AQN – Critica: Las Diabolicas (Les Diaboliques) (1955)

Las Diabolicas (1955): Vera Clouzot se confabula con la amante de su marido (Simone Signoret) para asesinar a este, en este clasico de suspenso del cine frances. Critica de la pelicula

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    Critica: LES DIABOLIQUES

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Francia, 1955 : Vera Clouzot (Christina Delassalle), Simone Signoret (Nicole Horner), Paul Meurisse (Michel Delassalle), Charles Vanel (Inspector Alfred Fichet), Michael Serrault (M. Raymond), Pierre Larquey (M. Drain)

Director – Henri-Georges Clouzot, Guión – Henri-Georges Clouzot & Jerome Geronimi, basados en la novela Aquella que no Está Más de Pierre Boileau & Thomas Narcejac

Trama: Michel Delassalle es un cruel déspota que rige con mano de hierro el colegio que heredó su mujer Christina – a la que maltrata sin piedad -, y se ufana desvergonzadamente del amorío que mantiene con Nicole Horner, una de las profesoras de la escuela y a la cual acostumbra golpear de manera periódica. La situación se ha vuelto tan extrema que la esposa y la amante de Michel se han vuelto amigas y han confabulado juntas durante todo este tiempo para matarlo. Puestas de acuerdo, le han tendido una trampa a Michel, inventado una excusa para hacerlo viajar a la comarca, y allí sedarlo y ahogarlo en una bañera. De regreso a Paris han volcado el cuerpo en la sucia piscina de la escuela, con la esperanza de que el cuerpo no fuera descubierto hasta el verano… pero una serie de circunstancias fortuitas han acortado los plazos y la pileta ha debido ser desagotada antes de tiempo. Pero el cuerpo de Michel ha desaparecido sin dejar rastro y, muy pronto, la pareja de homicidas comenzará a sufrir horas de desesperación… especialmente cuando numerosos testigos les cuenten que han visto a Michel rondar por los pasillos del colegio.

      trailer original en francés de Las Diabólicas  

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      Las Diabolicas Existen clásicos que operan como matrices históricas de toda una generación de filmes. Las Diabólicas es uno de ellos. Básicamente es una conspiración salpicada de toques sobrenaturales, en donde el fin primordial es que la víctima de turno cometa un determinado acto irracional después de un estudiado operativo para enloquecerla. Es una fórmula simple pero efectiva, que le da un espacio enorme al director para que se luzca en las escenas de suspenso, y que posee una estructura muy fácil para reciclar: basta cambiar un par de nombres, algunas situaciones, el sexo de los protagonistas, y podrán obtener en poco tiempo otro thriller efectivo sin romperse demasiado la sesera. Pero el componente fundamental es el aspecto seudo sobrenatural de todo el asunto: el muerto que vuelve de la tumba, o la presencia fantasmagórica que acosa al homicida. Sobre ese molde uno puede citar a decenas de filmes que han tomado – en mayor o menor medida – elementos de Las Diabólicas: basta con citar a Hush, Hush, Sweet Charlotte, pasando por una tonelada de filmes de William Castle, y llegando a Revelaciones (2000) de Robert Zemeckis. Hasta la misma Psicosis de Hitchcock (por no decir Vértigo, una historia que los autores de Les Diaboliques le hicieron a medida para complacer al director inglés) tiene ese giro de tuerca cuasi sobrenatural que, finalmente, termina siendo explicado en terminos mundanos – cuando no, científicos -: ¿se trata realmente de un fantasma, o es que el protagonista se está volviendo loco?.

Lo primero que salta a la vista es que Las Diabólicas está impregnada de un tenso clima hitchcockiano es sabido que el maestro del suspenso estuvo en un tris de adquirir los derechos sobre la novela -. En menos de cinco minutos establecemos la situación de los personajes y la conspiración para asesinar uno de ellos. Hay una enorme economía de medios – tres personajes, un par de escenarios, un coro de caracteres secundarios que sólo sirven para pintar de cuerpo entero a los protagonistas – que redunda en una gran eficiencia narrativa. Quzás el toque francés viene por el lado femenino – la esposa y la amante se hacen amigas, y juntas confabulan para deshacerse del marido ya que se trata de un individuo dominante e implacable -, el cual sería tolerable en la liberal Francia pero no en la conservadora Norteamérica. Imaginen ustedes a gente tan sobria como Ingrid Bergman y Grace Kelly (por poner las primeras actrices que se me ocurren y que se parecen fisicamente a las protagonistas de la película) jugando los roles de esta pareja de amorales, las cuales (a su vez) exhiben algún que otro subtexto lésbico. No sólo provocaría el rechazo del público de la época sino que también chocaría con las estrictas reglas del código Hays. Todo el relato exuda amoralidad por los cuatro costados y, en todo caso, lo que exime de la recriminación a la dupla Clouzot – Signoret es que la dupla de mujeres se enfrentan a un antagonista mucho más despreciable que el acto horrible que van a cometer.

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Ciertamente Clouzot no es Hitchcock y uno echa de menos alguno de los firuletes típicos que el maestro inglés podría haberse despachado con semejante relato; en todo caso el trabajo de Clouzot es veloz y eficiente, pero descansa la mayor parte de su efectividad en el imaginativo guión que le toca en suerte. Es un libreto plagado de situaciones de alta tensión – drogar al malvado protagonista … aunque la esposa dude a último momento de darle el vaso de whisky intoxicado; el complicado proceso de deshacerse del cadáver en mitad del colegio a medianoche; el suspenso por el descubrimiento fortuito del cuerpo… el cual nunca aparece; y todas las pruebas sobrecogedoras de que alguien (¿el mismo muerto?) está rondado el lugar y utiliza las cosas del desaparecido – que está resueltas de manera brillante. Quizás la inclusión del personaje del detective retirado se vea algo forzada, pero el resto es formidable. El climax es impresionante, aún cuando uno – con los kilómetros de celuloide que carga sobre sus espaldas – lo vea venir desde lejos. Creo que es una de las muertes más shockeantes y realistas que he visto en el cine en mucho tiempo.

Es curioso notar cómo el agua juega un papel fundamental en toda la historia. En general el agua se suele asociar con el nacimiento y el bautismo – el cual no es sino el nacimiento a una nueva religión -. Aquí el agua es una suerte de rito de pasaje en donde el factor desequilibrante – el marido – pasa a otro plano, y las protagonistas quedan en soledad, siendo acosadas por sus propias conciencias. Cuando esa puerta se abre nuevamente, es en sentido inverso: una persona regresa de la muerte y otra se va, cerrando el proceso de expiación de sus propias culpas. También es cierto que las personas que quedan en medio de ese proceso de apertura y cierre de puertas – la esposa y la amante – carecen de integridad moral como para resultar rescatables: nada les impedía que tomaran el Citroen 2CV y se perdieran en la campiña francesa, lejos del individuo que las torturaba. En todo caso la Signoret y la Clouzot reciben su merecido por elegir la opción más fácil (pero violenta) para mantener la vida que estaban llevando, y quizás iniciar la reprimida relación lésbica que el guión no se atreve a reforzar (aunque la espantosa remake de Jeremiah Chechik deja en evidencia sin demasiados miramientos). A final de cuentas, si la Signoret colabora en el complot del asesinato es porque desea quedarse con el “puesto” del marido de la Clouzot.

Las Diabólicas es un gran filme. Las actuaciones son muy buenas aunque no sobresalientes – Vera Clouzot parece una versión más fresca y femenina de la Garbo (una lástima que repitiera la historia del filme en la vida real y falleciera del corazón a los 46 años de edad), y compone a su personaje como una mujer común y decidida, con raptos de flaqueza cuando debe lidiar con un monstruo al que le teme; por contra, la Signoret es algo estoica pero quizás sea eso lo que requiere el papel (uno llega a la conclusión que, si no fuera por el déspota del marido, estas dos mujeres jamás hubieran sido amigas en la vida real); y el mejor de todos es Paul Meurisse, el que destila egoísmo y crueldad por todos los poros, pero lo camufla bajo una radiante máscara de falsa caballerosidad -; la dirección es eficiente, pero quizás no es florida. La gracia reside sin dudas en el libreto y, al mezclarse con buenos ingredientes, el producto final es muy superior a la suma de sus partes; porque, como en el fútbol, uno no precisa tener un puñado de cracks para brillar sino simplemente un equipo de gente idónea, que sea eficiente y trabaje en grupo, y por lo cual logra obtener resultados memorables.

   

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