AQN – Critica: Cromosoma 3 (The Brood) (1979)

Cromosoma 3 (The Brood): un sicologo logra que sus pacientes materializan sus temores en este inquietante filme de David Cronenberg. Critica de la pelicula

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    Critica: THE BROOD

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una crítica del film, por Alejandro Franco

Canadá, 1979 : Art Hindle (Frank Carveth), Oliver Reed (Dr Hal Raglan), Samantha Eggar (Nola Carveth), Cindy Hinds (Candy Carveth), Susan Hogan (Ruth Meyer), Gary McKeehan (Mike Trellan), Robert Silverman (Jan Hartog)

Director – David Cronenberg, Guión – David Cronenberg

Trama: El matrimonio de Frank y Nola Carveth está pasando por serios problemas, y la mujer termina internada en el instituto de técnicas experimentales siquiátricas del Dr. Hal Raglan. Frank ha descubierto que su esposa ha abusado físicamente de su hija y Raglan comienza a tratarla por ello, descubriendo vestigios de un pasado violento por parte de los padres de Nola. La técnica que utiliza Raglan – conocida como psicoplasma – permite a los pacientes materializar su odio a través de manifestaciones corporales como llagas y pústulas; pero la furia que reside en Nola ha comenzado a generar criaturas deformes, las cuales han comenzado a asesinar de manera brutal a aquellos a quien considera sus enemigos.

    trailer de The Brood  

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  Cromosoma 3 (The Brood) Después de Rabia (1976), la siguiente película de género que acometió David Cronenberg fue Cromosoma 3 (traducción demasiado libre de The BroodLa Cría -). Tal como Andrej Zulawski con Posesión, Cronenberg utilizó el cine como catarsis para las broncas internas que debió padecer durante el traumático proceso de divorcio que estaba pasando en ese momento. Al menos con el canadiense los resultados son mucho más inteligentes y tétricos que con la idiotez de Zulawski.

Hay algo de cierto en toda la teoría sobre la que se centra The Brood, de que las personas materializan (sicomatizan) sus sentimientos. Después de todo, las grandes amarguras y los grandes odios disparan enfermedades como el cáncer (o al menos disminuyen las defensas del organismo y dejan vía libre a las enfermedades). Pero aquí Cronenberg lleva este punto a un grado extremo. Durante gran parte del filme la premisa sigue por el carril antes mencionado – el ex paciente que visita Art Hindle y cuyo odio le despertó un cáncer en el cuello; el hombre lleno de pústulas por su amarga relación con su padre -, lo cual resulta creíble. Durante esos momentos es que la película funciona como una especie de obra de teatro experimental, con gente interpretando sicodramas, cayendo en estados alternativos de consciencia sin necesidad de hipnosis, y disparando exagerados histrionismos.

Donde el film flaquea un poco es con las criaturas de marras, que son engendradas a partir del odio de Samantha Eggar. Ciertamente Eggar es una sicótica egocéntrica y detestable desde el primer fotograma en que aparece, pero el tema de que sus monstruitos del inconsciente vistan ropas para el frío y sepan exactamente donde encontrar a sus víctimas es algo medio traído de los pelos – el filme se encarga de dar una explicación al respecto cerca del final, mostrando los barracones del Dr. Raglan -. En donde Cronenberg compensa lo cuestionable de los monstruos de turno es con su excelente dirección para las escenas de shock, las que provocan más de un salto. El ataque inicial en la cocina de la madre de Nola, la secuencia en la escuela, y por supuesto el excelente climax terminan por equilibrar otros momentos más bobos como el de la autopsia de una de las criaturas.

Es interesante ver como Cronenberg ha tratado el sindrome de Frankenstein a través de su propia óptica. En ese sentido Oliver Reed no es el tradicional científico demente, sino un individuo fascinado por el procedimiento científico que ha inventado. No es una persona enamorada de su criatura – no hay interés romántico con Eggar -, sino que lo suyo pasa por un aspecto puramente intelectual. El tema es que él se ha topado con una persona cuyos poderes superan a lo controlable, y aún así decide seguir adelante hasta ver cúal es el final. Si bien al principio Reed se ve como un amoral, su personaje termina mostrando que aún mantiene códigos de conducta y ética, y sabe cuándo ha pasado el límite para generar más daño que beneficio – la presencia de la niña de los Carveth en los barracones marca ese límite -. Por contra, Samantha Eggar no es el mal en persona, sino una mujer que ha sido brutalmente traumatizada y que su relación con el mundo se define en términos de neutralidad y odio, precisamente porque anticipa que tal o cual individuo puede llegar a lastimarla. No es un monstruo patético y unidimensional, sino una víctima del abuso que termina por generar nuestra pena. Las cosas se salen de control cuando ella cae en un estado sicótico en donde cualquiera es enemigo, con lo cual se demuestra que la vía terapeútica que ha elegido Oliver Reed ha fallado – algo que el personaje había anticipado cuando le dice al marido “si ve a otra persona que no sea yo en este momento, su mente puede caer en la locura de manera irremediable” -.

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Y por supuesto está la materialización de dicho odio. Lo que uno termina por cuestionar es lo standard de los monstruos (son enanos deformes vestidos con ropa de calle, en vez de engendros en carne viva al estilo Alien), quizás por una elección artística para que ellos puedan moverse entre nosotros de manera desapercibida – como en la secuencia de la escuela -. Los ataques están más que ok, y el climax es inquietante.(alerta: spoilers). La polémica escena en que Samantha Eggar lame a la criatura recién nacida es estremecedora, y es propia del fetichismo orgánico de Cronenberg. Precisamente el director ha cuestionado duramente la decisión de la censura británica de cortar dicha escena, ya que – según él – la platea ahora puede pensar que Eggar se ha devorado a su bebé … lo cual resulta mucho más monstruoso y desagradable que la idea inicial de que lo limpiara de manera amorosa. (fin spoilers).

The Brood es Cronenberg de alta calidad. Hay algunas pifias conceptuales con el tema de los monstruos, pero el resto es impecable. Cronenberg seguiría con Scanners (1981), con lo cual obtendría fama y poder artístico como para comenzar a desarrollar proyectos más grandes, sólo que esta vez en Hollywood.

  DAVID CRONENBERG En este portal hemos comentado algunos filmes de la obra de Cronenberg: Rabia (1976), The Brood (1979), Scanners, Amos de la Muerte (1981), La Zona Muerta (1983), Videodrome, Cuerpos Invadidos (1983), La Mosca (1986), Almuerzo Desnudo (1991), eXistenZ (1999)    

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