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TRAMA
: Epoca de la Guerra Fría. Alec Leamas es el encargado
de la inteligencia británica en Berlín, y se encuentra
en medio de un operativo para recuperar a uno de sus espías
tras la cortina de hierro. Pero la misión fracasa y el agente
secreto es acribillado en la frontera, gracias a las acciones del
jefe del espionaje de Alemania Oriental Hans-Dieter Mundt, quien logra
abortar la fuga. Las autoridades de la inteligencia inglesa, Control
y George Smiley, citan a Leamas en Londres donde es reprendido y despedido
de su cargo. Leamas entra en una espiral descendente de depresión
y amargura, aceptando un pésimo trabajo como bibliotecario
y entregándose al alcohol. No pasará mucho tiempo antes
de que sea contactado por extraños personajes que dicen pertenecer
a una agencia de noticias y desean documentar sus memorias. Viajando
al continente, Leamas descubre que en realidad se tratan de espías
de Alemania Oriental que han operado para que el agente británico
deserte. La misión está comandada por Fiedler, el segundo
de Mundt, que se encuentra tras Leamas para obtener pruebas de éste
e incriminar a su jefe y hacerse cargo de la inteligencia alemana
pro sovietica. Pero en realidad se trata de un brillante operativo
de contraespionaje ideado por Control y Smiley para defenestrar a
su archienemigo Mundt, simulando la deserción de Leamas. Sin
embargo, las cosas no salen como lo esperado, y nada es lo que parece. |
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En los sesentas se desató la fiebre del
género de espías con toda la furia a causa de los filmes
de James Bond y, fundamentalmente, Goldfinger.
Inmediatamente los estudios de Hollywood salieron a vaciar las librerías,
intentando acceder a los derechos sobre novelas del género,
y produciendo una enorme camada de películas de espionaje.
Pero si bien James Bond es un espía de mundo, suave con las
mujeres, despiadado con los enemigos, y vive aventuras de fantasía,
lo que los productores hallaron es que existían muy pocos autores
que hubiera seguido ese patrón y que, por el contrario, perfilaban
sus historias en el más dramático realismo. A su vez
la Bondmanía pareció haber inspirado a dichos
novelistas a seguir una fuerte corriente opositora; lo que se dice,
la antítesis de 007. Entre
esos autores anti Bond se encontraban los británicos
Len Deighton (que diera a luz a Harry
Palmer) y John Le Carré. Le Carré (cuyo nombre
real es David John Moore Cornwell) parece surgido de los mismos
derroteros de Ian Fleming. Como el autor de James Bond, estudió
en Eton, fue agente secreto del Mi6 (aunque Le Carré
sirvió a la inteligencia británica en plena Guerra
Fría como agregado cultural en Alemania, una fachada que
duró poco ya que fue destruida por el doble agente Kim Philby
al pasarle una enorme lista de agentes ingleses y aliados a la KGB
en aquella época), y decidió aventurarse en el
mundo de la literatura de género tras su paso por los servicios
de inteligencia. Concretamente Le Carré no inventaría
un héroe específico sino una especie de orquestador
en las sombras, un cerebro estratégico que desarrollaría
los planes más intricados del Mi6 y que resultaría
su personaje más conocido: George Smiley. Smiley aparecería
como caracter secundario en varias novelas (como El Espía
que Surgió del Frío), y tendría el rol
central en varias de las más celebradas historias de Le Carré,
como El Topo, El Honorable Colegial o La Gente
de Smiley.
El Espía que Surgió del
Frío fue escrita en 1963, y rápidamente fue un
suceso de crítica y público. Le Carré pinta
un estilo estrictamente realista, amargo y despiadado del mundo
del espionaje durante la Guerra Fría, en donde los servicios
de inteligencia sovieticos y occidentales son idénticamente
amorales y crueles en sus métodos. Con la fiebre del cine
de espías, en 1965 llegó esta adaptación de
la novela a la pantalla grande producida por capitales ingleses.
Pero a pesar de lo aclamado del libro, la
transcripción a la pantalla no es tan prolija como debiera
ser. No es culpa del guión, que es más que adecuado
y capta con fidelidad el espíritu de la novela, sino que
la responsabilidad pasa por el director Martin Ritt y la perfomance
de Richard Burton. Ritt maneja tiempos realmente lentos en la primera
mitad de la película, lo cual contribuye a crear el clima
que la película necesita. Pero ni bien se produce la deserción
de Leamas, se comienzan a disparar un montón de datos a la
apurada que terminan por aturdir. Las secuencias entre Fiedler y
Leamas están muy bien desarrolladas en cuanto a la interacción
humana de los personajes, pero a la hora de explicitar los mecanismos
de la trama es un desastre. El alemán y el inglés
mantienen una respetuosa camaradería que está muy
bien lograda, pero todo el asunto de los supuestos pagos del Mi6
a Mundt como si fuera un doble agente están expuestos de
manera desprolija. El espectador se pierde un poco - no queda claro
de qué tratan las cartas que Leamas firma y que supuestamente
van dirigidas a un par de bancos, quienes habrían realizado
las transferencias de dinero mientras Mundt se encontraba en misión
en Gran Bretaña; ni cómo los bancos acceden a develar
datos tan secretos como éstos -; y del mismo modo sucede
con el supuesto juicio a Mundt, algo que parece irreal en el mundo
del espionaje soviético (si nos atenemos a las reglas del
género, que siempre los pintan como personajes expeditivos).
Allí con Fiedler, Mundt y Leamas en el estrado, partes acusadoras
y defensoras, y la aparición de la chica como testigo sorpresa,
la escena entera roza los límites de la credibilidad.
El otro lastre es la perfomance de Richard
Burton. Burton (a quien usualmente se lo incluye en el panteón
de los grandes actores británicos junto con Sir Laurence
Olivier, Sir John Gielgud o Sir Ralph Richardson), simplemente no
es adecuado. Es curioso notar como ese grupo de estrellas de la
actuación inglesa han aceptado roles horribles en el cine
mientras que su verdadera fama reside en sus perfomances shakespeareanas
sobre tablas. La interpretación de Burton tiene todos los
problemas de un intérprete de Shakespeare trasladado a un
entorno absolutamente distinto y ajeno; por momentos sobreactúa,
realiza largas pausas, grita estoicamente o cae en profundos y exagerados
estados depresivos. En ningún momento vemos a Burton como
un espía experimentado sino como un tipo absolutamente blando
y débil - incluso cuando el film saca a Leamas del abismo
y lo mete de regreso a su juego -. Así mismo las escenas
románticas con Claire Bloom están desarrolladas de
una manera extremadamente torpe con lo cual es difícil creer
que, a la posteriori, Leamas esté locamente enamorado
por la chica. Con Burton en el protagónico, es imposible
que la audiencia sienta algo de empatía por este personaje.
El final es extremadamente cínico
pero adecuado. El discurso final de Leamas es realmente muy bueno,
pero la blanda perfomance de Burton le quita impacto. Se puede concluir
que se trata de un buen film pero al cual le fallan un par de ingredientes
esenciales que precisaban más cocción.
3 CONNERYS : Una
aventura estrictamente realista y dramática en el mundo del
espionaje de la Guerra Fría de los años 60. La trama
es muy buena, pero algunas pifias de timing del director Ritt, la
blanda interpretación de Richard Burton y un par de escenas
mal orquestadas le quita brillo. |
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