Critica: Cleopatra Jones y el Casino de Oro (1975)

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una crítica del film, por Alejandro Franco – 4 / 5

calificación 4/5: muy buena USA / Hong Kong, 1975 : Intérpretes : Tamara Dobson (Cleopatra Jones), Stella Stevens (Bianca Javin / Dama Dragón), Ni Tien (Mi Ling Fong), Norman Fell (Stanley Nagel), Albert Popwell (Matthew Johnson), Caro Kenyatta (Melvin Johnson), Shen Chan (Soo Da Chen), Christopher Hunt (Méndez)

Director: Charles Bail – Guión: William Tennant, basado en los personajes creados por Max Julien

Trama : Matthew y Melvin Johnson son dos agentes encubiertos que viajan a Hong Kong para develar una red de narcotraficantes, haciéndose pasar por compradores de droga. Pero al momento de cerrar una importante operación, se ven envueltos en una enorme balacera y son apresados por la Dama Dragón, jefa del hampa local en Hong Kong y Macao. Mientras averiguan la veracidad de sus antecedentes el dúo es enclaustrado en el Casino de Oro en Macao. Ahora su jefa en el servicio de inteligencia, Cleopatra Jones, ha llegado a Hong Kong para averiguar su paradero; y, con la ayuda de una agencia local de detectives, trazará el rastro hasta el Casino de Oro. Pero el sitio está custodiado por un ejército de asesinos a las órdenes de la Dama Dragón, y la tarea de liberarlos será prácticamente imposible.

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Cleopatra Jones y el Casino de Oro (1975)Tomen cualquier trama, agréguenle dos toneladas de fanfarronadas a los parlamentos del personaje principal, y obtendrán automáticamente un blaxploitationuna aventura de acción protagonizada por morenos -. El blaxploitation explotó en toda su furia gracias a la popularidad de Shaft (1971), y sirvió para inundar las pantallas de los cines durante el resto de la década. Eran, también, los años posteriores a una década caliente en donde la lucha de los afroamericanos por la igualdad de derechos había culminado con violentas protestas civiles y el asesinato de los líderes políticos de la comunidad, como Martin Luther King y Malcolm X. En los setentas los afroamericanos hicieron una gigantesca catarsis y se despacharon con la reivindicación de su raza, lo que dió pie a la proliferación de héroes de color. El éxito del blaxploitation se extendió a todos los géneros, aún hasta los más inverosímiles, existiendo versiones negras de Drácula, Frankenstein, Jeckyll y Hyde, y el Hombre Lobo. Hubo detectives privados negros, hubo superhéroes negros, hubo karatecas negros y, por supuesto, hubo agentes secretos negros. Ciertamente Cleopatra Jones debería caer dentro de los límites del policial pero piensen en esto: bella agente de la justicia, que pelea y dispara como los dioses, que viaja por todo el mundo, y que debe enfrentar a un descomunal villano culminando con la explosión de su guarida secreta … ¿no les suena demasiado parecido a la trama típica de un filme de 007?

Cleopatra Jones figura aquí como agente de una organización desconocida (Interpol?), que viaja a Hong Kong para salvarle las papas del fuego a sus amigos de la infancia y compañeros de oficio Matthew y Melvin Johnson. Hay un jefe inoperante (Norman Fell, cuyo rostro lo dice todo) que no la puede controlar, y la morena empieza a meterse en un lío tras otro, descubriendo pistas que la llevan hasta el Casino de Oro, un lujoso pero siniestro reducto controlado con mano de hierro por Stella Stevens. La Stevens no sólo es mala, bonita y despiadada sino que es lesbiana y maneja la espada como nadie (como para que no queden dudas de que hay un subtexto sexual en todo esto). Enfréntenla a Tamara Dobson – enfundada en una ajustada mallita – y dejen a la febril imaginación masculina elucubrar el resto.

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Hay que admitir que, para disfrutar Cleopatra Jones y el Casino de Oro como corresponde, hay que apagar la mayoría de las funciones lógicas del cerebro. Comenzando por Tamara Dobson, una morena vestida con tules de colores flúo y maquillajes platinados, que parece un travesti de dos metros de altura (por lo que presumo que Cleopatra Jones y el Casino de Oro debe ser objeto de culto en la comunidad gay), y que es la persona menos indicada para pasar desapercibida en una ciudad poblada de chinos que apenas llegan al metro y medio. No hay vestido que le dure a la Dobson más de dos escenas seguidas, y todos son tan discretos como un traje de comparsa del carnaval carioca. Hay algo tan deliciosamente absurdo en ver a una morena gigante corriendo por las calles de una ciudad asiática, con sus enormes zuecos y sus tules fosforecentes, que me hace acordar a Nick Fury el agente secreto de la Marvel que usaba uniforme colorinche, tenía un parche en el ojo y masticaba habanos -. Por favor, que alguien le pregunte al guionista qué parte es la que no entendió de “agente secreto”. Pero si uno se abstrae de semejante ridiculez, podrá comprobar que Cleopatra Jones y el Casino de Oro es una aventura muy entretenida. Ok, es muy tonta, pero es muy movida.

La trama es muy típica; nuestra heroína debe ir del punto A al punto B, y matar / interrogar a todas las personas que encuentre en el medio. Cuando llegue a B, debe encender la mecha para explotar todo y así proveer al film de un grand finale. El encadenamiento de las etapas intermedias es bastante lineal, no hay ninguna intriga, y ni siquiera da la impresión de que nuestros héroes estén pasando algún apuro ya que fanfarronean todo el tiempo. Hay tiros, hay muchas peleas (al menos en esta ocasión la Dobson parece bastante competente en ese aspecto), y hay muchos disparates. Pero, ¿a quién le importa si la trama no gana un Oscar?.

Y aún con todo su caudal de tonterías, Cleopatra Jones y el Casino de Oro es diversión sólida. La dirección es muy buena, los secundarios están más que ok (en especial la eficiente Ni Tien), y no hay tiempos muertos como para que uno se aburra o piense en los agujeros gigantes de la trama. ¿Qué más se le puede pedir a una película pochoclera?

4 CONNERYS : Una agente secreta con discreción cero. Pero hay una buena villana, sólidos secundarios y muy buenas peleas además de que el ritmo no decae nunca. La trama es tonta y demasiado lineal, pero la buena dirección la transforma en un entretenimiento más que potable.

CLEOPATRA JONES

Cleopatra Jones (1973) – Cleopatra Jones y el Casino de Oro (1975)

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