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No hay nada en el mundo que se parezca al bizarro mundo del cine japones
de monstruos. Hay filmes que tienen su carisma, y hay otros deliciosamente
tontos. Como es el caso de The X From Outer Space / Space
Monster Girara / Gilala / Guiala (y sigue una docena de nombres,
ya que parece que nadie supo traducir bien el título original).
Es una obra maestra de la incompetencia. Aún en todo
el carnaval que supone el kaiju eiga, existen un grupito
de reglas muy finas que separan a algo potable de una idiotez monumental.
The X From Outer Space se hace cargo de violarlas
realmente mal a todas, y el resultado es un film imperdible por la
cantidad de burradas que acumula.
Si los sesentas era la época de la fiebre del kaiju
eiga, cabe aclarar que en Japon hay más de estudio además
de la Toho que ha incursionado en el género;
como la Shochiku Kinema Kenkyû-jo, que dicho
sea de paso, es uno de los mas respetables. Esta buena gente ha
producido filmes de Nagisa Oshima como El Imperio de los
Sentidos, y películas de Takeshi Kitano. De hecho,
es el estudio más antiguo de Japón, ya que data de
fines del siglo XIX y había sido originalmente una compañía
de teatro. Y, tal como sucedió con otros estudios japoneses
de menor calibre, la Shochiku Kinema Kenkyû-jo
se zambulló en el kaiju eiga en 1967 para intentar
morder algo de la inmensa torta que se estaba llevando la Toho
con las películas de Godzilla.
De más está decir que este fue su debut y despedida;
si bien el estudio seguiría rodando cintas de ciencia ficción,
nunca más volvería a meterse con el tema de los monstruos
pisa maquetas (aunque por algún lado leí que
tenían ganas de hacer una remake de Girara).
Ni bien empieza el film, uno ya ve a la legua que las cosas no
van en serio. La canción del título (y leitmotiv
musical del film) es un chingui chingui pegadizo que va
para cualquier cosa menos para una pelicula de monstruos. Quizás
el estudio planeaba salir a competir por el segundo puesto en la
carrera del kaiju, o sea pelearle el mercado infantil a
la Daiei y su saga de Gamera.
De todos modos el film no es ni una cosa ni la otra.
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Lo que tenemos es el típico grupo de personajes a la japonesa,
compuesto por estoico heroe, interés romántico calentón
(la occidental Peggy Neal), comic relief experto en carotas,
y un puñado de científicos charlatanes de turno. El
grupete es enviado a Marte en un juguete que simula ser una nave
espacial, y que posee la maravillosa capacidad de estar en la luna
en menos de cinco minutos, si bien las tomas en el espacio muestran
que va más lento que el Siam Di Tella de
mi tío. Una constante del film es precisamente la falta de
proporciones para todo; las maquetas cambian de escala de una escena
a la otra, las naves parecen ir a mil por hora (según los
instrumentos) pero van a paso de hombre, los aviones son tan grandes
como los barcos, etc.
La nave espacial se topa con una suerte de empanada voladora a
mitad de camino, que le deja unos regalos prendidos al motor de
la misma. Previo a esto hay peleas a bordo, un tripulante que se
enferma por mala comida, un asteroide que perfora la nave y que
lleva a que uno de ellos tape el agujero con su trasero (!); una
escena en donde el vacío provoca que miles de platos descartables
(!!) salgan por el hueco al espacio, etc. Pero volviendo al encuentro
alienígena, los astronautas limpian el fuselaje y se llevan
una espora a la Tierra. Y en menos de dos segundos la muestra se
transforma en una horrenda criatura verde pisamaquetas.
Y digo horrenda criatura, simplemente porque el diseño
es terrible. Imaginen si le pusieran un traje de rumbera a Godzilla
y le cambiaran la cabeza por la de un pollo. Con ojos rojos, cuernito
y dos antenitas a lo Chapulin Colorado, Girara
hace su aparición y comienza a pisar decorados.
Todo lo que sigue es absurdo a más no poder, incluso para
un film japonés de monstruos. Nadie le advirtió al
director de que las criaturas, para que den sensación de
enormes, deben filmarse en cámara lenta. Por el contrario,
la acción va muy rápido y Girara parece tener una
sobredosis de adrenalina. Para peor, el traje de monstruo muestra
ser varios talles más grande que el actor que lo calza, por
lo que las extremidades (pies, manos, brazos, etc) se doblan en
puntos no naturales. Como si la criatura tuviera zapatones de payaso,
por ejemplo. Y si el monstruo es bizarro, los ataques son peor,
donde los aviones chocan y rebotan (!!!) contra la criatura para
explotar más tarde.
Lo que uno debe resaltar es que The X From Outer Space
no es necesariamente un film barato. Hay bastante despliegue de
producción y algunas maquetas son muy buenas. El problema
es que el director Kazui Nihonmatsu no tiene la más mínima
idea de cómo filmar un kaiju eiga. Los mismos materiales,
con otro director, podrían resultar en un film medianamente
decente. Así como está parece una película
amateur hogareña, que entretiene más por la enorme
cantidad de gaffes técnicos que por lo que pretende mostrar
en pantalla. Simplemente es tan mala que resulta buena. |
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