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Esta es la tercera (y hasta el momento, última)
entrega de la saga de Austin Powers. La serie comenzó de manera
muy fuerte, con una película
innovadora que mezclaba un cálido homenaje a los bizarros
filmes de espías de los 60 con un chispeante humor basado en
lo ridículo de los clisés del género. The
Spy Who Shagged Me fue la secuela, algo menos inspirada, en donde
el intérprete y creador de la saga - Mike Myers - se atrevía
a dar más vuelo al universo que había creado, pero alejándose
de las raíces que habían convertido en éxito
al personaje. En especial, el atroz personaje de Fat Bastard arruinaba
el clima amable del filme, cuando no se repetía hasta el cansancio
varios de sus gags. Pero en la tercera
entrega todo parece demostrar que la fuente se ha agotado. Sólo
hay una secuencia memorable en el film y son los minutos iniciales,
con el impresionante desfile de cameos de amigos de Myers (Tom Cruise,
Steven Spielberg, Danny Devito, etc) haciendo la versión
en celuloide de la vida del agente secreto. Lo que sigue es una
pronunciada pendiente cuesta abajo que el filme no termina de remontar
jamás. Hay algunas señales que parecen indicar que
Myers leyó la crítica del anterior filme - Fat Bastard
termina siendo radiado a escasos minutos de escena, y aparece Michael
Caine (el otrora espía competidor de Bond en los sesenta
en su personaje de Harry Palmer) como padre de Powers. Pero
el ego de Myers es enorme y termina siendo auto indulgente, robando
tiempo de pantalla para sí mismo a costa de toda la troupe
de los filmes pasados - número 2, Scott Evil, Frau Farbissina,
etc - que eran los que hacían un excelente coro de fondo.
No solo Myers termina por saturar con los chistes de siempre, sino
que sigue insistiendo en el humor escatológico, en las repeticiones
de frases, y en repetir esquemas ya gastados a esta altura.
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| Michael
Caine se pregunta para qué aceptó semejante papel
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El guión está lleno de incoherencias.
El viaje al pasado de Austin Powers dura un segundo, no tiene demasiada
razón de ser, y sólo sirve para traer a Goldmember
y Foxxy Cleopatra - un personaje moldeado sobre Cleopatra Jones,
la espía negra que tuviera algún suceso en los 70
- al tiempo actual. Pero no hay mucho más aparte de eso (a
pesar de la ocasión, prácticamente no hay bromas sobre
el género blaxpoitation), y el libreto no sabe muy
bien cómo seguir, por lo cual empieza a enredarse con sus
propias tramas, complicadas y absurdas. Por supuesto hay varios
homenajes, como un viaje a Japón donde la escena de la lucha
de sumo está calcada de Sólo Se
Vive Dos Veces, cuando no hay una caminata sobre una piscina
al estilo de los saltos de Roger Moore sobre los cocodrilos en Vive
y Deja Morir. Pero el film también rapiña cosas
de Matrix,
e incluso establece algunos paralelismos con la historia clásica
de Superman
- como Lex Luthor y Clark Kent, Austin Powers y el Dr. Evil se conocieron
en la juventud -. Pero estas nuevas vueltas de tuerca sólo
sirven para que la película caiga en monótonos discursos
melodramáticos que terminan por ser deprimentes. Quizás
Myers se encontraba deprimido por tener que finiquitar la franquicia,
pero en vez de transmitir sentimientos sólo consigue aburrir
soberanamente a la platea, incluso a los mayores fans de la saga
(entre los que me incluyo).
El casting de Michael Caine podía haber
sido genial - el inglés tiene un excelente timing cómico
-, pero aquí resulta en un papel totalmente vergonzoso. Es
un cameo sin gracia del cual el único culpable es el guión
y no Caine. La película igual tiene algunos momentos cómicos,
pero los chistes sobre el lunar del agente infiltrado o los problemas
con los subtítulos termina siendo aburridor, sin mencionar
al espantoso caracter de Goldmember que sólo irrita más
que aportar algo a la trama. Es un
humor procaz y sin gracia; uno ha visto humor procaz muy divertido
en los filmes de los hermanos Farrelly, pero aquí queda a
nivel casi infantil. Como Foxxy Brown, Beyoncé Knowles no
aporta nada, y sobre el resto de los personajes sólo participan
como cameos extendidos. Incluso en los caracteres principales, hasta
el siempre efectivo Dr. Evil parece totalmente deslucido. El filme
encima se toma el permiso de introducir algunos números musicales
que tampoco resultan graciosos, con lo cual el 95% del filme directamente
no funciona.
Es una triste partida de un personaje tan querible.
Pero, como citamos a Roger Ebert en otra ocasión, se trata
de un claro ejemplo de actores que se creen su propia prensa. Y aquí
Myers cree estar escribiendo el filme más gracioso de la saga,
cuando lo único que hace es inflar su ego a costa del aburrimiento
de la platea. 1
CONNERY : Aún para los fans a ultranza de la serie,
es un filme que es preferible perder que encontrar. Exceso de soberbia
e indulgencia, humor repetitivo, y la pérdida de todo el
carisma que tenía la saga. Lo único que vale la pena
son los cinco minutos iniciales. |
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