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Este es el primer intento de Douglas Trumbull como cineasta. La fama
de Trumbull es como artesano de efectos especiales, desde su mítica
labor en 2001,
Odisea del Espacio hasta Star
Trek, La Película y Blade
Runner. A inicios de los setenta los estudios Universal
decidieron impulsar una pequeña corriente de cine independiente,
dejando el último corte de los filmes a cargo de los cineastas.
El resultado fue Silent Running que, con el modesto
presupuesto de 1 millon de dolares, marcó el debut de Trumbull
como realizador (Trumbull sólo volvería al sillón
del director en el rodaje conflictivo de Brainstorm
(1983)).
Como suele suceder en los filmes de Trumbull, los efectos especiales
son formidables. En su doble rol de director y encargado de FX,
Trumbull se da un par de lujos como el de filmar secuencias alrededor
de Saturno, e incluso la travesía a través de sus
anillos; escenas que fueron planeadas en su momento para 2001
pero por una cuestión de tiempos y tecnología resultaron
imposibles en su época. Desde los gigantescos modelos hasta
los fabulosos interiores dan una sensación de veracidad impecable;
todo el panel de mando del Valley Forge es formidable,
de los mejores sets creados para el género. Para ello Trumbull
logró hacerse de la posesión de un portaaviones real
y a punto de ser desguasado, lo que le permitió crear decorados
realmente enormes y sensacionales.
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En todo el apartado técnico Silent Running
es verdaderamente formidable, y es un film avanzado a su tiempo.
Incluso el diseño de los robots es verosímil, dejando
de lado un par de detalles menores (como sus piernas mecánicas).
Visualmente logra obtener algunas imágenes imborrables, desde
los exteriores de las naves hasta las carreras de los carts por
los enormes sets. Sin dudas es un prodigio técnico.
Pero, por el otro lado, Naves Misteriosas es un
film pretensioso y fallido. En el libreto hay algunos futuros notables
poniendo la firma, como el productor televisivo Steve Bochco y el
director Michael Cimino. A uno le da la impresión de que
el guión tiene buenas ideas muy mal concretadas, a lo que
se suma la mano inexperta de Trumbull para dirigir a los actores.
Si bien todo el tema ecológico central es realmente bueno,
el problema pasa cuando los intérpretes abren la boca. El
libreto pone a tres imbéciles al mando de una nave, juntándolos
con un demente mesiánico; y es imposible que de esa mezcla
el espectador pueda sentir simpatía por alguno de ellos.
Desde el comienzo el personaje de Bruce Dern se comporta como un
desquiciado y provoca rechazo, cuando lo correcto debería
haber sido montar una lenta pero creciente escalada dramática
de desesperación y locura. Los actos de Lowell son tan irracionales
como los de sus compañeros, y no hay manera de excusar esto.
Además, después de los asesinatos, sólo Lowell
siente remordimiento en una ocasión - cuando realiza el entierro
del tripulante asesinado en la cúpula del gigantesco invernadero
-, pero se comporta mayormente como alguien no consciente e impune.
Recién sobre el final se percata que debe dar cuenta de todo
lo que ha provocado. Pero todo el desarrollo dramático es
torpe; y escenas cursi como Dern posando con un águila en
su brazo mientras canta melosamente Joan Baez no hacen sino agregar
una cuota de ridiculez innecesaria a la película.
Ciertamente el film toma algunas decisiones arbitrarias. Nunca
se explica el por qué la Tierra decide abruptamente destruir
su última esperanza de reforestación, ni tampoco cómo
sobrevive el planeta sin bosques para renovar el oxígeno.
Por otro lado, toda la anécdota - tal como está desarrollada
- parece material más para un corto o un capítulo
de una serie fantástica que para llenar 90 minutos de proyección.
Después de que los hechos se desarrollan rápidamente
en el inicio, el film se dedica a llenar tiempos muertos. Está
la travesía por los anillos de Saturno; el aprendizaje de
los robots para jugar Poker; el descubrimiento de la enfermedad
de las plantas... pero todo es demasiado episódico, y uno
nunca termina de ponerse a favor de Bruce Dern. Es posible que el
script original, que preveía un posible contacto
alienígena y que serían quienes encuentren la última
cúpula flotando en el espacio, fuera muchísimo más
interesante que el material de relleno que incluye el libreto final.
En vez de ver a Dern portándose de modo incoherente, hubiera
resultado excelente que la posta de su protectorado ambientalista
hubiera pasado a manos de civilizaciones extraterrestres, quienes
podrían haber cuidado mucho mejor a la vegetación
que los propios humanos.
Silent Running ha desarrollado una fama de culto
en años recientes, en especial por la calidad de sus efectos
y su mensaje ecológico. Algunos lo consideran un clásico
del género - entre ellos, se incluye Steven Spielberg -,
algo que parece excesivo. Es un film fallido, con buenas ideas y
ejecución mediocre, que posee unos excelentes efectos especiales.
En todo caso, es una película que merecería una remake
dirigida por un cineasta más competente y con un libreto
más pulido que el original. |
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