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USA, 2008 : Harrison
Ford (Indiana Jones), Cate Blanchett (Irina Spalko), Karen
Allen (Marion Ravenwood), Shia LaBeouf (Mutt Williams),
Ray Winstone ('Mac' George McHale), John Hurt (profesor
'Ox' Oxley), Jim Broadbent (decano Charles Stanforth)
Director - Steven Spielberg, Guión - David
Koepp, sobre una historia de George Lucas y Jeff Nathanson,
Musica - John Williams |
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Uno debe estar orinado por una tropilla de elefantes.
Desde hace bastante tiempo que no comentamos una película
realmente excitante o inteligente, y ni siquiera el pedigree
de la cuarta entrega de Indiana Jones puede cumplir lo
que promete. Salvo el carisma de Harrison Ford, Karen
Allen y algún firulete de Spielberg, el film podría
ser calificado definitivamente como mediocre. Como dirían
Los Simpson, esta parece otra producción
trucha filmada por Esteban Espilbergo, el clon
mexicano de Spielberg.
Indiana Jones y el Reino de la Calavera de
Cristal permaneció en el limbo desde
1990. A mi juicio, la serie siempre tuvo pasta para
más entregas, pero la paliza en la taquilla que
sufrió Indiana Jones y La Ultima Cruzada
frente a Batman
en 1989 dejó en pánico a George Lucas.
A decir verdad, el otrora niño mimado de Hollywood
estaba perdiendo su mojo, y para esa época
Spielberg y Ford estaban en un gran momento de sus carreras.
Lucas se dedicó a los FX, al merchandising
y a los videojuegos. Comenzó a tentar a los chicos
con una cuarta entrega de la saga, sobre la historia
de una calavera de cristal - historia cierta si la hay,
encontrada en 1906, y popularizada dentro de las bizarras
teorías de Erich Von Daniken en los años
70 como de procedencia extraterrestre -, pero el director
y el actor lo rechazaron de plano. Durante años
Lucas intentó meter con calzador la historia
de la calavera extraterrestre donde pudo - por ejemplo,
en la terrible serie televisiva del joven Indiana
Jones -, pero nunca prosperó. Después
de robar unos cuantos millones con la sacrílega
nueva trilogía de Star
Wars, Lucas pareció conseguir el apoyo suficiente
para darle impulso a la secuela de Indy con la calavera
como tema central (Lucas, en un obvio agotamiento creativo,
se ha dedicado a bastardear todas sus franquicias más
exitosas; ¿para cuando Willow II
o El Regreso de Howard the Duck?).
Mientras que Spielberg sigue siendo Dios, Ford se cayó
hace rato del Olimpo, y desde hace bastante tiempo que
no consigue un éxito, razón por lo cual
se puso a apoyar como loco el proyecto de Lucas; y con
dos de tres, el barba consiguió que Dios se volviera
a sentar en el sillón del director.
Es cierto que la última nueva moda de Hollywood
es revivir franquicias de los ochenta, con resultados
que van de lo tibio a lo excelente - como Rambo
IV o Duro
de Matar 4.0 -. Pero mostrar a Indiana Jones de nuevo,
con un actor que tiene 64 años, es casi indecente.
El problema no pasa tanto por si Ford es capaz de ser
creíble como héroe de acción a esa
edad (Sean Connery era muy bueno como Allan Quatermain
a los setenta y pico en La Liga Extraordinaria),
sino porque es obligatorio un cambio de época del
personaje. lo cual le hace perder identidad. Poner a Indiana
Jones en 1957 tiene algo de sacrílego; y el rol
de villanos que ocupan los soviéticos es absurdo,
más si se consideran las causas - Spalko va recolectando
rarezas arqueológicas que sirvan para el poder
de la URSS; Stalin ya sabía del poder de la calavera
de cristal (!) -, algo que hubieran quedado mejor en manos
de los nazis y manteniendo el tono de comic como en los
filmes anteriores. Pero con Ford ya veterano, y Spielberg
oscarizado por La Lista de Schindler,
era imposible revivir a los chicos de Hitler (para Spielberg
hubiera sido como escupir sobre la estatuilla que recibió),
y tuvieron que meter a Jones en la era atómica
peleando contra la Rusia comunista.
Pero si sacar a Indiana Jones de la era de oro de los
seriales y meterlo en el mundo moderno era problemático,
esperen a ver el guión, que es terrible. Es una
ensalada que mezcla a los X Files con
la leyenda de El Dorado (la mitica ciudad construida
de oro solido y perdida en el Amazonas), en donde el
libretista parece haberse pasado de rosca. El guión
intenta explicar demasiado como para que todo esto resulte
coherente, y termina por embarrarla cada vez peor, porque
el nivel de disparate es estratosférico. Si bien
Indiana Jones trata sobre fantasía y sobre civilizaciones
perdidas, la historia de ahora supera todos los límites
de la credibilidad incluso de la propia saga. Ver a:
1) rusos deambulando por ahí en plena Norteamérica
de finales de los cincuenta, cuando la Caza de Brujas
Macartista estaba en pleno auge y había un odio
feroz por los comunistas; 2) Indiana Jones recuperando
un cadaver extraterrestre y siendo perseguido por los
sovieticos; 3) una calavera de cristal que es magnética
y tiene superpoderes (nunca bien explicados); 4) Indy
sobreviviendo a una explosión atómica
en un refrigerador (!!) ... suena a demasiado para digerir
en tan poco tiempo. Y ojo que no develamos nada, simplemente
es lo que pasa en lo 10 primeros minutos de la película.
Los problemas de Indiana Jones y el Reino de
la Calavera de Cristal son muchos e importantes.
Además de lo incoherente de la trama, está
el plomizo intento del libreto por racionalizarla, lo
cual le toma la primera hora de proyección y
es un auténtico lastre. En el medio hay algunas
secuencias de acción, pero pasa lo que suele
pasar con las secuelas que filma Spielberg: son deslucidas
y están calcadas de filmes anteriores. Spielberg
es un director excelente, pero es muy malo para las
secuelas ya que se copia a sí mismo (vean los
capitulos siguientes de Jurassic
Park o Indiana Jones y la Ultima Cruzada).
Con la aparición del profesor Oxley, las cosas
llegan al límite de lo tolerable pero, gracias
a Dios, regresa Karen Allen (de Los
Cazadores del Arca Perdida) y consigue poner las
cosas en su lugar. Después que Allen ingresa
a la historia, la hora restante es bastante potable
y hay abundante diversión. Lamentablemente el
clímax es absurdo a más no poder, y termina
por hundir los méritos de los minutos previos.
Indiana Jones y el Reino de la Calavera de
Cristal es una pálida entrega de lo
que fuera una serie brillante. No es demasiado excitante
ni demasiado original, y hasta pareciera que Indiana
Jones hubiera perdido su carisma - sólo sale
a flote en escasos momentos -. Para colmo tiene un argumento
delirante e intragable, y excesivamente complicado.
El climax es un desastre. Pero con algunos toques nostalgicos
aquí y allá, la buena predisposición
de los actores, y el propósito de cierre a la
saga del aventurero más famoso de la historia,
termina por ser potable.
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