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Esta es la segunda adaptación de la novela Dune
(1965) de Frank Herbert. Duna se transformó,
al poco tiempo de su publicación, en una obra de culto e inmediatamente
surgieron interesados en generar un proyecto cinematográfico,
especialmente después de 2001,
Odisea del Espacio. La idea de un Mesías que expandía
su mente mediante una droga cayó justo en una época
donde el LSD era popular entre jovenes e intelectuales, y se había
desarrollado una verdadera cultura lisérgica a fines de los
60. Pero no sería hasta entrados los 70, con el formidable
impulso a la sci fi que significó Star
Wars, que el libro recién empezaría a encontrar
fervientes adeptos. Existieron múltiples proyectos, el más
conocido es el de Alejandro Jodorowsky que rayó entre la locura
y la genialidad, y que no pasó de ser un tibio y rebuscado
intento de concretar el libro, algo que terminaría por convertirse
en leyenda (la génesis de Duna la explicamos
en la review de
la película de David Lynch). Posteriormente David Lynch
lograría concretar la puesta cinematográfica del libro
con un film muy desparejo, pleno tanto de momentos geniales como de
secuencias bizarras; pero la larga duración de la cinta y la
críptica narración de Lynch alejaron al público
de la película, convirtiéndola en un rotundo fracaso.
Recién en el 2000 llegaría esta segunda puesta en escena,
esta vez en formato de miniserie televisiva.
Debido a su duración y cuidado puesto en el guión,
Duna, la miniserie termina por ser la mejor adaptación
de todas, pero aún así dista de ser perfecta. Aquí
el proyecto queda en manos de John Harrison, que es un artesano
más standard que Lynch y le brinda una narrativa mucho mas
tradicional. Harrison expande notablemente el relato, incluyendo
gran cantidad de temas del libro que Lynch no pudo mostrar por una
cuestión de tiempos y enfoque creativo, como las culturas
del desierto, el trasfondo político y la ecología
del planeta. Es una obra mucho más fiel al texto de Herbert
que la versión filmica de 1984.
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El tema es que, a pesar de sus grandes desprolijidades, la versión
de David Lynch se las arreglaba para crear un puñado de poderosas
imágenes que resultaban memorables, y por las cuales a la
miniserie le cuesta salir de su sombra. Mientras que aquí
el presupuesto es más acotado (aunque los efectos especiales
son más prolijos), cuando uno ve secuencias como la prueba
de Paul con la caja del dolor de las Bene Gesserit, el entrenamiento
con cuchillos entre Paul y Gurney, y un montón de escenas
vistas en Duna de 1984, no deja de pensar en un
clonamiento barato de dichas secuencias del film de Lynch. Por ejemplo,
el formidable escudo personal compuesto pot cubos en la versión
de Lynch es reducido aquí a una simple aureola de colores;
el ataque inicial al palacio de los Atreides se ve abreviado y carente
de espectacularidad, y así sucede con muchas escenas. Por
otro lado, los diseñadores de arte han intentado desarrollar
un estilo propio y diferente del usado en el film de 1984, pero
terminan de caer en enormes similitudes a la corta o a la larga,
como los ornicópteros, la nave de los navegantes del Gremio
Espacial o bien los cazas Harkonnen. Todo esto termina por producir
una confusa sensación de deja vu en los primeros
minutos de proyección.
Pero cuando la acción llega a Arrakis las cosas comienzan
a desenvolverse muy bien y con originalidad. Aquí toda la
historia previa al golpe de estado contra los Atreides es desarrollada
con mucho tiempo y minuciosidad, lo que contribuye a entender cabalmente
la historia (aunque no termina por darle tridimensionalidad a los
personajes). A diferencia de Lynch, que vomitaba todos los antecedentes
en escasos minutos y encima mezclaba los monólogos internos
de los personajes - cuando se preguntaban si Paul Atreides era el
Kwisatz Haderach - lo que terminaba por aturdir, el relato
lleva aquí un ritmo de exposición envidiable. Harrison
demuestra ser un excelente guionista, y sin dudas este es el libreto
cinematográfico que la novela precisaba para que la audiencia
pudiera entender perfectamente la historia. Las dos primeras partes
de la miniserie son en realidad expansiones de lo visto con David
Lynch, pero desarrollado de una manera mucho más efectiva.
Donde la miniserie se aparta considerablemente del film de 1984
es en el último tercio de la proyección. Una de las
cosas más interesantes que hace Harrison es mostrar a todos
los individuos con poder - las Bene Gesserit, el Emperador, el Gremio
de Navegantes - como gente totalmente arrogante. Por el contrario,
los Atreides son bondadosos y justos - a veces pareciera que fuera
en exceso, pero el libreto los trata como desconfiados y astutos
en vez de ingenuos -; pero cuando Paul Atreides escapa al desierto
y se vuelve lider de los Fremen, comienza a transformarse en otro
individuo despótico. Además el guión de Harrison
tira un montón de data realmente nuevo, que va desde las
intrigas de la hija del Emperador para averiguar el destino de Paul,
el descubrimiento del linaje real de Paul - termina siendo nieto
del Barón Harkonnen -, la manipulación de Jessica
de la leyenda Fremen para obtener asilo, e incluso el manejo prepotente
de Paul (ya como Kwisatz Haderach) que amenaza con contaminar
todo el planeta y aniquilar la producción de especia. A su
vez desarrolla en profundidad toda una conspiración de los
Harkonnen para hacerse cargo del trono imperial.
Si hay faltas en la miniserie, pasan porque Harrison es mejor guionista
que director. Todas las secuencias épicas parecen algo blandas.
La fidelidad al libro a veces atenta contra el film - era mucho
más excitante el final de la película de Lynch que
el de la miniserie, si bien es idéntico al de la novela;
el ataque al palacio, el final de Barón, e incluso los poderes
del Kwisatz Haderach suenan demasiado light; mientras
que Lynch lo convertía en un verdadero Dios, aquí
Paul puede vislumbrar pasado y futuro, y a lo sumo provocar un ridículo
brote de agua -; y tanto el perfil como el casting de los Harkonnen
es también muy blando. Comparado con el asqueroso y depravado
Barón Harkonnen de Lynch, su sangriento sobrino Rabban o
el incestuoso Feyd-Rautha, la troupe de villanos es aquí
de stock y no genera una amenaza real.
Es una adaptación muy buena de Duna, que
le da claridad y profundidad, pero requería de un director
con mayor talento a la hora de generar secuencias épicas.
Posee una enorme cantidad de virtudes, pero no termina de despegarse
de la sombra del film de Lynch, al menos durante su primera mitad.
Pero convierte a una obra tan compleja como el libro de Frank Herbert
en algo realmente accesible e interesante, lo cual es más
que meritorio.
El libro de Frank Herbert tuvo dos adaptaciones: Duna
(1984), dirigido por David Lynch; y Duna
(2000), una miniserie dirigida por John Harrison. Children
of Dune (2003) es su secuela y adapta los libros Hijos
de Duna y El Mesias de Duna |
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