| |
Japon, 2001 : con
las voces de Yuka Imoto (Tima), Kei Kobayashi (Kenichi), Kouki Okada
(Rock), Tarô Ishida (Barón Rojo) Director
- Rintaro, Guión - Katsuhiro Otomo, basado en el manga de
Osamu Tezuka, Musica - Toshiyuki Honda |
|
| |
 |
| . |
 |
TRAMA : El detective Shunsaku Ban y su
sobrino Kenichi llegan a la ciudad estado de Metropolis siguiendo
la pista del Dr. Laughton, un traficante de órganos. Si bien
Metropolis posee un gobierno formal, el verdadero poder es ejercido
por el potentado conocido como el Barón Rojo, creador del edificio
más imponente de la ciudad: el Ziggurat. El Baron Rojo posee
secretos planes para obtener el control total de la ciudad y del resto
del mundo, ya que ha desarrollado una poderosa arma que se encuentra
oculta en el Ziggurat. Contando con su milicia privada (conocida como
los Marduk, y lideradas por su hijo adoptivo Rock), se prepara a dar
un golpe de estado, y para ello le ha encargado al Dr. Laughton la
creación de un ser artificial capaz de manejar la super arma.
Pero los celos de poder de Rock terminan por atentar contra los planes
de su padre, y muy pronto Shunsaku y Kenichi se verán involucrados
en el asunto, intentando desmantelar la conspiración del Baron
Rojo. |
|
| |
Metropolis es un manga escrito en 1949 por Osamu
Tezuka, el creador del célebre Astro Boy y
considerado formalmente como el padre del anime y del manga japones.
Su estilo revolucionario y el tenor de sus historias marcarían
el camino a seguir por la historieta y animación niponas -
escribiría los primeros comics de ciencia ficción; desarrollaría
el estilo tradicional de ojos enormes de la historieta japonesa; incluso
incursionaría en el terreno del manga erótico -..
Originalmente el manga estaba desarrollado sobre una inspiración
que Tezuka había recibido, a partir de contemplar el poster
del clásico de Fritz Lang Metropolis
(si bien el dibujante nunca llegó a ver dicho film). La idea
de una ciudad descomunal y futurista, una heroina robot y un héroe
de clase baja coincidían con las premisas de la obra de Lang,
pero Tezuka llevaría el concepto más allá y
la transformaría en una cosmópolis viviente. Al fallecer
Tezuka en 1989, la idea de adaptar el manga estuvo rodando por los
estudios varios años hasta que finalmente se concretaría
esta adaptación con auténtico pedigree real:
el director sería Rintaro (que tenía experiencia en
la serie de Astroboy y también contaba con
varios animes bajo el cinturón); y el libreto estaría
a cargo del creador de Akira
Katsuhiro Otomo.
Pero a pesar de toda la realeza del anime involucrada en la realización
del film, Metropolis termina por ser altamente
decepcionante. De ningún modo la culpa recae sobre el guionista
Otomo, que elabora una historia interesante, sino que pasa por Rintaro
y el diseño original de Tezuka, que terminan por arruinar
toda la experiencia. Por un lado los diseños son fieles al
estilo de Tezuka, pero totalmente inadecuados para la seriedad de
la historia que se pretende relatar: la caracterización de
los personajes es realmente bizarra y distrae al espectador. Imaginen
intentar apreciar una compleja historia de tramas políticas
y asesinatos con caracteres que son una mezcla entre Tintin,
Popeye y el mismo Astroboy. Hacen
carotas, tienen un dibujo muy infantil y tienen rasgos grotescos
(el Baron Rojo parece el Dr. Elefante de Astroboy,
sólo que pasado de cama solar). Es realmente muy extraño
ver a estos personajes propios de una caricatura para niños
despedazar a balazos a personas y robots.
 |
El otro problema, mucho peor, es la dirección de Rintaro.
Si bien estéticamente es descomunal - todo el film muestra
unos escenarios gigantescos y coloridos, llenos de millones de detalles
-, termina por desbordar la escena y, lo que es peor, sepultar a
la historia. Es tanta la prepotencia de los decorados, que los personajes
quedan de adorno, totalmente empequeñecidos e incapaces de
pelear contra ello. Es como si Rintaro se hubiera engolosinado con
lo monumental y hubiera descuidado la historia - se hubiera olvidado
que hay un relato que contar, y que se precisa crear atmósfera
-. Algunos minutos de paisajes ayudan a crear la sensación
de vivir en el gigantesco mundo de Metropolis, pero cuando todo
el film es así, termina por saturar. Sumado al bizarro diseño
de los personajes termina siendo una experiencia tan chocante como
ver - según opina adecuadamente Richard Scheib - a personajes
de Sailor Moon envueltos en una violenta historia
adulta con escenarios de Blade
Runner.
Es tanto el vicio de Rintaro por los escenarios grandiosos, que
la historia termina completamente descuidada. El guión de
Otomo tiene un montón de cosas interesantes, incluyendo varias
influencias extras del Metropolis
de Fritz Lang que el manga original no tenía. Hay una fuerza
fascista - al estilo de las camisas pardas - comandada por el hijo
adoptivo del Barón y que controla la ciudad; existe un completo
prejuicio contra los robots, a los que se les atribuye atentados
terroristas (una subtrama que es abandonada en el film sin ningún
tipo de explicación); hay fuerzas rebeldes que complotan
con los políticos de turno para acabar con el Barón;
está el demente hijo adoptivo (el personaje más interesante
de toda la película) que busca a nuestros protagonistas para
asesinarlos... El tema es que los héroes no son ni por asomo
heroicos ni carismáticos (un niño; un viejo haciendo
tonterías); la historia de la super arma aparece de la nada,
sin muchas explicaciones; y el tema de la chica robot (a lo María
de Metropolis de Lang) termina siendo un clisé
para generar un climax de explosiones, pero en absoluto resulta
interesante (al menos tal como lo expone la película, que
le falta mucho de sentimiento trágico). Es un film al que
le falta muchísima atmosfera y le sobran escenarios gigantes.
Posiblemente Metropolis sea mucho mejor apreciada
por otros fans del anime, como una obra fiel al original de Osamu
Tezuka. Pero en nuestro caso es una experiencia terriblemente frustrante
por todas las ricas posibilidades que planteaba el tema y que terminan
siendo arruinadas por un director indulgente. Simplemente es una
película que plantea muchas expectativas y no termina de
cumplirlas. |
|