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El cine de horror latinoamericano suele ser esporádico
y de mala calidad. Suele suceder que los emprendimientos
cinematográficos tienden a financiar filmes de
autor y no cine de género. En Argentina los intentos
de crear un género de horror vernáculo y
honorable han fracasado miserablemente, con la excepción
de Narciso Ibañez Menta (Dios lo tenga en la gloria).
En Mexico la producción ha sido relativamente más
asidua, pero la falta de talentos y presupuestos decentes
ha culminado en películas clase Z, cuando no se
ha decantado por la parodia y la mezcla con otros géneros
de fantasía, como la comentada Santo
y Blue Demon contra Dracula y el Hombre Lobo. Pero
en Brasil hay un prócer, un individuo que fundó
el género en su país, y que ha podido vivir
de éste, hacerlo rentable y respetable: ese hombre
es Jose Mojica Marins.
Marins siempre fue un aficionado al cine desde su infancia.
A los 18 años ya contaba con 80 cortos caseros,
y era obvio que el horror gotico le fascinaba. Comenzó
como escritor en la industria cinematográfica
brasilera en 1958, y al poco tiempo ya estaba dirigiendo.
Pero no sería hasta 1964 que el éxito
golpearía su puerta. Dirigiendo el film À
Meia-Noite Levarei Sua Alma (que él
mismo había escrito), se presentó el problema
del reemplazo del actor principal, papel que terminaría
en sus manos. Y así nació el legendario
Ze Do Caixao (José Ataud).
El argumento de À Meia-Noite Levarei
Sua Alma tenía notables influencias
de Poe. Un funebrero se enamora de una chica, y elabora
una complicada maraña de intrigas y muertes para
quedarse con ella, pero la joven decide suicidarse,
no sin antes jurar que regresará de la tumba
para vengarse. Ocultismo, muertes gráficas y
maquillajes grotescos convirtieron a À
Meia-Noite Levarei Sua Alma en un éxito
arrasador, durando cuatro meses en cartel. A los tres
años Ze Do Caixao resucitaría y volvería
en Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver
(1967). Otra vez el éxito; y el personaje
se volvería tan popular que Mojica Marins comenzaría
a aparecer en público y comportarse como Ze Do
Caixao (incluso se dejaría crecer las uñas
a dimensiones grotescas).
Ze Do Caixao aparecería en 11 filmes, incluyendo
una serie de TV, e incluso hay una producción
en marcha para estrenar sobre el 2008, Encarnação
do Demônio que es una remake
del film de 1981 pero con una producción impecable.
Un notable crecimiento para alguien que comenzó
haciendo horror de Grand Guinol entre decorados
de cartón pintado.
El filme que nos ocupa, O Estranho Mundo de
Zé do Caixão, no pertenece oficialmente
a dicha filmografía (a pesar del título,
que es un obvio recurso de marketing). Mojica Marins
presenta tres cuentos de horror ataviado como el personaje
de marras, pero no participa como tal (a lo sumo, en
el tercer segmento, aparece como el profesor Oaxiac
Odez ... o sea, su nombre al revés).
A los pocos minutos de comenzada la película uno
puede percibir en dónde radica el éxito
de Mojica Marins. El hombre filma pulp horror
al más puro estilo de las revistas Creepshow,
Tales From The Crypt o, en castellano,
El Monje Loco. Esto es horror y visceras
en primer plano con viñetas plenas de desnudez
y softcore. Considerando la época en que fue filmado
(finales de los sesenta) es un film más que osado.
Por aquellos años había algunos antecedentes
aislados como los primeros films gore dirigidos
por Herschell Gordon Lewis, o alguna película perdida
en Italia; pero si uno considera que la Hammer
(con sus ambientes góticos pristinos y
su sangre rojo frutilla) era el standard, Mojica Marins
era pornográfico. Un verdadero tirabombas.
El primer segmento (El Fabricante de Muñecas)
es el más redondo. La trama parece bastante obvia
- anciano asaltado, chicas violadas, y la venganza que
culmina con la carnicería de los agresores, siendo
sus ojos utilizados en las muñecas -, después
que uno ha paladeado decenas de capitulos de series
de terror como Galería Nocturna;
uno sabe que ese argumento ya lo ha visto, pero no ubica
de donde. Aquí es donde Mojica Martins se explaya
a piacere en desnudos y escenas softcore. Si
bien las dirección está ok, uno no puede
dejar de reirse al ver a las hijas del fabricante de
muñecas, que parecen las strippers del
cabaret del puerto.
El segundo segmento (Vicio) es el más
artístico. En todo el capítulo los protagonistas
no dicen una palabra, y realmente el espectador no tiene
idea de cómo puede terminar la historia - el
vendedor de globos que sigue día y noche a una
chica, y ve pasar todas las etapas de su vida hasta
la muerte -, hasta que se decanta por el tema de la
necrofilia. Más que de terror, es una historia
de humor negro bastante bien hecha. En ambos casos Mojica
Martins muestra tener buena mano para crear atmósferas
y mantenerlas, a pesar de los decorados baratos o el
mal maquillaje. A lo sumo se le puede reprochar que,
como director, no es muy bueno cambiando planos - la
tumba de la chica está plagada de ratas blancas
de laboratorio y tarantulas en en telarañas de
hilo -, pero comparando esto con la mayoría del
horror vernáculo y latinoamericano que conozco,
es Hitchcock.
El film venía muy bien hasta el tercer capítulo
(Ideología), que es donde quedan patentes
todas las limitaciones de Mojica Martins como director
y escritor. Definitivamente es excesivamente indulgente
cuando se dirige a sí mismo, y es totalmente
pedante en las historias que se asigna para protagonizar.
Aquí ocurre el mismo problema que al inicio del
film, cuando Ze Do Caixao realiza la presentación
y empieza a despacharse con unas parrafadas de aire
intelectualoide (¿La vida es todo y la muerte
la nada? ¿O la vida es nada y la muerte es todo?.
A mi no me importa quien es usted. Tampoco a usted le
importa quien soy yo. En realidad no importa quienes
somos...) que aburren, no dicen nada y se las da
de grandes verdades reveladas. Pareciera un monólogo
de Les Luthiers a la mañana
siguiente de una borrachera. Para peor, el profesor
que encarna se despacha con unas teorías intelectuales
totalmente idiotas que Mojica Marins intenta presentar
como fascinantes (habla en un programa de TV, y queda
tan intrigado el periodista que lo interroga que decide
visitarlo en su domicilio). Y una vez que el matrimonio
llega a la casa, viene un festival de excesos a lo Night
of the Living Dead (1968) que no tienen la
más mínima coherencia. Algunos efectos
están bien, otros son terriblemente falsos (gente
a la que le ponen metal fundido en la boca, o que le
clavan ganchos en el cuerpo - asumo que fakires contratados
por Mojica Marins -; pero otras escenas de canibalismo
son risibles). Y unas cuantas de esas escenas descontroladas
están tan mal filmadas que son hilarantes: en
una secuencia, una chica va a ser abusada por tres hombres
de distinta forma: el primero la golpea e intenta violarla,
el tercero le tira ácido... pero el segundo viene
con un sandwich baguette de mortadela y queso
(!). Es totalmente camp, del mismo modo que
el festín final, donde las manos y pies de los
actores están siendo mordisqueados por los extras,
y no pueden evitar moverlos por las cosquillas.
O Estranho Mundo de Zé do Caixão
hubiera merecido más puntaje si no fuera por
el segmento final. José Mojica Marins dirige
y escribe bien, hasta que decide ponerse al frente de
la cámara y hace desastres (en el peor sentido).
Sería apasionante ver la evolución del
personaje, desde el maquillaje de plástico y
salsa de tomate de los 60 hasta la versión 2008
de Encarnação do Demônio,
que por el trailer parece Hellraiser a la brasilera.
En 40 años Mojica Marins ha demostrado ser un
artesano inteligente, y creo que es lo suficiente como
para haber perfeccionado su oficio.
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