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Steven Spielberg se encontraba filmando Los
Cazadores del Arca Perdida cuando la Columbia
se puso a presionarlo para que hiciera una secuela de
Encuentros Cercanos del Tercer Tipo.
Spielberg consideró que la historia estaba cerrada
y, para sacudirse al estudio de encima, comenzó
a desarrollar un proyecto con alienígenas pero
en tono de horror titulado Night Skies.
La historia contaba el asedio de una familia aislada en
el campo por parte de una puñado de malvados extraterrestres
(algo parecido a Signs).
Mientras la Columbia se iba engolosinando
con la idea (gastando fortunas en borradores del guión,
escrito por John Sayles, y en modelos de las criaturas
desarrollados por Rick Baker), en el set de Los
Cazadores del Arca Perdida se encontraba Melissa
Mathison (guionista, novia y posterior esposa de Harrison
Ford), con quien Spielberg comenzó a discutir las
ideas del nuevo libreto. En un momento Mathison le planteó
lo triste de la historia, en especial cuando uno de los
personajes - un chico autista - tomaba contacto con uno
de los alienígenas. Cuestionando la naturaleza
villana de los extraterrestres, Mathison logró
encender la lamparita de idea a Spielberg, y el director
decidió tomar un rumbo diametralmente opuesto respecto
de la historia. De más está decir, Spielberg
se peleó mal con la Columbia,
Rick Baker lo mandó a freir churros después
de oblar u$s 700.000 en muñecos que no se iban
a utilizar nunca, y el estudio le cerró la puerta.
Así nació E.T. el Extraterrestre,
un proyecto que sería respaldado por la Universal
a pesar de no estar muy de acuerdo con el enfoque a lo
Disney de la trama.
E.T. ha terminado por ser considerado
un clásico, y sin dudas es una de las películas
más amadas por parte del público norteamericano.
Pero a decir verdad, es una historia terriblemente manipuladora.
Eso no quita de que sea un film bello, pero su estilo
radica menos en la substancia y más en el efecto.
Estrictamente hablando, no hay una historia concreta
para narrar sino que se trata de una serie de experiencias
emocionales (por no decir un melodrama que roza lo empalagoso).
Hay un alienígena, naves espaciales y la presencia
conspirativa del gobierno; pero hasta allí llegan
los elementos de ciencia ficción. La criatura
bien podría haber tenido un origen mágico,
y la historia hubiera funcionado igual. Lo que hace
Spielberg, al caracterizarla como un extraterrestre
abandonado en la Tierra, es proveer a un puñado
de villanos de turno - los hombres de negro
- como para crear un clima dramático. Pero en
realidad es un cuento de fantasía, más
propio del estilo de las fábulas infantiles de
antaño y aggiornado a la época
actual.
Ciertamente la historia del patito feo, abandonado por
su familia y adoptado por otros, no es nueva y una adaptación
literal hubiera culminado en un film hueco. En todo caso
lo que hace Spielberg es proveer algunas lecturas alternativas
de la historia, lo que le da un mayor peso dramático.
Por un lado, es la fantasía de un niño después
del trauma del divorcio de sus padres. De este modo, E.T.
no es más que un amigo imaginario que se ha materializado.
Notablemente todo el film adopta la visión desde
los ojos de un chico: vemos a la madre, pero ningún
adulto es distinguible - parece rodado como los cortos
de Tom y Jerry, en donde a ningún
humano se le veía por encima de sus hombros -.
Por otra parte, el divorcio tiene un responsable y es
el padre, y aquí todos los varones juegan en el
bando de villanos (los hombres del gobierno). Recién
cuando E.T. parte, es cuando empezamos
a distinguir las facciones de los hombres. En todo caso,
la visita del alienigena ha servido para sanar y unificar
a esta familia dañada, y los hombres comienzan
a ser visibles (o nuevamente aceptados) por parte
de los chicos..
El otro aspecto que provee una re-lectura de E.T.
es como alegoría cristiana. Mientras que en otros
filmes resulta más evidente (como El
Dia que Paralizaron la Tierra), aquí el recurso
está utilizado como golpe de efecto para provocar
un pico dramático sobre el final. La resurrección
del alienígena, su corazón ardiente en
el pecho (como una estampa de Cristo) y su capacidad
de generar milagros. Pero aquí no hay segundas
intenciones, más que de maravillar al público.
Sin embargo E.T. el Extraterrestre
no deja de ser un film con problemas. Ciertamente los
tres primeros cuartos del film son excelentes, desde
el suspenso de la investigación del gobierno
rondando a la familia de Elliott hasta los pasos de
comedia. La criatura posee un real carisma y eso hace
a la historia deliciosa. Pero todo el clímax
suena a golpe bajo - Spielberg quiere que nos enamoremos
del alien para después matarlo y, de manera absolutamente
arbitraria, revivirlo -. Desde el momento en que Elliott
y el ET caen enfermos (partiendo de una truculencia
del guión, que es que ambos sienten y sufren
lo mismo), la película ingresa en el terreno
del efectismo emocional de bajo calibre, del mismo modo
que Disney solía poner golpes bajos en sus filmes
infantiles. ET podrá ser un alienígena
pero no mago; y desde sus superpoderes hasta su capacidad
de resucitación son truculencias del libreto
que, en manos de otro director, hubieran resultado vomitivas.
Spielberg las maneja bastante bien y las hace relativamente
digeribles.
El otro gran problema es la criatura misma, que no
deja de ser un mamotreto. El tema no pasa por su diseño
sino por su expresividad, que es realmente muy despareja.
Existen momentos en que actúa realmente bien
y de manera ágil, y en otras escenas es un adoquín
estático con patas que se mueve a dos por hora.
Para peor la versión del 20 aniversario intercala
de manera terrible algunos CGI, con lo que la disparidad
de la perfomance física y actoral de la criatura
es horrendamente notable. Uno no tiene problemas con
las versiones especiales, pero también los directores
deben que saber qué criterio conviene aplicar
para introducir modificaciones útiles. George
Lucas fue impecable en el relanzamiento de su trilogía
de Star
Wars, simplemente porque aggiornó
elementos estáticos como naves y planetas, e
incluyó algunos nuevos escenarios (pero nunca
alteró digitalmente a uno de los protagonistas
principales, y menos para realzar su perfomance). Pero
en esta edición especial, intercalar al ET CGI
con el ET marioneta (tipo Muppet, que es la
que actúa mejor) y el ET robot queda horrible
y termina por distraer. Que haya un par de escenas nuevas
(como el baño de ET y Elliott), o se hayan borrado
digitalmente las armas, no compensa el sacrilegio de
arruinar la fluidez que tenía el film original.
Que el animatronic de Carlo Rambaldi fuera
mínimamente expresivo para mí no era problema;
en todo caso siempre veíamos a la misma criatura.
Pero aquí el efecto es chocante.
ET el Extraterrestre es una bonita
fábula que aún emociona. Spielberg cae
en lo peor del melodrama en los últimos minutos
y los cambios de la versión especial empeoran
las cosas. Pero aún así, con sus defectos,
mantiene la magia que consigue en los primeros minutos
de duración, y sigue cautivando. |