AQN – Critica: Los Locos del Cannonball II (1984)

Los Locos del Cannonball II: regresan Burt Reynolds y Dom DeLuise en otra carrera de locos junto a Frank Sinatra, Ricardo Montalban y Telly Savalas. Critica del film

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    Critica: CANNONBALL RUN II

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1984 : Burt Reynolds (J.J. McClure), Dom DeLuise (Victor Prinzim / Capitan Caos / Don Canneloni), Dean Martin (Jamie Blake), Sammy Davis Jr ( Morris Fenderbaum), Jamie Farr (Sheik), Marilu Henner (Betty), Telly Savalas (Hymie Kaplan), Shirley MacLaine (Veronica)

Director – Hal Needham, Guión – Hal Needham, Albert S. Ruddy y Harvey Miller, Musica – Al Capps

Trama: El sheik es retado por su padre, ya que perdió la última edición de la carrera de Cannonball. Decidido a ganarla, organiza una nueva e imprevista carrera con un premio de un millón de dolares, y otra vez se anotan un montón de perdedores – entre ellos, los viejos amigos J.J. y Victor, y el duo de estafadores de Blake y Fenderbaum -. Precisamente uno de los prestamistas de Fenderbaum se ha enterado del evento; y presionado por el capo mafioso Hymie Kaplan a que pague sus deudas en 48 horas, no tendrá mejor idea que secuestrar al sheik y exigir rescate. Pero J.J., Victor, los estafadores y Frank Sinatra acudirán al auxilio del magnate árabe justo sobre su peor hora.

    trailer de Los Locos del Cannonball II  

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  Los Locos del Cannonball II Esta es la secuela del éxito de taquilla The Cannonball Run de 1981. Entre la fascinación del público por los autos veloces, y el cholulaje de la audiencia por ver a las estrellas en tono de broma produjeron que un film tan mediocre como la entrega anterior tuviera una buena recaudación y pusieran en marcha una secuela. En este caso, aquí figuran como productores el estudio de Hong Kong Golden Harvest, quien olfateó la posibilidad de introducir a su estrella Jackie Chan en el mercado norteamericano. Pero no sería hasta 1998 y Rush Hour que Chan conseguiría seducir a las masas yanquis (antes de eso, sus films de hechos en Hong Kong quedaban relegados para un pequeño grupo de fans).

Quizás uno estuviera en un mal día, pero la opinión que me merece Cannonbal Run II es que resulta marginalmente superior a la original, aún sin llegar a ser un film medianamente potable. Es una película de fin de semana con amigos, hecho con cachets irrisorios y simplemente para pasar un buen momento de rodaje. Así fue como le vendieron la idea Dean Martin y Sammy Davis Jr a su viejo amigo Frank Sinatra, que realiza un cameo en el film (en un rodaje obviamente trucado, donde nunca los actores se encuentran en el mismo plano con la Voz de Oro).

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El tema aquí no pasa por la falta de argumento, sino por la falta de gracia. Cannonball Run II parece una película argentina de los 80, donde hay decenas de figuras con un bolo de cinco minutos, libreto cero y pura improvisación. Mientras que en la película anterior Burt Reynolds y Dom De Luise ponían algo de ganas, aquí resultan insufribles (al menos De Luise se redime con una imitación de El Padrino de Brando), y terminan eclipsados por cualquiera del elenco que los rodea. Para empezar por Ricardo Montalban en el inicio con una sobreactuación sideral; está Doug McClure (obviamente sin trabajo y cada día más parecido al Troy Mc Clure de Los Simpson, obviamente inspirado en el actor: “Hola! ¿Me recuerdan? Yo trabajé en El Virginiano y En El Centro de la Tierra…”) en un papel tristísimo; Tony Danza, que pasa por la película sin pena ni gloria; Telly Savalas, que para esa altura ya se reía de su propia imagen; y Shirley MacLaine, que le pone gracia pero debe ser un film que debe haber borrado de su curriculum. El peor ofensor de todos es Charles Nelson Reilly como Don Don Canneloni, que es atroz.

Al menos el sheik y los mafiosos le ponen algo de ritmo, y Hal Needham no se duerme mostrando acrobacias. Pero sigue siendo una comedia tonta, para pasar un rato sin desgaste de neuronas, y que tiene un poco más de agilidad que la primera parte. Esto no impediría que hubiera una tercera secuela (Cannonball Run III: Speed Zone) en 1989, con muchas menos luminarias y que pasaría desapercibida en la taquilla.

   

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