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Japon, 1963 : Tadao Takashima
(fotografo Susumu Hatanaka), Yôko Fujiyama (Makoto
Jinguji), Yu Fujiki (Yoshito Nishibe), Ken Uehara (Almirante
retirado Kosumi), Jun Tazaki (Capitán Hachiro Jinguji),
Kenji Sahara (periodista), Hiroshi Koizumi (detective),
Yoshifumi Tajima (Amano), Akihiko Hirata (agente 23)
Director - Ishiro Honda, Guión - Shinichi
Sekizawa, basado en las novelas de Shunro Oshikawa,
Musica - Akira Ifukube |
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TRAMA : En Japon se suceden los misteriosos
raptos de ingenieros y científicos. La próxima
víctima parece ser el Almirante Kosumi, un militar
retirado que se dedica a construir barcos y que está
a cargo de Makoto Jinguji, la hija de su desaparecido
compañero de armas. Pero Kosumi logra abortar
el secuestro, para enterarse de que es la civilización
del desaparecido continente de Mu (hoy sumergido en
el Pacífico) quien se encuentra tras dichas operaciones.
Acudiendo a la policía, Kosumi recibe un film
que revela los verdaderos planes de Mu: conquistar al
planeta, e ir destruyendo cada ciudad capital de la
Tierra si no son detenidos los planes de construcción
de un poderoso super submarino por parte del capitán
Jinguji. Ante la sorpresa generalizada por la noticia
de que Jinguji está vivo, un oficial de éste
se presenta ante Kosumi y lo guía hasta su base
en una isla secreta. Jinguji ha permanecido aislado
del mundo durante más de 20 años desde
el fin de la guerra, y ha desarrollado el Atragon, el
submarino más poderoso sobre la Tierra y el único
que puede detener a la amenaza Mu. Pero, entre el shock
del encuentro entre padre e hija después de tantos
años y junto con los antiguos deseos imperialistas
del capitán para reestablecer el honor japonés
tras la derrota de la Segunda Guerra, es difícil
saber que curso de acción tomará Jinguji.
Y mientras tanto los ataques de los Mu han comenzado
ha hacer estragos en todas partes del mundo.
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Kaitei Gunkan (o su nombre occidental
más conocido, Atragon) es una
entrada de la Toho en la sci fi pura
y alejada de los habituales Kaiju Eiga
(ergo Godzilla
y toda su prole) que daban de comer a la compañía.
Es un film bastante curioso ya que cuenta con un respaldo
literario preexistente (las novelas juveniles escritas
por Shunro Oshikawa entre 1902 y 1907!), obviamente influído
por la obra de Julio Verne. Como puede verse, se tratan
de libros bastante añejos, escritos en una época
muy diferente a la que pertenece el film: mientras que
la serie de Oshikawa tomaba elementos de la ciencia ficción
victoriana, terminaba por mezclarlos con fuertes sentimientos
nacionalistas y anti rusos - a principios del siglo XX,
la presencia del imperio ruso era considerada una amenaza
para la supervivencia del pueblo nipon -.
Esta adaptación toma algo de esa premisa para
reciclarlo en forma del orgullo perdido de la derrota
en la Segunda Guerra Mundial. Aquí hay un capitán
japonés que era el encargado de diseñar
los poderosos submarinos serie I 400 - una
nave que existió realmente, y que eran en su
momento los sumergibles más grandes del planeta,
capaces de almacenar 3 bombarderos y diseñados
originalmente para bombardear furtivamente el Canal
de Panamá -, y que terminó con su tripulación
en una isla desierta, donde comenzaría a montar
una gigantesca base secreta para construir un super
submarino aún más poderoso. Cuando el
almirante Kosumi descubre que Jinguji está vivo
(y logra encontrarse cara a cara) se produce un choque
entre las culturas del Japon militarista Imperial y
el Japón moderno de la post guerra. Los diálogos
de esas escenas están construidos de manera muy
fina; Jinguji, con su uniforme tradicional, honrando
a Kosumi por su rango pero a la vez reclamándole
por no haber defendido con su vida el honor del Japón.
Como dice el capitán, el Atragon sólo
se ha construido con un propósito: restaurar
el poderío del imperio. "Pero la guerra
ha terminado hace 20 años, el mundo ha cambiado"
dice Kosumi, a lo que replica Jinguji: "Entonces
el Atragón volverá a reestablecerlo".
En ese sentido, Atragon es admirable
y va más allá del habitual tono pulp
del cine fantástico japonés. Por momentos
roza las alturas artísticas del Godzilla
de 1954. Si Godzilla era una alegoría
sobre el horror de la bomba - el pueblo japonés
con cicatrices por el holocausto nuclear -, Atragon
es la evolución filosófica de dicho concepto:
asumida la masacre atómica, ¿Japón
debe occidentalizarse o volver a sus raices imperiales?.
A su vez, si en Godzilla el pueblo
japonés era la victima, en Atragon
los nipones pasan al frente y toman la iniciativa: ahora
son los japoneses los que pelean y recuperan su honor
perdido ya que ellos son los únicos capaces de
defender el planeta. El film de Ishiro Honda destila
orgullo y nacionalismo (en el buen sentido); por fin
los nipones son los héroes del día.
Es cierto que esa perla dramática - la confrontación
entre la vieja cultura y la nueva - sólo dura
unos escasos minutos, tras lo cual el relato vuelve
a las rutinas habituales de la sci fi de la Toho.
Al final uno deduce que Jinguji - interpretado aquí
por Jun Tazaki, pero en un papel originalmente pensado
para Toshiro Mifune, lo cual hubiera sido una delicia
ver - termina obrando a regañadientes contra
sus propios ideales, y por el hecho que debe rescatar
a su hija de la garra de los invasores. Pero temáticamente
daba para mucho más.
Mientras que la historia del capitán renegado y
su submarino maravilla resulta fascinante, el resto es
el pastiche usual del cine fantástico japonés.
Las civilizaciones perdidas que reaparecen para invadir
la superficie; los invasores con extraños poderes;
la mascota de turno - aquí, un gigantesco y ridículo
dragón llamado Manda - como para dar un poco de
intensidad al climax ... y el etcétera habitual
sumado a unos cuantos agujeros en el guión. El
rapto de científicos nunca termina de quedar explicado,
los nexos entre los protagonistas - los fotografos y la
hija del capitán - están hechos a las apuradas
y sin mucha lógica; la gente de Mu sabe que Jinguji
está construyendo el Atragon... pero no saben dónde
(¿y entonces, cómo lo saben?);
en la isla donde está el capitán hay maquinarias
y autos modernos, a pesar de que Jinguji y su gente vivían
en el ostracismo... A esto se le suma que el libreto tiene
un par de argumentos realmente bizarros, como los espías
de Mu teniendo frio y usando sobretodo en verano, o frases
inmortales como: "no intentes dañarme,
pues estoy hecho de energía y no podrás
hacerme nada" o "este es un poderoso
explosivo capaz de destruir las piedras como se hacia
en el paleolítico". En fin.
Pero entre tanto delirio, hace su aparición
el Atragon (o Gotengo, en el original japonés),
el submarino volador que también vimos en Godzilla
Final Wars. Es bastante impresionante y está
bien hecho, aunque lamentablemente el film sea algo
expeditivo sobre el clímax: uno esperaba una
sensacional batalla entre el I-400 de los Mu y el Gotengo,
pero el último es tan poderoso que los contrincantes
duran dos minutos.
Atragon es una verdadera curiosidad
y sin dudas es un pequeño clásico de la
Toho. No tanto por su historia fantástica
que es bastante rutinaria, sino por el trasfondo y el
clima que posee. Es una película que exalta el
orgullo de ser japonés. No por ello es que Atragon
ha sido reestrenada numerosas veces, a lo largo de todos
estos años, y siempre con considerable éxito
de público. Otra perla más de Ishiro Honda
y cia a su larga lista de clásicos de la sci
fi de la tierra del sol naciente.
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