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Japón,
1995 Film por segmentos,
basados en mangas de Katsuhiro Otomo
La Rosa Magnética: Director
– Kouji Morimoto, Guión – Satoshi
Kon, Musica – Yoko Kanno / La Bomba Apestosa :
Director – Tensai Okamura, Guión –
Katsuhiro Otomo, Musica – Jun Miyake / Carne de
Cañón: Director / Guión –
Katsuhiro Otomo, Musica – Hiroyuki Nagashima. |
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TRAMA : Tres historias, tres épocas diferentes.
En La Rosa Magnética, una nave espacial
acude a investigar una señal que ha recibido
y descubre el mausoleo espacial de una diva del canto
lírico. En La Bomba Apestosa, Nobuo Tanaka
trabaja en un laboratorio medicinal de alta tecnología
e ingiere, por error, unas pildoras experimentales que
lo transforman en una bomba ambulante de gas letal.
Y en Carne de Cañon asistimos a la rutina
diaria de una familia que vive en una ciudad fortificada
con cañones y que vive en constante guerra contra
un enemigo invisible.
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Katsuhiro Otomo es uno de los próceres del manga
y anime japones. El gran hit de Otomo será por
siempre Akira
(1987), el film fundamental de animación que terminaría
por abrirle las puertas de occidente al anime. Otomo participaría
como guionista en numerosos animés, aunque su producción
como director ha sido esporádica: desde Akira
hasta el día de hoy sólo dirigiría
un puñado de filmes, entre los cuales se destaca
también Steamboy (2004).
Memories (recuerdos) es un
film por capítulos, basado en mangas de Otomo;
y el creativo se reservaría el sillón
del director para el último segmento Carne
de Cañon. Como suele ocurrir con los filmes
de animación en capítulos, estos suelen
resultar más en ejercicios de estilo que en narraciones
concretas, además de que el nivel de las historias
no suele ser parejo. Aquí sucede lo mismo; la
intención de Otomo es mostrar mundos y épocas
diferentes, pero el único nexo argumental es
el que los relatos se desarrollan en los terrenos del
género fantástico.
La Rosa Magnética es el primer capítulo,
y es el más acabado desde el punto de vista artístico.
Una nave espacial acude a investigar una señal
y encuentra los restos de una astronave. La computadora
de a bordo aún se mantiene operativa y elabora
todo un mundo de realidad virtual sobre los recuerdos
de la diva de la opera Eva Friedel, lo que confunde
a los astronautas. Tanto la banda sonora (basada en
Madame Butterfly de Puccini) como la
imaginería visual son impresionantes. Pero la
historia no profundiza demasiado en los detalles, sino
que se entretiene en crear un clima de misterio y pesadilla
- los tripulantes de la nave no logran distinguir entre
la realidad y lo virtual, y a duras penas logran escapar
de ese mausoleo espacial -.
Mientras que La Rosa Magnética impregna
la pantalla con tristeza, el cambio de tono viene con
el segundo capítulo, La Bomba Apestosa.
Aquí definitivamente hay un tono de parodia al
genero del kaiju eiga; pero en vez de monstruos
tenemos al torpe empleado de un laboratorio de avanzada,
que ingiere unas píldoras experimentales (confundiéndolas
con pastillas para la gripe) y empieza a despedir un
gas letal a través de la transpiración
de su cuerpo. Como en todos los kaiju eiga,
se repiten las escenas obligadas del género:
las evacuaciones, las movilizaciones militares, los
centros de mando donde se ve el avance de la amenaza.
El pobre Tanaka recibe la orden de abandonar el laboratorio
(que ha quedado poblado de cadaveres mientras él
se tomaba una siesta) y llevarse consigo la fórmula
secreta hacia la central en Tokio... sin que los jefes
caigan en la cuenta de que él es la verdadera
arma biológica. Todo lo que sigue es lo habitual
del género llevado al extremo: Tanaka va por
la carretera con su frágil bicicleta mientras
que miles de aviones, helicópteros, barcos y
tanques están esperándolo para bombardearlo
a la vuelta de la esquina. Ciertamente también
es una parodia de Otomo hacia su propia criatura Akira,
ya que que Tanaka incrementa su poder de manera geométrica
con cada una de las emociones fuertes (sin que él
se de cuenta), y deja una estela enorme de gas que llega
a niveles catastróficos (al final puede infectar
a naves y vehiculos a cientos de metros de distancia).
El final es algo obvio, pero está ok. No hay
demasiado misterio en todo el asunto.
Donde sí hay misterio es en el último segmento,
Carne de Cañon. Aquí el capítulo
se toma el trabajo de pintar un universo alternativo fascinante...
pero no termina por contar una historia en el sentido
tradicional, con inicio y fin. Sólo se trata de
una viñeta sobre este mundo tan particular, que
parece un delirio de la era industrial, como si la primera
guerra mundial no hubiera terminado y pasaran muchísimos
años en conflicto (y con escaso avance de la tecnología).
Es definitivamente una fantasía steampunk,
donde cada edificio tiene montadas torretas en los techos,
las viviendas están hechas de acero y cañerías,
y se viven en una cultura de la guerra. El padre del niño
protagonista trabaja todos los días como cargador
de uno de los inmensos cañones ofensivos - al estilo
del Gran Berta de la primera guerra -, y la madre
es obrera en una fábrica de municiones. Incluso
los uniformes parecen salidos de la milicia prusiana alemana
de 1914. Mientras que la dirección de Otomo es
excelente - realiza un paneo único y constante
que se mueve por todo este mundo mostrando hasta el más
mínimo detalle -, el relato no tiene conclusión
alguna. Los cañones bombardean a una "ciudad
móvil" enemiga, pero nunca se explican las
causas de la guerra o la duración del conflicto.
Es un escenario fascinante que daba pie para tener su
propio film, pero carece de contenido. Como dijimos antes,
es sólo otro ejercicio en estilo.
Memories sirve como un paseo virtual
por los universos fantásticos que Otomo crea,
pero no tiene mucho más que eso. Técnicamente
es impecable, los relatos entretienen, y consigue crear
buenas atmósferas. Pero la consistencia de las
historias no es demasiada, y sólo sirven como
excusas para sumergirnos en mundos de fascinante imaginería
visual. |