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GB / Alemania,
1977 : James Coburn (sargento Steiner), Maximilian Schell
(capitan Stransky), James Mason (coronel Brandt), David Warner (capitan
Kiesel), Roger Fritz (teniente Triebig), Igor Galo (teniente Meyer)
Director - Sam Peckinpah, Guión - Julius J. Epstein,
James Hamilton y Walter Kelley sobre la novela The Willing Flesh
de Willi Heinrich, Musica - Ernest Gold |
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Este es uno de los últimos filmes del mítico Sam Peckinpah.
Peckinpah era un artesano especializado en westerns que obtuvo fama
internacional con el clásico La Pandilla Salvaje
(1969), y seguiría con una seguidilla de filmes memorables
como Los Perros de Paja (1971), La Fuga
(1972) y Pat Garrett y Billy The Kid (1973). Los
filmes de Peckinpah sorprendieron por su violencia explícitamente
sangrienta y a la vez estilizada, lo que puede sintetizarse en carnicerías
bien coreografiadas. Lo que en realidad hizo Peckinpah es tomar la
posta del estilo visual que Arthur Penn ya había marcado en
el clásico Bonnie And Clyde (1967), y llevarlo
al siguiente paso. La influencia de Peckinpah en el cine de acción
moderno es notable; de más está decir que todo lo que
ha hecho John Woo es simplemente plagiar el estilo del director.
Para finales de los 70 Peckinpah se despachó con este extraño
film de guerra, en donde la historia estaba vista desde la óptica
de los alemanes. Obviamente debió haber sido un proyecto
que no entusiasmó a nadie, ya que el film terminó
siendo financiado por productores independientes (uno de ellos,
Wolf C. Hartwig, producía filmes porno en Alemania), y con
recursos limitados que se terminaron antes del rodaje, lo que motivó
que el climax resultara improvisado a último momento y dejando
a la trama principal trunca. Con una producción conflictiva,
Cross of Iron apareció en las pantallas
en 1977 y pasó sin demasiada pena ni gloria.
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El tema es que La Cruz de Hierro no funciona como
debería ser. Si uno analiza cada una de las porciones de
la historia, las mismas no están mal filmadas (e incluso
hay segmentos inspirados), pero en conjunto parecen piezas de distintos
rompecabezas. Peckinpah aporta su habitual estilo excesivo como
es costumbre, con sangrientas matanzas en primer plano rodadas en
cámara lenta, y violencia explícita por doquier: desde
cadáveres desmembrados flotando en los ríos hasta
cuerpos aplastados que tapizan las rutas de escape. A diferencia
de otros filmes del género de la época, aquí
la matanza no es aseptica y Peckinpah pinta un mundo en guerra mucho
más real que las superproducciones pristinas habituales de
Hollywood. Además de la carnicería, el otro elemento
innovador es el sexo; desde las tendencias homosexuales del teniente
Triebig (que son explotadas para su beneficio por Stransky) hasta
la memorable secuencia donde los hombres de Steiner irrumpen en
un campamento de reclutas rusas, en donde hay abundancia de desnudos,
intentos de violación e incluso una castración rodada
de manera muy gráfica.
Pero, mientras que Peckinpah pinta el mundo de la guerra de modo
realista, violento y sangriento, el desarrollo dramático
parece ir a trasmano y resulta torpe, cuando no poco creíble.
Los personajes tienen actitudes extrañas. El guión
los aparta de los clisés habituales, pero cae en errores
nuevos. Que la tropa de Steiner recoja a un niño que es recluta
ruso y lo mantenga en secreto en su bunker durante días suena
altamente improbable; que los subordinados y los oficiales se insulten
cara a cara o hablen mal abiertamente de Hitler también parece
incoherente; y a todo esto no le ayuda el desarrollo del personaje
de Stransky, que parece escrito en tono de caricatura (hay momentos
en que parece un comic relief). La primera mitad del film
es pesada, a pesar de las explosiones, ya que se desarrolla dentro
de los bunkers y los diálogos no están muy inspirados.
Toda la secuencia donde Steiner es herido y enviado al hospital
parece desconectada del resto de la historia, si bien Peckinpah
se da el lujo de mostrar las mutilaciones de la guerra en primer
plano. Pero nada de todo esto funciona. Los personajes son muy reflexivos
o muy idiotas, sacan conclusiones intelectuales que difícilmente
un soldado podría realizar... no se ven como personas naturales.
La segunda mitad está un poco mejor, donde el film cae en
una narración más estandarizada - la traición
de Stransky y la carrera por su vida del pelotón de Steiner
tras las líneas enemigas -, pero el final es definitivamente
decepcionante. Al final Steiner acepta despreocupadamente la masacre
de su pelotón por las ordenes arbitrarias de Stransky...
y termina por dejarlo con vida. Dramáticamente es débil
y absurdo como clímax.
Obviamente las intenciones del guión es convertir al relato
en un alegato anti belicista. Pero los diálogos y las situaciones
son muy desparejos y poco creíbles. Las actuaciones están
bien, no hay nada horrendo o ridículo en el film, pero sin
embargo no funciona. Es posible que Peckinpah sea muy bueno filmando
acción pero muy blando a la hora de rodar secuencias dramáticas.
El guión precisaba una mayor pulida, en vez de decir tantas
obviedades. Los únicos personajes realmente interesantes
son los de la dupla de James Mason y David Warner, pero el resto
se porta de manera caprichosa. Por todo esto es que La Cruz
de Hierro termina siendo una rareza: es un film que no
hace nada mal, pero tampoco hace las cosas demasiado bien. Simplemente
es débil e inconexo dramáticamente. |
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