente a la tripulación del navío -, y decidió incorporarlo a la trama. Otro cambio fue convertir al monstruo en una fuente de contaminación ambulante y devastadora, cuyo efecto fuera similar al de una bomba atómica explotando en cámara lenta. Ello se nota en la secuencia del ataque a la ciudad de Tokio, en donde la visión de la metrópoli arrasada no difiere demasiado de las imágenes obtenidas en Hiroshima y Nagasaki después del bombardeo nuclear de 1945, amén de que la mayoría de la población termina seriamente afectada por la radiación emitida por la criatura. Y el último punto era disparar dardos contra la comunidad científica responsable de la creación de la bomba atómica. Para Honda era inconcebible que alguien hubiera creado semejante dispositivo de horror y destrucción, y mantuviera su conciencia tranquila y libre de culpa; a final de cuentas ha alterado el mundo de manera irreversible y, como mínimo gesto de responsabilidad, debería haber perecido con su propia creación para llevarse el secreto a la tumba. Para Honda, Alan Oppenheimer debería haber muerto con la explosión del artefacto devastador que él mismo había creado, tal como decide hacer el doctor Serizawa en el climax del filme. Imaginen a Oppenheimer montado sobre la bomba nuclear lanzada sobre Hiroshima en 1945 (y evaporándose con ella), en una imagen similar a la jineteada atómica de Slim Pickens en la secuencia mas memorable del clásico de Stanley Kubrick Dr. Strangelove.

Mientras que los monstruos gigantes son espectáculos masivos y pochocleros, resultaba aberrante la idea de exhibir Godzilla 1954 sin alteraciones en las carteleras norteamericanas debido a su mensaje de mea culpa, un detalle que resultaría chocante para el público yanqui. Es por eso que decidieron rearmar el filme con escenas nuevas, contratando a un actor norteamericano de medio pelo para el protagónico, montando a las apuradas algunos sets y rodando secuencias con un montón de extras japoneses en cuestión de 6 días, amén de hacerle un intenso lifting en el cuarto de edición. El resultado final tuvo su repercusión y, aunque al principio le pareció un producto exploitation de mal gusto a la prensa norteamericana, con el tiempo la crítica y el público terminaron de paladearla y aceptarla. El rápido traspaso a la televisión le dió popularidad y le abrió las puertas a la Toho para la proyección de sus producciones en los mercados extranjeros.

Ciertamente el arreglo hecho por los americanos para Godzilla, King of the Monsters! no es el mas creíble del mundo. Raymond Burr es un periodista yanqui que conoce a los principales implicados en la trama, un detalle que sirve para abrirle las puertas y participar en eventos reservados sólo para las mas altas autoridades. El cómo llega a esto es un misterio. El tipo viaja a Japón para ver al doctor Serizawa, el cual le va a contar de su último invento … un detalle tan estúpido como contradictorio ya que el mismo es el dichoso destructor de oxigeno que terminará matando a Godzilla, y que se trata de una invención que atormenta al cientifico por lo cual la mantiene en secreto bajo siete llaves. Ni bien llega a la aduana un militar lo separa y lo lleva directo a la sala de prensa donde aparecen los primeros informes de Godzilla. Las secuencias con Burr mantienen siempre los mismos extras – o sea que el mismo flaco que vimos en la escena de la Aduana después aparece maquillado como uno de los nativos de la isla de Odo, etc -, y siempre vemos al actor con otro tipo comentando lo obvio mientras el periodista mordisquea su pipa. Hay algunos otros intentos de integración mas inspirados, como Burr hablando con dobles de Emiko, Serizawa, Yamane y Ogata, flacos que se paran de espaldas a la cámara y le hablan al americano como si fuera el Presidente del Universo. Como sea, pronto queda en evidencia que el recurso de la presencia de Burr es uno bastante limitado – no puede estar presente cuando Serizawa le presenta la bomba a Emiko, o cuado Ogata se va de romance con la muchacha -, con lo cual desaparece en la última hora y se reduce a un lacónico voice over mientras que el resto de llos caracteres nipones comienzan súbitamente a hablar inglés con una dicción perfecta.

Yo creo que el relato – reeditado, doblado y sin Raymond Burr – hubiera funcionado mucho mejor… pero, claro, los norteamericanos jamás irían a ver un filme que no estuviera estelarizado por un yanqui. El dato curioso es que toda esta manipulación no puede alterar el hecho de que el héroe termina siendo un japonés y no Burr, y que se trata de un sacrificio cometido para enmedar un horror producido por los americanos.

Godzilla, King of the Monsters! sigue siendo un muy buen filme, pero carece de la amargura e impacto del original. Aún con todo conserva su costado dramático y parte de sus subtextos, ya que una sanitización mas profunda (o un intento de hacerlo mas liviano) hubiera implicado rodar de nuevo el 75% del filme. Como sea, es una película de visión obligatoria para los amantes del kaiju eiga aunque en lo personal siempre defenderé a capa y espada la visión original de Ishiro Honda, en donde el mensaje del cineasta era emitido sin interferencias y con mucha mayor ferocidad.

LA SAGA DE GODZILLA

Los filmes de la saga de Godzilla son: Godzilla (1954), Godzilla Raids Again / Gigantis the Fire Monster (1955), Godzilla, Rey de los Monstruos! (1956), King Kong vs Godzilla (1962), Mothra vs Godzilla (1964), Ghidorah the Three-Headed Monster (1965), Monster Zero (1965), Godzilla contra los Monstruos del Mar (1966), Son of Godzilla (1968), Destroy All Monsters (1968), Godzilla’s Revenge (1969), Godzilla vs Hedorah (1971), Godzilla vs Gigan (1972), Godzilla vs Megalon (1973), Godzilla vs Mechagodzilla (1974), Terror de Mechagodzilla (1975), Godzilla 1985 (1984), Godzilla vs Biollante (1990), Godzilla vs King Ghidorah (1991), Godzilla vs Mothra: La Batalla por la Tierra (1992), Godzilla vs Mechagodzilla (1993), Godzilla vs Space Godzilla (1994), Godzilla vs Destoroyah (1995), Godzilla 2000 (1999), Godzilla vs Megaguirus (2000), Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (2001), Godzilla Against Mechagodzilla (2002), Godzilla: Tokyo SOS (2003), Godzilla: Final Wars (2004), Shin Godzilla (2016). Godzilla (1998) es la versión americana dirigida por Roland Emmerich; Godzilla (2014) es el reboot norteamericano dirigido por Gareth Edwards

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