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Realidad vs Ficcion: La Historia de los Robots (primera parte). Desde la inmortal Maria del clasico Metropolis hasta los automatas mecanicos del siglo XIII, te contamos genesis y evolucion de los automatas

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Realidad vs Ficcion: La Historia de los Robots (primera parte)

un artículo de Alejandro Franco

Criaturas mecánicas que obedecen a sus dueños… o han decidido rebelarse contra ellos para tomar el control del planeta. En esta nota analizamos sus orígenes, los cuales datan de mucho tiempo antes de que existiera la primera computadora sobre la Tierra.

Realidad vs Ficcion: La Historia de los Robots (primera parte)

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Antes de que existiera la ciencia ficción como tal – con el surgimiento de luminarias como Julio Verne y H.G. Wells -, los inventores soñaban con la existencia de seres mecánicos. Se trata de un concepto fascinante por muchos motivos: primero, porque el hombre podía dar a luz un ente de características humanoides y poseedor de vida propia – lo cual lo equiparaba con Dios -; segundo, porque hablamos de la concepción de robots en una era en donde nadie imaginaba nada remotamente parecido a una computadora y, desde ya, la electricidad era un concepto tan intangible como indomable.

Para hablar de la prehistoria de los robots tal como conocemos, primero debemos hablar de autómatas: entes humanoides artificiales con capacidad de pensamiento y movimiento independiente, los cuales surgieron primero en las páginas de cuentos y leyendas. Desde ya los impulsaba la magia, fueran las sirenas doradas creadas por el dios Hefesto en la antigua mitología griega, o la clásica leyenda hebrea del Golemuna estatua de arcilla que cobraba vida al susurrar el nombre secreto de Dios en su oído, y que rememoraba al mito cristiano de la Creación de Adán y Eva -. Pero el concepto abandona el terreno de la fantasía en el siglo XIII, cuando el inventor musulmán Al-Jazari desarrolla una serie de fascinantes y prácticos autómatas, los cuales van desde una orquesta animada por seres mecánicos, hasta una sirvienta de aspecto humanoide y capaz de servir tragos y bebidas calientes a intervalos regulares. El secreto de Al-Jazari es su dominio maestro de los mecanismos de relojería, creando fuelles, engranajes diferenciales, utilizando la fuerza del agua como fuente principal de movimiento, etc., todo lo cual no deja de ser una aplicación creativa de postulados de Física enunciados en los tiempos de la antigua Grecia.

Robots renacentistas

Si los árabes no avanzaron en la materia, es porque consideraron que su primitiva robótica no dejaba de ser una rareza carente de aplicaciones prácticas. Sin embargo los estudios de Al-Jazari sobrevivirían al paso del tiempo y llegarían hasta los oídos de Leonardo Da Vinci en plena época renacentista. El genial italiano – cuándo no – elaboraría su propio autómata: un caballero de reluciente armadura capaz de pararse, sentarse, mover sus brazos y abrir la visera de su casco. Y aunque la idea de Da Vinci nunca fue mas allá del boceto, el especialista en robótica Mark Rosheim se animaría a construirlo en escala real en el año 2002, demostrando que su diseño era acertado y completamente funcional.

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Pero el campo de la robótica comenzó a sofisticarse con la llegada de la Revolución Industrial en el siglo XVIII. Después de todo, las máquinas habían salido del gueto – ya no eran creaciones de laboratorio, fruto de la visión de febriles inventores, sino que se habían integrado de manera masiva a la vida cotidiana, invadiendo las fábricas, optimizando los procesos de producción y generando una movida que alteraría profundamente el standard de vida de la población mundial de la época – y motores y engranajes pasaron a ser algo corriente. Las máquinas se sofisticaron acelerando los tiempos del trabajo humano – desde hiladoras hasta las primeras cálculadoras; desde motores a vapor hasta los primitivos métodos de operación a distancia -; y aunque la tecnología de entonces era tremendamente falible, los pasos estaban dados en la dirección adecuada.

Mientras que los autómatas no dejaban de ser fenómenos de feria – seudo jugadores de ajedrez; adivinos mecánicos que entregaban tarjetas de la fortuna en circos itinerantes -, poco a poco comenzaron a calentar la imaginación del gran público tras la difusión del concepto en la literatura y el cine de ciencia ficción. La cosa explota al llegar el siglo XX: en 1921 Karel Capek escribe una obra de teatro – los Robots Universales de Rossum -, la cual fascina al público de toda Europa. El deseo de confort ha llevado – en un futuro alternativo – a la creación de seres artificiales, los cuales son explotados como servidumbre por parte de los humanos. Pero el abuso constante ha llevado a dichos seres a la revolución, tras lo cual la raza humana ha quedado al borde de la extinción. Metáfora inconfundible de un tiempo marcado por utopías comunistas, R.U.R. pronto instala la palabra robot (sirviente en checo) en el imaginario popular y la convierte en sinónimo de autómata. Y serán los autores de ciencia ficción de la época – refugiados en el ostracismo de la literatura pulp – quienes difundirán el concepto y lo asociarán a la tragedia: sea por la falta de fiabilidad de dichos seres artificiales, porque su perfección pronto se convierte en racismo y exterminio, o simplemente porque son seres justos y equilibrados, victimas del abuso del hombre tras lo cual el único camino posible de supervivencia es la revolución contra el opresor. Estos últimos aspectos terminarán por erigir a los robots en figuras dramáticas ideales para elaborar metáforas sobre la revulsiva situación europea de los años 20 y 30, cuyo caos terminaría por abrirle las puertas al monstruo del nazismo en 1933.

Los robots en el cine debutan en 1927 con el clásico de Fritz Lang Metrópolis. En la cinta de Lang una sociedad de ricos se erige de manera aplastante sobre una comunidad subterránea de obreros, los cuales les proveen los servicios esenciales a los adinerados. El hijo del administrador de la ciudad se ha enamorado de una sirvienta, la cual es tan bella como idealista. Temiendo que las ideas de la muchacha llenen la cabeza del muchacho y alteren el orden despótico, el administrador recurre al inventor Rotwang, el cual pone en marcha un androide con la misma apariencia de la chica. El robot – fabricado a partir de ciencia y magia – reemplaza a la chica sin que el enamorado note la diferencia; pero las cosas se salen de control simplemente porque Rotwang tiene sus propios planes, y ha estado acumulando su odio contra los administradores de la ciudad durante años. El complot devendrá en revolución, el robot y el inventor serán destruidos y el muchacho utilizará la situación para establecer un nuevo (y mas justo) orden social.

La incipiente era de los androides inteligentes

Las primeras computadoras aparecen en los años 40 y, aunque al principio tienen usos militares y científicos – como “la bomba” de Alan Turing o el centro de cómputos ENIAC – pronto queda en evidencia que su campo de aplicación es prácticamente infinito. Rápidamente tomaron nota los autores de ciencia ficción, quienes convirtieron a los robots – hasta ese entonces, seres metálicos impulsados por la magia o un complicado mecanismo de relojería – en computadoras andantes. Desde ya la rústica tecnología de la época estaba a décadas de poder concretar cualquiera de las elucubraciones de dichos autores – desde miniaturizar computadoras y utilizarlas como cerebros artificiales para los robots, hasta la posibilidad de que dichos ordenadores tuvieran una programación tan avanzada que les permitiera aprender por sí solos, generar nuevos conocimientos e incluso evolucionar hacia estadíos mas perfectos de razonamiento y estudio -, pero ello no representaba un freno para su febril capacidad creativa. Creado el mecanismo revolucionario – decían -, lo único que faltaba era optimizarlo: era lo mismo que había pasado con ENIAC frente a las antiguas calculadoras mecánicas del siglo XVIII y XIX, en donde los engranajes y relés terminaron siendo permutados por válvulas de vacío. Faltaba la tecnología del paso siguiente, la cual estaría dada por la aparición del transistor en 1947.

Para muchos autores de ciencia ficción la construcción de robots sólo era cuestión de tiempo y, al ser sus posibles aplicaciones tan fascinantes como aterradoras, creían necesario instalar un debate profundo y preventivo, el cual culminaría con la expedición de las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov en 1942… aunque ése será un tema que recién terminaremos de tratar en la segunda parte de este informe.

LA HISTORIA DE LOS ROBOTS La historia de los Robots (1era parte)la historia de los Robots (2da parte) – La historia de los Robots (3era parte)

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