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Después del enorme suceso de Tiburon,
la Columbia decidió embarcar en un nuevo proyecto
a su director estrella Steven Spielberg. Para ello lo acercó
a Paul Schrader - el guionista de Taxi Driver -,
que le presentó un libreto llamado Kingdom Come
(La Llegada del Reino, en obvia alusión bíblica).
El script trataba sobre un oficial del ejército norteamericano,
quien se encontraba a cargo de un proyecto dirigido a desacreditar
los testimonios falsos sobre avistamientos OVNI, hasta que el protagonista
terminaba por tener su propia experiencia personal y culminaba por
ser abducido por una nave extraterrestre, siendo transportado a los
cielos. Toda la idea de Schrader estaba inspirada libremente en la
vida del apostol San Pablo; esto es, un ateo que termina por convertirse
en creyente y consigue ganarse la ascensión a los cielos.
A Spielberg no le gustó ni medio el libreto, considerándolo
excesivamente melodramático; comenzó a desarrollar
su propio guión, tomando de Schrader sólo la idea
del encuentro místico y el viaje interplanetario. Así
fue como nació Encuentros Cercanos del Tercer Tipo
(o Encuentros en la Tercera Fase), film que apenas
se estrenó arrasaría en las taquillas y confirmaría
el nombre de Spielberg en la lista de directores clase A de Hollywood.
La movida de Spielberg es sin dudas inteligente. Tomó el
género tal como era desde los años cincuenta - militares
buenos, alienigenas malvados - e invirtió los polos. A esto
le agregó toda la tramoya conspirativa propia de los setentas
- post Watergate -, y convirtió a la historia en
un encuentro místico. Aquí hay elegidos, hay mensajes,
hay apariciones, y hay un encuentro de comunión. Los extraterrestres
son benévolos, y sus apariciones son verdaderamente espectrales.
Las luces enceguecedoras, las apariciones milagrosas de aviones
(y barcos, como aparece en la Edicion de Coleccion)...
existe un auténtico sentimiento de que algo maravilloso va
a suceder. La gente, en vez de huir a los acontecimientos, se reúne
para presenciarlos. No es disparatado pensar que todo se trata de
una cuestión de fe: las personas por fin ven algo asombroso
y van a su encuentro con la secreta esperanza de que resulte algo
celestial.
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Por supuesto Spielberg se luce en el campo de crear expectativas.
Si uno considera la historia en sí, es un relato bastante
pequeño, pero bellamente adornado por escenas de experiencias
de contacto, filmadas con un virtuosismo genial. La enorme cantidad
de escenas memorables - los aviones aparecidos en el desierto, el
encuentro de Neary con el platillo (copiado alevosamente de Earth
vs The Flying Saucers), la persecución en la carretera
de las naves, el rapto de del niño, el encuentro en la Torre
del Diablo - sigue aún asombrando, y lo convierte en un auténtico
clásico. A esto se suma el fabuloso clima que crea Spielberg,
de manera de que el espectador no puede esperar a ver cómo
se desarrollan los acontecimientos. Es una película formidable.
Pero el gran inconveniente del film - que por suerte, queda sepultado
por su enorme cantidad de logros - es el personaje de Roy Neary.
Es sencillamente detestable. Es un individuo inmaduro, pésimo
padre y terrible esposo, que vive en el más absoluto de los
egoísmos. Es imposible de que la audiencia sienta algún
tipo de simpatía por él, y para colmo, el libreto
ya lo muestra como un hombre desequilibrado desde antes de que ocurran
los acontecimientos. En todo caso el guión precisaba a un
hombre corriente para después transformarlo en un desquiciado
obsesionado con la Torre del Diablo. El libreto intenta compensar
esto poniendo a su esposa como una histérica, y a los hijos
como auténticos demonios, pero esto no quita de que Neary
no sea una persona desagradable. Para colmo, toda la secuencia en
que pierde los cabales - con violentos choques familiares, destruyendo
parte de la casa para construir una maqueta enorme de la montaña
que lo obsesiona - es realmente mala. Por momentos el guión
intenta camuflarlo como si fuera un paso de comedia, pero la embarra
aún más. Era más natural el comportamiento
de Melinda Dillon - la madre del niño abducido en su casa
-, y emocionalmente más potente (va a la Torre del Diablo
a recuperar a su hijo) que la terrible historia personal de Neary.
Al final, a él no le interesa abandonar a toda su familia
para irse con los extraterrestres.
La histora de Roy Neary es el gran lastre; el resto es impecable.
Ciertamente Spielberg se dio cuenta de esto en las sucesivas versiones
del film (Encuentros Cercanos del Tercer Tipo es
quizás la primera película que comenzó la moda
de las ediciones especiales), y en The Collector´s
Edition está notablemente abreviada, aunque aún
así sigue siendo el peor segmento del film. Por lo demás,
Encuentros Cercanos del Tercer Tipo es magistral:
permite al espectador acariciar los más profundos temores
(y las más inusitadas esperanzas) acerca del momento en que
la humanidad haga contacto con una raza alienígena. Es brillante,
sorprendente y conmovedora, y nos deja con enormes ilusiones. Así
como con toda la subtrama vinculada a Pinocho,
nosotros también queremos pedirle un deseo a una estrella. |
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