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Argentina / España, 2010
: Juan Minujín (Rubén Martínez /
Zenitram), Luis Luque (Javier Medrano), Jordi Mollà
(Daniel Durbán), Daniel Fanego (Presidente Orozco),
Verónica Sánchez (Laura Arroyo), Jorge Rulli
(Mingo Arroyo), Steven Bauer (Frank Ramírez / Elastic
Man) Director - Luis
Barone, Guión - Jesús de la Vega, Luis
Barone y Juan Sasturain, sobre una historia de Juan
Sasturain
TRAMA : Argentina, año
2025. Las sequías mundiales han transformado
al agua en el bien más preciado, y las más
grandes reservas acuíferas se encuentran en el
hemisferio sur bajo el poder de corporaciones españolas.
Ahora toda la población debe pagar para recibir
siquiera un vaso de agua. En Buenos Aires, Rubén
Martinez es un muchacho de clase baja que trabaja por
las noches como basurero. Pero un día, en un
baño de la estación de trenes, se le presenta
un misterioso hombre que le dice que su misión
es cambiar al mundo, y le otorga al instante infinitos
superpoderes - los cuales activa al mencionar su apellido
al revés: Zenitram -. El muchacho es muy
torpe para manejar los dones recibidos, e inmediatamente
es contactado por el periodista Javier Medrano, el que
comienza a actuar como su mentor. Pero Medrano es un
vivillo, y se alimenta del dinero y la fama que
le da Zenitram (quien ya se ha convertido en una figura
nacional), al mismo tiempo que corrompe al muchacho
con las drogas. Desde el corrupto presidente Orozco
hasta el abusivo Daniel Durban - dueño de la
explotación del agua -, todos planean sacar su
tajada de la fama de Zeritram; pero el muchacho ha caído
muy bajo y ahora se da cuenta que debe desintoxicarse
para cumplir con la misión que le han encomendado:
recuperar las aguas del planeta y reestablecer el equilibrio
de la humanidad.
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Permítanme comenzar mi review de una manera un
tanto pedante. A final de cuentas, he leído a tantos
pelotud... atómicos con aires intelectualoides
que han analizado a Zenitram de una manera tan
equivocada, que considero que tengo derecho a justificar
mi análisis en términos un poco más
coherentes. Esos periodistas serán buenos críticos
de un Bergman o un Allen, pero acá
nosotros escribimos todo el tiempo sobre cine fantástico,
así que paren un poco de mandar fruta y escuchen
un poco más a la gente que está especializada
sobre el tema.
La raíz del tema es que hay un problema de incompatibilidad
entre la cultura Argentina y la temática de género
(sci fi, terror, policial, etc). Vale decir,
una enorme mayoría de géneros están
asentados en raíces norteamericanas o europeas,
y no se pueden transplantar tal como son (salvo que
sea en tono de comedia). Usted no puede poner un
detective privado en Buenos Aires o un vampiro en Bariloche
porque eso sería ridículo (aunque
hay gente que lo ha hecho, y así le ha salido).
Eso no quita de que haya versiones autóctonas
de ciertos géneros - Borges cultivó el
policial y la temática fantástica con
un fuerte gusto argentino; Oesterheld nos dió
su alegórica historieta El Eternauta,
Mosquera R. nos regaló Moebius
-; pero dejando de lado esos casos, en la mayoría
del resto lo que se hace es crear híbridos,
versiones tomadas tal cual de sus moldes yanquis a las
que se le agrega porcentajes iguales de cultura criolla
y autoparodia. Esto resulta fundamental para que la
versión "a la Argentina" logre superar
con vida la barrera de los clichés del género
- imaginen a Superman buscando una cabina
telefónica en Buenos Aires -. El que sabe
mucho de esto y ha lidiado con éxito con las
dificultades de nacionalizar géneros sin caer
en lo ridículo es Damian Szifron.
Acá Zenitram (basada en un cuento de
Juan Sasturain que data de 1996) es un híbrido
que entra en la última categoría antes
mencionada. El gran riesgo con la nacionalización
de géneros es que a veces uno se engolosina con
la cuota de cultura criolla que agrega (que sirve para
satirizar a los clichés del rubro), y que puede
llegar a generar un bofe bíblico
como Adios Querida Luna,
llena de chistes intelectualoides que sólo le
hacen gracia a su autor (¿alguien se rió
cuando golpeaban al alienígena con el videojuego
del Maradona virtual pateando penales?). Aunque
Zenitram amenazaba bastante con caer en esos
mismos derroteros, por suerte el filme de Luis Barone
tiene una riqueza bastante importante de ideas, lo cual
no quita que no tenga su propio caudal de problemas
(y algunos de ellos realmente serios).
Acá hay un muchacho de la villa, al que un día
alguien le da superpoderes como en una versión
criolla de Shazam - grita su nombre al revés
y ya se transforma -. No hay explicación de quién
lo hizo y por qué a él, quedando simplemente
como el deux ex machina que impulsa la historia.
Así mismo recibe la misión de reintegrar
el equilibrio del mundo, devolviendo la posesion del agua
a la gente. Pero el pibe no es muy brillante, vuela
como puede, tiene superfuerza, supervista y supertodo
pero no sabe manejarlo. Al toque está la prensa
dando vueltas, y allí aparece el periodista Javier
Medrano, el que termina por transformarse en una suerte
de mentor y manager. El corrupto presidente de la nación
(Daniel Fanego, que se relame con su papel) procede a
salir en la foto con él y le inventa un ministerio
para que se le pegue un poco de la popularidad del muchacho;
y, a su vez, el siniestro empresario español Daniel
Durban procede a bajar sus líneas de envilecimiento
hacia Medrano y Zenitram. Y mientras el muchacho está
cada vez más sacado por la droga y el poder,
descuida las necesidades de la gente y el objetivo de
su misión. Mal día para que Superman
deje la falopa.
Juan Sasturain demuestra que es un escritor inteligente
y que maneja los códigos del género de
superhéroes. Como aquí hay superhéroe
pero no supervillano, el relato debe funcionar como
una alegoría (algo que han demostrado las películas
de Godzilla de 50 años
a esta parte). Acá Sasturain se dispara con una
versión alegórica de la Argentina menemista
de los años 90, mezclando en la volteada a Maradona,
el Guillote, y los temibles inversores españoles
de la época (¿alguien dijo Iberia?),
y todo esto salpicado por los clichés del género
de superhéroes y toques de picardía criolla.
Es en esos momentos cuando Zenitram funciona,
provocando más sonrisas que risas, ya que toda
la situación nos es inconscientemente conocida
pero nos resulta simpático el maquillaje que
le pusieron.
Pero Zenitram posee dos graves problemas que
la lastran y terminan por frustrar casi todos sus esfuerzos.
El primero es el de un par de perfomances horribles.
Mientras que Luis Luque le da el tono justo al relato
con su voz en off, Fanego se regodea con su presidente
populachero, y Minujin llega con lo justo para su superhéroe,
por el otro lado Verónica Sanchez arruina completamente
cada escena en la que aparece. Posee química
cero con el protagonista, es antipática y carece
de carisma. El otro que tampoco ayuda es Jorge Rulli,
ya que su profesor distraído es tan monocorde
y aburrido que es soporífero. El segundo problema
importante de Zenitram es el clímax, que
es abrupto y deja un montón de historias sin
cerrar. Quizás el tema pase porque el relato
sólo funcionaba como alegoría menemista
y, cuando debe apartarse de ello para cerrar su porción
original de la historia (los superpoderes y el regreso
del agua), se desmorona violentamente. La inclusión
con calzador del superhéroe yanqui retirado que
compone el cubano Steven Bauer es una clara señal
de que los guionistas no sabían como darle un
cierre a todo.
Zenitram es una aventura a la que aquí
calificamos con tres atómicos en un exceso
de generosidad, simplemente porque el 90% de la
película funciona de manera bastante competente,
hay unas cuantas ideas interesantes, hay un par de momentos
buenos, y los efectos especiales son impecables para
una producción made in Argentina (atenti
al auto Justicialista que conduce Verónica
Sanchez, que es una rareza total). Pero el 10% restante
(el final) es terrible y desbalancea seriamente los
méritos de la obra al punto de ponerla en riesgo
de naufragar. Las conclusiones serían: ¿es
interesante? Sí, como curiosidad y en un
sentido bastante nerd. ¿Es cómica?.
No mucho, tiene un par de momentos, y el resto del tiempo
es simpática. ¿Es recomendable?. ¿Vale
la pena ir al cine?. Y... yo le diría que,
salvo que sea un ultrafan de la Marvel o la DC
Comics (o le sobren los 30 mangos de la entrada
a un cine), dése un tiempo y espere a a que salga
en video.
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Otros títulos del cine fantástico
argentino: El
Hombre Bestia (o las Aventuras del Capitán
Richard) (1934); Obras
Maestras del Terror (1960), Extraña
Invasión (1965), Sangre
de Virgenes (1967), Invasión
(1969), Snuff
(1976), Moebius
(1996), La
Sonámbula (1998), Déjala
Correr (2001), Plaga
Zombie: Zona Mutante (2001), Adios
Querida Luna (2004), Tiempo
de Valientes (2005), Zenitram
(2010), Fase
7 (2011) |
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