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Ya hemos hablado un poco de Russ Meyer en nuestra reseña sobre
Erotismo
y Pornografía. Meyer era un fotógrafo de desnudos
que comenzaría a probar suerte en el cine y filmaría
The Inmoral Mr Teas en 1959. Si bien se trataba de
un film idiota por donde se mire (un hombre tiene capacidad de ver
a las mujeres sin ropa), tuvo el privilegio de ser la cabecera de
playa en la batalla legal contra la censura en Norteamérica,
y habilitaría el rodaje de películas de desnudos (nudies),
sacándolos del circuito clandestino. En los sesenta la proliferación
de nudies sería vista como una forma de libertad de
expresión y sería el paso previo a la legalización
de la pornografía a principios de los 70.
Si bien Meyer nunca filmó pornografía, su material
habitual eran las películas softcore, con tramas
naif, abundancia de desnudos y escenas de sexo simulado. Lo que
convertiría a la carrera de Meyer en un éxito comercial
era su habilidad para encontrar modelos de generosas proporciones
(no por algo Meyer fue uno de los más exitosos fotógrafos
de la revista Playboy de aquella época)
y ponerlas al frente de sus filmes exploitation, recaudando
verdaderas fortunas. La formidable capacidad de los filmes de Meyer
para generar ganancias deslumbraría a Hollywood, quien lo
tentaría para acometer algunas películas dentro de
la chapa de los estudios major como Mas Allá
del Valle de las Muñecas (1970) o Los Siete
Minutos (1971). Pero el último título sería
un horrendo fracaso y Meyer regresaría al circuito de la
serie B, aunque rodando filmes eróticos cada vez con menor
frecuencia (solo seis peliculas hasta su canto del cisne, Pandora
Peaks, en el 2001).
Y entre toda su obra encontramos Faster, Pussycat! Kill,
Kill!, que es una película inusual para el estilo
de Meyer. Aquí no hay desnudos ni escenas softcore,
si bien el sexo juega un rol importante en la trama. Pareciera que
Meyer quiso hacer su propia versión del cine de pandillas,
algo que se había comenzado a poner de moda en los cincuenta.
Desde The Wild One (1953) con Marlon Brando hasta
la célebre Rebelde Sin Causa (1955) de James
Dean, la juventud con problemas había probado ser redituable
en el cine. Ya en los sesenta el género comenzaría
a abrirse en infinidad de variantes: desde las bikers movies
de Roger Corman (y por qué no, Easy Rider),
pasando por los musicales al ritmo de rock y plenos de muchachos
en camperas de cuero, hasta los flagrantes filmes exploitation
al estilo de High School Confidential (1958). Ser
joven, marginal y malvado al ritmo de rock era una apuesta segura
para la taquilla.
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No hay ningún elemento en Faster, Pussycat! Kill,
Kill! que no se haya visto antes. Las pandillas de mujeres
ya habían aparecido en The Violent Years
(1956), una rareza de aquellas con guión de Ed. Wood Jr.
La idea de los forajidos que planean un golpe y les sale mal tampoco
es nueva. Y tal como está ejecutado en el film de Meyer,
tampoco es una obra maestra que digamos. Pero este film terminó
resultando un hito con el paso del tiempo y se transformó
en objeto de culto.
Una de las razones por las cuales la película resulta memorable
es la presencia salvaje de Tura Satana. La biografía de Satana
merece, no un capítulo, sino un libro aparte. De ascendencia
japonesa y norteamericana, ya asomaba su impresionante figura en
plena adolescencia; pero su generosa silueta provocaría un
incidente que culminaría en su violación por parte
de una pandilla. Satana aprendería artes marciales y se dedicaría
durante los quince años siguientes a rastrear a los violadores
y vengarse de ellos, a la vez que se hacía líder de
una pandilla, trabajaba como bailarina exótica y modelo de
nudies. Cantaría, trabajaría en cine, estaría
a punto de casarse con Elvis Presley, sería baleada por un
ex amante y tendría un serio accidente de auto que la mantendría
años postrada en la cama de un hospital. Lo que se dice,
una vida de historieta.
Y aquí Tura Satana es la que comanda el show, con su naturaleza
salvaje a flor de piel. Si en otros filmes el centro de atención
son los FX, aquí los efectos especiales son la presencia
de esta mujer. Es una bestia sexual, malvada, violenta y expeditiva.
Es una auténtica villana en la pantalla y, como dicen los
americanos, una figura larger than life. Las otras dos
chicas (Haji y Lori Williams) son más ordinarias o apenas
adecuadas a sus roles de complices. Pero Satana comanda la escena
con un carisma único e irrepetible.
El tema es que, dejando a Tura Satana de lado, no hay mucho más
que pueda ofrecer la película. El diálogo es absolutamente
incoherente (en términos mayúsculos) y los personajes
hablan como si estuvieran drogados. Por momentos el guionista cree
estar poniendo en boca de estos caracteres frases que son de un
lirismo increíble, cuando en realidad terminan recitando
enormes cantidades de bazofia. Los personajes son de cartón
pintado: los villanos son malos porque sí, y las víctimas
no son tan puras como parecen. Del lado de los hombres, todos los
personajes masculinos (a excepción del Viejo) están
escritos como inocentes y fácilmente manipulables por el
sexo. Kirk es controlado por la bragueta como Varla quiere; el Vegetal
es un bruto sin maldad, y el Viejo es un perverso que bien puede
ser la contraparte masculina de Varla. En el medio está Linda,
criatura tonta si las hay, que grita, corre y rebota en todos lados
como pelotita de ping pong. El por qué Linda sigue viva hasta
el final del relato es completamente inexplicable.
Faster, Pussycat! Kill, Kill! solo posee una razón
para verse y es contemplar a Tura Satana en movimiento. Lo otro
efectivo que aporta Meyer es la violencia, que es bastante inusitada
para un film de esa época (Varla atropella a medio mundo
con su Porsche o mata a los hombres con sus propias manos). Pero
es una de esas películas que funcionan más como generadores
de íconos (y de buenos posters para cuartos de adolescentes)
que por otra cosa. Simplemente porque el libreto es pura basura. |
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