Arlequin: Articulos: Breve Historia del Cine Fantastico (Segunda Parte)

Breve historia del cine fantastico (segunda parte): desde Melies hasta Fritz Lang y su Metropolis, pasando por la Segunda Guerra Mundial.

>> VOLVER AL INDICE DE ARTICULOS SOBRE CINE FANTASTICO

un artículo de Alejandro Franco

Con el cine en movimiento, la adaptación de obras clásicas del género fantástico no se hace esperar; pero el respeto por el género llegará recién en la década del 20 a través del trabajo de Fritz Lang y otros grandes cineastas germanos.

Con el cine en movimiento, la adaptación de obras clásicas del género fantástico no se hace esperar; pero el respeto por el género llegará recién en la década del 20 a través del trabajo de Fritz Lang y otros grandes cineastas germanos

¿Qué es el Cine Fantástico?. Pues es aquel cuyas historias contienen elementos irreales. La presencia de dichos elementos alteran la realidad tal como la conocemos, generando resultados nunca antes vistos. El grueso del Cine Fantástico está conformado por los géneros de la Ciencia Ficción la cual parte de premisas científicas para crear escenarios alternativos a la realidad actual -, la Fantasíaen donde la magia juega un rol preponderante, y se construyen reinos de existencia imposible plagados de criaturas extraordinarias – y, en menor medida, el Terror. Si bien el género del Terror es muy amplio y laxo – su único propósito es el shock -, basta con que sus historias contengan elementos sobrenaturales (vampiros, criaturas mutantes, seres inmortales, etc) como para ser consideradas parte del género fantástico.

oferta software de facturacion electronica

Desde ya, los comienzos del Cine Fantásticocon su pionero Georges Melies a la cabeza – fueron toscos; se trataba de una industria artesanal que utilizaba la temática fantástica como excusa para desplegar una vasta galería de trucos de cámara y enormes decorados. Tomando como base la literatura juvenil de Julio Verne (y considerándola poco seria), las obras de Meliés terminaron siendo farsas del género, empaquetadas en envase de lujo. Debería pasar el tiempo para que llegaran las primeras versiones serias de clásicos de la literatura fantástica, tal como el Frankenstein de 1910 o el Dr. Jekyll & Mr. Hyde de 1920. Cosa curiosa, esta primera versión de la historia de Mary Shelley muestra a la criatura como surgida por un ritual mágico antes que uno científico. Quizás fuera porque los responsables del filme creyeron que la premisa – un ser humanoide creado a partir de restos de cadáveres – era demasiado tétrica y explícita para la época.

Pero si el cine fantástico de los albores del siglo era incapaz de ser original y sólo abrevaba con cuentagotas en la literatura clásica, habría que esperar al advenimiento de Fritz Lang para ver el nacimiento de una obra fantástica de carácter serio y pensante como lo fue Metropolis (1927). Lang se erige como artista en tierra arrasada, la Alemania devastada por la Primera Guerra Mundial y por las asfixiantes condiciones de la post guerra impuesta por los vencedores de la contienda. Entre toda esa pobreza y esa carencia, multitud de artistas germanos utilizan al cine fantástico como catarsis para poder digerir la realidad – aunque sea una distorsionada como la de El Gabinete del Dr. Caligari (1920) -, generando espacios alternativos en donde la gente puede olvidarse de la cruenta crisis que se desarrolla fuera de las puertas de la sala de cine. La inminencia del crack bursátil de 1929 terminará por esparcir la miseria a nivel mundial, y la virtud escapista del cine se hará universal.

Pero las intenciones de Lang son mucho mas amplias que las de proveer un simple pasatiempo; él utiliza la ciencia ficción como metáfora social, especialmente para reflejar los cambios convulsivos que se viven en Alemania en la década del 20 y del 30, y cuya situación devastadora promueve el surgimiento de movimientos políticos radicales – imposible no encontrar un paralelo entre los planes maquiavélicos del villano titular de El Testamento del Doctor Mabuse (1933) y las revueltas provocadas por el incipiente nazismo para generar la inestabilidad política del país y ascender al gobierno -. En cambio su esposa, Thea Von Harbou – guionista de la mayoría de las obras de Lang durante su etapa germana -, es mas una idealista ingenua que se traga las utopías sociales que vende el nacionalsocialismo. La dicotomía de Harbou y Lang están presentes en Metrópolis, la cual no deja de ser la crónica naif de una revolución amarga y violenta. Es la lucha real de clases – entre los que sobreviven la post guerra en la opulencia y el grueso de las masas hundidas en la miseria – lo que destilan los fotogramas del filme de Lang: una sociedad futurista, avanzada y opresora que termina empujando a los desposeídos a la inevitable insurrección.

H.G. Wells toma la posta iniciada por el Metrópolis de Lang y decide crear su propia utopía aunque, claro, Lo que Vendrá (1936) rebosa de ingenuidad y cursilería y no está a la altura de la fantasía épica del director alemán. Mientras tanto, el crack de Wall Street de 1929 ha disparado la miseria en territorio norteamericano (y golpea al resto del mundo) y, de pronto, los vencedores de la Primera Guerra Mundial se ven obligados a tomar una cucharada de su propio chocolate, el cual venían ingiriendo (de manera repulsiva) los alemanes desde principios de los años 20. El escapismo gana las calles estadounidenses con la proliferación de la literatura Pulpen donde cientos de autores (que sobreviven con los centavos que cobran por cada palabra escrita) inventan héroes imposibles y mundos fantásticos para intoxicar la mente de sus lectores y apartarlos de la dramática realidad del mundo siquiera por unos instantes -, los comics y los primeros filmes fantásticos producidos por los grandes estudios. Además de Things to Come, aparece King Kong (1933), Lost Horizon (1937) (con su historia del Shangri-la, un reino perdido en los Himalayas en donde florece la felicidad y la inmortalidad – ¡y qué mejor panacea para un mundo sumido en la depresión! -), y los seriales como Flash Gordon (1936, 1938) o Buck Rogers (1939). Los estudios Universal se convierten en el epitome del cine de horror con adaptaciones notables de Frankenstein (1931), Dracula (1931), La Momia (1932) y El Hombre Invisible (1933); pero la ambición del estudio lo lleva a diluir el impacto de estos títulos al generar una enorme cantidad de secuelas mediocres, parodias y enfrentamientos entre monstruos de distintos filmes, una decisión creativa que termina por dañar el buen nombre de estas franquicias.

Científicos locos y abominables creaciones; criaturas inmortales devenidas depredadores de seres humanos, maldiciones ancestrales; continentes inexplorados donde moran monstruos y seres monumentales; el cine fantástico transitaria estos carriles hasta bien entrados los años 40, en donde el climax de la Segunda Guerra Mundial traería una inquietante y devastadora realidad: la detonación de la primera Bomba Atómica sobre Hiroshima en Agosto de 1945. La realidad supera la ficción, y pronto la pesadilla atómica se cierne sobre todo el mundo, especialmente cuando las nuevas superpotencias – surgidas de entre los restos de la Segunda Guerra Mundial, y poseedoras de un vasto arsenal nuclear – creen un clima de tensión palpable entre ellas, poniendo al mundo al borde de un nuevo tipo de guerra: breve, devastadora y final.

  BREVE HISTORIA DEL CINE FANTÁSTICO

Primera parte (desde los inicios de la humanidad hasta el 1900)Segunda parte (1900 – 1945)Tercera parte (1945 – 1968)

software de gestion para inmobiliarias Datahouse Company - haga click aqui