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Mach Go Go Go es el manga creado por
Tatsuo Yoshida en 1964. A Yoshida le apasionaban las carreras,
pero lo que terminaría por movilizarlo sería
la visión del clásico Goldfinger,
donde James Bond conducía un Aston Martin saturado
de gadgets. Inmediatamente Yoshida comenzó
a elaborar una tira de aventuras en un mundo fantástico,
pleno de carreras imposibles y autos trucados. El manga
tuvo buena repercusión y en 1967 vendría
la serie animada de TV, que se transformaría en
uno de los primeros anime en hacer pie fuera de tierras
japonesas. Como suele suceder con los productos nipones,
apenas llegó a America terminaría por ser
desarmado y reconstruído por manos ajenas - en
particular Peter Fernandez, que ya venía realizando
la misma faena con otras tiras japonesas como Astroboy
-, y Mach Go Go Go se convertiría
en Speed Racer. En Latinoamérica
terminaría por ser conocida con el nombre de Meteoro.
Si bien Meteoro no tuvo una larga
duración (sólo se rodaron 52 episodios),
comenzaría una larga vida de culto en sus continuas
reemisiones, algo insospechado para un anime tan antiguo.
Quizás el éxito posterior de Speed
Racer se deba a que se aparta de toda la tradición
fantástica del cine y animación japones,
que temáticamente se encasilla en alienígenas,
monstruos y robots gigantes. Meteoro es un piloto de
carne y hueso, no participa en ningún tipo de
conspiración que amenace la existencia del planeta,
y de hecho lo mayormente fantástico son los escenarios
donde se desarrollan las carreras con autos trucados.
Además, como todos los niños sienten fascinación
por los coches y sumando el hecho de que Meteoro es
un adolescente involucrado en el excitante mundo de
las carreras, es indudable que tenía todas las
condiciones para resultar un éxito duradero.
Con el éxito obtenido por el culto, Speed
Racer intentaría varios revival posteriores
sin demasiado éxito. En 1993 habría una
versión totalmente americana y producida por
la Fred Wolf Films que expiraría
tras sólo 13 capítulos. En 1997 la Tatsunoko
Productions generaría una nueva propuesta
planeada en 52 episodios, pero el proyecto quedaría
abortado tras 34 capítulos, fundamentalmente
porque a la Nickelodeon - el socio
americano en la nueva versión - le agarraría
la locura y comenzaría a boicotear la emisión
de la serie (todo el episodio terminaría en una
agria disputa en tribunales). Y en el 2008 se despacharían
con Speed Racer: The Next Generation,
ahora relatando la vida de los hijos de Meteoro.
Pero no hay dudas de que ninguna versión animada
posterior pudo captar la magia de la serie original.
En sus continuas reemisiones terminaría por captar
la atención de Hollywood; ya en 1992 la Warner
adquiriría la opción de derechos
sobre el personaje para un film con actores, pero con
suele ocurrir, el proyecto caería en el Hell
Development por más de 15 años. Los
candidatos al papel pasaron por Johnny Depp y el cantante
Henry Rollins, mientras que el puesto del corredor enmascarado
fue ampliamente disputado por Vince Vaughn o Keanu Reeves,
y los directores se alternaron desde una gama tan variada
que va de Alfonso Cuarón a Gus Van Sant. Recién
en octubre del 2006 el proyecto logró resultar
viable bajo la égida de los hermanos Wachowski,
responsables de la trilogía de Matrix
(una saga de filmes con fuerte gusto a anime).
Tras todo esto, llegamos por fin a la versión filmica
2008 de Speed Racer. Cuando uno adapta
una obra de culto suele disponer de varias vías
para hacerlo: una es parodiarla, demoliendo completamente
sus postulados naif desde un cínico punto
de vista moderno (The Brady Bunch, por
ejemplo); la otra es remodelarla profundamente, intentando
abarcar el gusto de la mayor cantidad de público
posible, lo cual implica una apuesta muy arriesgada que
en contadas ocasiones ha resultado exitosa. El problema
de reformar tanto al original es que termina por perder
su identidad; y en escasas oportunidades se ha podido
generar una propuesta madura a partir de algo que es celebrado
por un círculo de fans, lo que transita entre el
filo de la herejía y el rechazo absoluto del grueso
de la audiencia (como El
Señor de los Anillos de Peter Jackson, que
es una de las pocas adaptaciones exitosas de una obra
de culto). La tercera opción, menos usual, es mantener
un respeto reverencial por la obra, lo que termina por
generar un objeto de lujo para unos pocos (solo los fans
lo pueden apreciar).
Speed Racer entra de pleno en la tercera
categoría. El enfoque de los hermanos Wachowski
sólo puede ser apreciado por los adultos de treinta
y pico que han crecido viendo la serie de TV creada
en 1967. Para quienes nunca han visto un capítulo
de Meteoro, este film es un caos visual
fruto de una mente esquizofrénica. Para el resto,
es un homenaje fiel hasta la médula del anime
de Tatsuo Yoshida.
Lo cual no quita que los hnos Wachowski no hayan metido
algunos cambios. Para empezar las aventuras de Meteoro
se desarrollan en un universo absolutamente irreal, como
si fuera una visión futurista delirante de la Tierra
actual. Las personas se visten en una onda setentera,
plena de jeans y remeras de diseños simples, pero
la tecnología es del siglo XXIII. Los edificios
parecen fruto de la mente afiebrada de un arquitecto (imaginen
la Ciudad Gotica de los filmes de Tim Burton,
elevada a la enésima potencia), y las muchedumbres
proliferan, convirtiendo a las ciudades en hormigueros
humanos. Mientras que en la serie de TV las tramas tenían
asidero en el mundo actual, aquí se vive una utopía
que no se encuentra regulada por las leyes de la física
standard. Por ejemplo, los circuitos de carreras tienen
trazados imposibles y los autos realizan piruetas disparatadas
(como correr sobre las paredes o chocarse a troche y moche
sin recibir ningún tipo de daño). Es un
mundo de videogame, sin duda alguna.
Dramáticamente Speed Racer
es un film tan tosco como la serie de TV. Los personajes
son clises que operan de acuerdo a la historia, así
que no esperemos tridimensionalidad de los mismos. La
novia valiente, el piloto aguerrido, los padres protestones
pero de buen corazón, el hermano pequeño
que vive metiéndose en problemas, etc. Y tal
como en el anime, lo más interesante es la sub
trama del hermano Rex, que se hace pasar por muerto
y reaparece bajo la identidad anónima del Corredor
Enmascarado. A diferencia de la serie (en donde Rex
se iba de la casa por una disputa con el padre), aquí
Rex simula su muerte para escapar de las garras de Royalton
y compañía, y poder correr de manera independiente.
La trama en sí misma es una mezcla de historias
habituales de la serie. Aquí hay un potentado
que arregla las carreras; se acerca a Meteoro, éste
rechaza su propuesta y comienzan las persecuciones,
despachando Royalton a su escudería de asesinos.
No hay demasiado de nuevo en todo esto, con la excepción
de la imponencia (y prepotencia) visual de cómo
es instrumentado. Tal como en la serie, hay una carrera
alrededor del mundo y el film hace una tarea impecable
de trasladar el mismo estilo de tomas y escenarios del
anime a la cinta con actores. Toda la escena de la carrera
en el desierto (o en el paso entre las montañas
heladas) es idéntica a la serie.
El film reproduce a la perfección el clima de
aventura así como las marcas registradas de la
serie (la escena final de la gran carrera de Casa Cristo
es prácticamente la secuencia de títulos
del anime). El tema es que, para el neófito,
esto es un compendio de situaciones absurdas. Los hermanos
Wachowski no pretenden reinventar la rueda, así
que se dedican a reproducir los veloces dialogos camp
y las acrobacias increíbles de los autos del
anime con la mayor fidelidad posible. En todo caso los
problemas del film pasan por la monumental expansión
del universo de Meteoro que han producido los directores,
lo que termina devorando a los personajes y saturando
al público por momentos. Mientras que la gran
carrera de Casa Cristo es excelente, las correrías
en circuitos cerrados bordean lo insufrible debido a
la saturación visual. Definitivamente no es el
caos de las películas de Michael Bay (donde es
imposible saber lo que sucede) sino que aquí
el espectador puede seguir todos los acontecimientos
... con el inconveniente que se desarrollan miles de
ellos en cuestión de segundos. Imagínense
realizar 50 vueltas seguidas a la más atemorizante
montaña rusa que hayan subido jamás; cuando
termina la sesión uno queda con la adrenalina
por las nubes pero físicamente extenuado. Eso
es lo que ocurre con las escenas de acción de
Speed Racer.
La otra consecuencia de todo esto es que los actores
lucen visiblemente incómodos al verse insertado
en un universo tan caótico y absurdo. Mientras
que Roger Allam (el periodista comprado de V
de Venganza) se relame con su papel de villano,
y el pequeño Paulie Litt roba una escena tras
otra como el hermano menor de Meteoro, el resto del
cast actúa en piloto automático. Empezando
por Emile Hirsch, que como Meteoro es totalmente anónimo.
Es imposible sentirlo como el héroe de la historia
y, para peor, cada excelente aparición de Matthew
Fox lo sepulta a su sombra (esto debió resultar
tan obvio para los directores que, por ello, la última
carrera de Meteoro es en solitario). Ojo que lo de Fox
no es para el Oscar, pero al menos el actor entiende
que en una historia semejante lo único que termina
por importar es poner actitud. El tema es que ni Hirsch
ni Susan Sarandon ni John Goodman (quien es visiblemente
el que peor se siente con su rol) entienden esto, y
actúan como unos sonámbulos.
Por todo esto es que Speed Racer es
un festival para unos pocos elegidos. Está la
música, el Mach 5, las delirantes carreras, las
acrobacias imposibles. Para los seguidores de la serie,
es un homenaje extravagante muy bien concretado. Pero
para el resto es una abominación que aturde los
sentidos y dispara tonterías constantemente.
De acuerdo al grupo al cual usted pertenezca, le parecerá
fabulosa o un absoluto bodrio. |