AQN – Critica: The Bamboo Saucer (1968)

The Bamboo Saucer (1968): una mision secreta norteamericana va tras un platillo volador estrellado en suelo chino. Critica de la pelicula

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    Critica: The Bamboo Saucer Critica: The Bamboo Saucer

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1968: John Ericson (Fred Norwood), Lois Nettleton (Anna Karachev), Dan Duryea (Hank Peters), Bernard Fox (Ephram), James Hong (Archibald)

Director – Frank Telford, Guión – Frank Telford

Trama: Fred Norwood es un piloto está testeando un avión experimental. En el vuelo de inauguración se topa con un OVNI, el cual pone en peligro la nave. Al regresar a tierra nadie le cree, razón por la cual queda desvinculado de su puesto. Pero el operativo de inteligencia Hank Peters se ha enterado y confía en el relato de Norwood, razón por la cual decide reclutarlo para una misión secreta: incursionar en un desolado paraje de la China comunista donde un platillo volador se ha estrellado. Deseando apoderarse de sus secretos y su tecnología, el grupo parte con un grupo de militares y especialistas pero, al llegar, se topan con una misión similar compuesta por rusos. En vez de pelear entre ellos deciden armar una alianza temporal y develar los secretos de la nave extraterrestre… pero las fuerzas chinas están al tanto de sus movimientos, y han mandado una división a detenerlos. Escasos de tiempo y armas, rusos y yanquis deberán resistir como pueden… mientras Norwood intenta develar el funcionamiento del platillo volador, ya que hacerlo volar sería la única manera de poder escapar con vida de la refriega.

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    The Bamboo Saucer (1968) El Platillo de Bambú es una verdadera rareza. Es cine serie B (o Z, ya que lo paupérrimo de los decorados me hacen acordar a los filmes de Ed Wood Jr.) con una idea intrigante y una ejecución pésima. La premisa – equipo norteamericano va a capturar platillo volador estrellado en un pueblito perdido de la China Roja – suena a formidable aventura, lástima que el director y el casting apestan. Y el libreto le va en saga, porque sólo vomita un cliché tras otro sin demasiada convicción hasta el climax que mas o menos compensa las expectativas.

El comienzo es patético. Dos tipos ven stock footage del despegue de un Starfighter F-104 (lo conozco porque es el único avión que tengo en mi colección de autitos en miniatura!) como si fuera por una ventana. La cámara cambia el ángulo (pero no el filme que proyectan en pantalla trasera, con lo cual el avión se ve gigantesco y a punto de estrellarse contra los reporteros), los periodistas hablan pavadas y el comandante de misión – que tiene un salón enorme para deambular – decide cruzarse por el único punto atestado de gente (o sea, en medio de todos los reporteros que están grabando sus notas) y vomitando la repetitiva “sin comentarios. El F-104 no es tal sino un supuesto hiper caza de combate que está en sus pruebas iniciales. Dos pilotos testean la nave, entre ellos el nardo de John Ericson (un tipo que vivió toda la vida en la serie B e hizo varias de Euroespias en la época en que James Bond estaba de moda). Lo que sigue parece escrito por un nene de 10 años: Ericson ve un platillo volador, el idiota del compañero se hace el distraído para no pasar vergüenza, el jefe de la misión lo reprende porque hizo maniobras locas para esquivarlo, el moreno que manejaba el radar no avala el relato de Ericson porque justo se le rompió el aparato en ese momento. Es tan, tan horrible esa escena, plena de actuaciones espantosas y patéticos primeros planos. Las cosas no mejoran cuando un pope del servicio secreto de Washington (Dan Duryea, otro temible actor envuelto en engendros como éstos; ¿les conté que hizo un western donde iba con una mina en una carreta y lo perseguía todo el tiempo un montón de stock footage sacado de películas de indios??; sólo había dos tipos en toda la película!) lo llama porque lo considera un “experto”. Claro, si yo veo como lanzan un cohete al espacio, deberían considerarme ingeniero nuclear.

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Duryea arma un equipo con un par de especialistas (entre ellos un metalúrgico!! – la UOM dice presente -) y caen en China donde se encuentran con su contacto local (James Hong, que hace de chino llamado Sam Archibald!!!!!; “a ver chicos: me dijeron que en esta aldea china hay un espia infiltrado: veamos la lista: Kim Chang, Ling Dong, … Sam Archibald!”) y van a la aldea donde está el platillo. Al parecer los marcianos bajaron a hacer pichí, se olvidaron que el aire de la Tierra les hacía mal, se murieron y, como se descompusieron rápido, los enterraron por ahí. Como son los 60’s, los poco potentes radares chinos no descubrieron la movida del OVNI… aunque sí lo hicieron los rusos, que mandaron a un par de tipos con cara de malos y una rubia que está re buena y le hace juego de luces a Ericson. Yanquis y rusos hacen una alianza temporal y mientras investigan el platillo, detectan que millones de soldados chinos se dirigen hacia el lugar.

Mientras que los diálogos de Duryea y el ruso son espantosos, otras ocurrencias del libreto le hacen juego, como abrir la puerta secreta del OVNI usando el ruido… de una afeitadora eléctrica. Aún con todo eso The Bamboo Saucer ejerce cierta fascinación que te hace olvidar de los horrores del guión, simplemente porque es de los pocos filmes que habia hasta esa época que te mostraban el interior de un plato volador. Me hace acordar a Hangar 18 ésa en donde el ejército tenía retenido un OVNI y estás todo el tiempo tolerando sandeces y esperando ver qué que va a pasar cuando activen el platillo volador -, ya que acá ocurre lo mismo. Es precisamente el climax en donde The Bamboo Saucer se convierte en una película pasable y hasta interesante, ya que los escasos supervivientes del tiroteo con las fuerzas chinas se ven obligados a subir y volar el OVNI para poder escapar. Como Ericson es piloto (!) (aunque de qué le sirve si nunca voló un OVNI) intenta manejar el aparato pero éste entra en piloto automático y tienen que descifrar qué botones tocar antes que la nave los lleve al hogar de los aliens… el cual parece estar en Saturno.

The Bamboo Saucer es una torpe película de matineé que vale el precio de la admisión por los 10 minutos finales. Es más, ahora si la encuentra en YouTube puede hacer fast forward hasta el final, y salvarse de tragar toda la bazofia previa. Es mediocre pero al menos tiene un final original y medianamente interesante, el cual es el único detalle que la salva del total olvido.

   

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