AQN – Critica: Ex Machina (2015)

Ex Machina (2015): un androide de avanzada comienza a tener sentimientos humanos en este filme de Alex Garland (28 Dias Despues). Critica de la pelicula

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una crítica del film, por Alejandro Franco

GB, 2015: Domhnall Gleeson (Caleb Smith), Alicia Vikander (Ava), Oscar Isaac (Nathan), Sonoya Mizuno (Kyoko)

Director – Alex Garland, Guión – Alex Garland

Trama: Caleb Smith trabaja como programador en el centro de cómputos de uno de los buscadores mas importantes del mundo. Ahora ha ganado un sorteo, obteniendo la oportunidad de conocer en persona a Nathan Bateman – el genial fundador de la empresa y una de las mentes mas brillantes del planeta -, y pasar una semana en su companía. Pero al llegar – a un refugio secreto, subterráneo y ultratecnológico que Bateman posee en las montañas – se da cuenta de que su visita no es de placer, sino que ha sido seleccionado especialmente para un experimento que Nathan ha desarrollado en el mayor de los secretos: testear la inteligencia artificial de un robot prototipo – conocido como Ava – para determinar su independencia de criterio, la eficiencia de su razonamiento y, especialmente, su capacidad emotiva. Pero el muchacho queda impresionado con Ava desde el primer encuentro, y no pasa mucho tiempo antes de descubrir que se siente atraído por la androide. Al mismo tiempo Caleb empieza a percibir cosas oscuras en el comportamiento de Nathan, indicios que Ava termina por confirmar. Debatiéndose entre la fascinación por la experiencia, sus sentimientos por Ava y el latente resentimiento contra Nathan, Caleb se encuentra ante la dificil decisión de dejar que las cosas sigan su curso – y que Nathan eventualmente desarme y reconstruya a Ava en una versión superior, borrando todos sus recuerdos y cometiendo un acto que él juzga como asesinato -, o rebelarse contra el curso de acción que el destino ha marcado… una movida cuyas consecuencias son imposibles de anticipar.

    trailer de Ex Machina

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        Ex Machina (2015) Guau!. Esta ha sido una semana de películas de ciencia ficción inteligentes, y Ex Machina es la frutilla del postre. Es la criatura surgida del intelecto de Alex Garland, el autor y libretista que metió a Danny Boyle en el terreno de lo fantástico, y le ha dado alguno de los títulos mas apasionantes de su carrera como 28 Días Después y Sunshine, amén del libreto de Dredd y Nunca me Abandones. Ahora debuta en la silla del director – basando el filme en una historia propia – y da a luz una de las películas mas inteligentes de los últimos años, un filme que explora tema y debate ideas con inteligencia y gran altura. Aquí no hay disparos ni acción descerebrada sino un clima estático, propio de cine arte, en donde el deslumbramiento pasa por la profundidad de los diálogos y la densidad del clima conseguido.

En sí, Ex Machina bien podría funcionar como una obra de teatro. Las cosas se reducen a cuatro personajes, encerrados en una casa hipertecnologizada, en donde el dueño está realizando un experimento que bien podría cambiar el curso de la historia humana. Nathan Bateman es un millonario excéntrico con coeficiente de genio, una mezcla entre Bill Gates, Steve Jobs y la dupla de fundadores de Google, el cual está aprovechando su fortuna para llevar a la ciencia mas allá de los límites conocidos. Ha construído un robot – de aspecto femenino – y le ha provisto con la última versión de inteligencia artificial que ha desarrollado en su solitario refugio. La casa funciona como una auténtica fortaleza, alejada del mundo exterior, un castillo hipermoderno en donde nadie entra ni sale a menos que el millonario así lo decida.

Entra en este juego el frágil Caleb Smith, un programador brillante que trabaja para Nathan en uno de sus centros de cómputos. Caleb ha sido elegido para realizar un test de Turing una prueba en donde una persona interroga a un interlocutor anónimo y, de acuerdo a sus respuestas, deduce si se trata de una persona o una máquina – a Ava, su última versión de inteligencia artificial devenida androide. Ava es un prodigio de la tecnología: su cerebro está hecho de un gel plagado de microcircuitos electrónicos, posee un cuerpo esbelto dotado de abundantes transparencias (en el literal sentido de la palabra) y, en un toque de sensacional surrealismo, su inteligencia artificial ha sido construída a partir de los patrones de conducta exhibidos por los humanos al utilizar el motor de búsqueda de Nathan (sí amigos; Google va camino de dominar el mundo!; siempre lo dije…). La primera impresión es impactante: salvo por la exhibición de sus miembros robóticos, el resto de Ava se ve como una muchacha de aspecto frágil y emotivo, un ser sensible dotado de una palpable inteligencia. No pasa mucho tiempo antes que la sensualidad de Ava haga mella en Caleb y, viendo la conducta pragmática (y hasta amoral) de Nathan, comience a ponerse de lado de la androide. Si la prueba sale bien, Ava quedará aprobada y lista para la etapa siguiente: un upgrade, lo que implica reemplazar su cerebro con un modelo mas moderno y borrando sus recuerdos (y experiencia emotiva con Caleb) de un plumazo. Es una versión informatizada de la muerte, en donde Ava no tiene derecho a negarse o defenderse. ¿Acaso Ava es un simple producto que precisa mejorarse, o se trata de una entidad viviente dotada de sentimientos y la cual merece ser respetada en su integridad?.

Ex Machina está plagada de temas interesantes. Los personajes saben de lo que hablan, y es un duelo intelectual de gran altura. El millonario Nathan (en una buena perfomance de Oscar Isaac) no es necesariamente un villano sino un individuo empapado de curiosidad y pragmatismo puro. No entra en el síndrome de Frankensteincon otro individuo vanagloriándose de haber robado a Dios el poder de dar vida a un nuevo ser -, ni tampoco es el doctor Moreauel cual se porta de manera despótica con sus creaciones aberrantes, y sigue adelante con sus experimentos por su propia sinergia -; es mas bien como John Hammond (el millonario de Jurassic Park), el cual vió el estado de la tecnología, la probó, la mejoró, creó algo formidable y nunca se planteó si debía hacerlo (tal como decía el personaje de Jeff Goldblum en la memorable escena del debate durante la cena en aquella película). Bateman es, en todo caso, un amoral enamorado de su propio cerebro, de su habilidad para cruzar barreras del conocimiento, pero el cual nunca se plantea si eso es éticamente correcto. Si creas individuos vivientes dotados de sus propias emociones – y, lo que es peor, los has hecho de aspecto humano -, llega un punto en que debes respetarlos como entidades autónomas y conscientes. No es un robot con forma de tacho de basura, ni es un cobayo de laboratorio. Quizás el límite es muy fino y digno de debate, y por ello el libreto se encarga de ensalzar el lado oscuro del millonario con sus borracheras, la documentación de sus violentos experimentos previos, y el perverso descubrimiento que hace Domhnall Gleeson en su placard. No es necesariamente malvado pero si des-piadado, en el sentido de carente de emociones (o piedad) respecto de su accionar.

Lo de Domhnall Gleeson es harina de otro costal. Es un individuo que vive en la cuerda floja: intelectualmente brillante, emocionalmente débil. La primera sospecha que uno hace – pasada la media hora de filme – es que él mismo es un androide y que todo esto es una prueba a la inversa: Ava está testeando su capacidad de perfeccionamiento; pero después caemos en la cuenta de que su rol es el de alterar el delicado (y bizarro) equilibrio que Nathan mantiene en su mundo. El es el forastero que cambia el curso de la historia porque viene con una visión fresca y diferente a quienes han vivido encerrados en esa burbuja durante demasiado tiempo. ¿Es en realidad el héroe que rescata a la víctima, o es simplemente un marinero seducido por el canto de la sirena?.

El papel mas interesante es, sin lugar a dudas, el de Ava. La perfomance de Alicia Vikander es exquisita: inteligente, emotiva, frágil, sensual. Como la mujer pantera de la primera La Isla del Doctor Moreau, es un figura trágica, una creación a la cual no les está permitido decidir. El debate es, si el sentimiento es genuino o es una simple emulación de emociones. ¿Las máquinas pueden tener alma?. ¿O se trata de un proceso de imitación para pasar por humanos?. En otros casos de la ciencia ficción cinemática – léase Blade Runner -, los androides / clones son superiores (en fuerza e intelecto) a los humanos, pero se mueren de ganas por poseer sus sentimientos y su alma. Se esfuerzan por parecerse a una criatura imperfecta. (alerta spoilers) Aquí la operación desarrollada por Ava sólo aspira a la manipulación de la debilidad humana para obtener su propia libertad y, en todo caso, satisfacer su intelecto – sentarse en una esquina transitada, hacerse pasar como un humano aprovechando el anonimato ofrecido por las muchedumbres -. Si el hombre aspira a perfeccionarse – mejorando su físico, su cerebro, dotándose de implantes que realcen sus atributos -, quizás las máquinas conscientes aspiren también a un cambio de estado: nosotros queremos la perfección ilimitada de las máquinas, y ellas, a su vez, aspiran a nuestra fragilidad, nuestras emociones, nuestro gusto por lo intangible como es la belleza, el sabor, el arte, el amor, etc. Es descubrir a una entidad parecida a ellos, y querer ponerse en su situación para descubrir un mundo de sensaciones nuevas. En todo caso, lo de Ava es un acto de pura curiosidad: ella posee capacidad de sobra para anticipar los efectos de todas sus movidas pero, aún así, desea participar de esa experiencia suprema que es sentirse realmente humano por siquiera un instante (la limitada vida útil de sus baterías terminará con su existencia, tarde o temprano). Como los replicantes de Blade Runner, sólo quiere un momento de reconocimiento como un auténtico (e imperfecto) ser humano (fin spoilers).

Ex Machina es una película extremadamente brillante y bien construida. No es enteramente original – sus influencias datan desde el Hal 9000 de 2001, Odisea del Espacio, y siguendo por cuatro décadas de robots sentientes que han existido en la historia del cine – pero combina elementos preexistentes con sagacidad y modernidad, y da lugar a un debate de gran altura. Quizás el climax se ve algo forzado pero ello no opaca sus méritos, dando a luz una de las obras mas interesantes de los últimos tiempos.

 

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