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Corea del Sur / Japón,
1967 : Yeong-il Oh (Ilo), Jeong-im Nam (Suna), Kwang Ho
Lee (Icho) Director
- Kim Ki-duk, Guión - Kim Ki-duk & Seo Yun-sung
TRAMA : Una potencia enemiga
detona una bomba experimental, y ésto termina
por provocar una serie de terremotos que se dirigen
a Corea del Sur. Cuando éstos cesan, surge una
enorme criatura de las profundidades, la cual empieza
a arrasar las ciudades. Ahora el ejército se
prepara para atacar con todo al monstruo pero un científico
intenta detenerlos, convencido de que la criatura se
alimenta de energía. Y ahora, con el tiempo en
su contra, el científico deberá descubrir
la manera de destruir a la criatura mientras ésta
continúa arrasando impunemente ciudades y segando
multitud de vidas humanas.
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El kaiju eiga (o cine japonés de monstruos
gigantes) tiene un par de reglas simples: si hay dos
monstruos en un filme, se trata de un show; si hay uno
solo, se trata de una alegoría. Así
como Godzilla, Rey de los
Monstruos sirvió para que los japoneses revivieran
cinematográficamente el horror atómico de
1945, Corea del Sur tuvo su propio monstruo gigante
con subtexto. Es el caso de Yonggary, producida
con capitales locales y utilizando el expertise
importado de los japoneses, que de bichos enormes saben
y mucho.
No hace falta ser un cráneo para ver que Yongary
es la representación alegórica sobre el
temor a una posible invasión desde Corea del
Norte. Si bien los coreanos comparten gustos con japoneses,
chinos y demás habitantes del sur de Asia, tampoco
es un pueblo que delira por el kaiju eiga ni
lo trata como si fuera su género nacional -
luego de Yonggary, el kaiju eiga coreano quedaría
en el freezer durante 22 años hasta Reptilian,
una atrocidad que quisieron vender como una remake de
este filme y cuya historia no tiene nada que ver
-. Es posible que la situación política
entre las dos Coreas viviera algún pico de tensión
a finales de los sesenta y los artesanos de turno decidieron
traducir esa circunstancia en un producto como éste.
Aunque el libreto se cuida muchísimo de omitirlo,
resulta obvio que "la potencia extranjera y
enemiga del norte" es NorCorea, y el monstruo
es el invasor camuflado. Tal es así que en un
momento el bicho se vuelve rojo (!) y, cuando lo matan,
el niño de turno dice "pero él
no era malo... sólo quería comer y por
eso atacaba (N de R: como Corea del Norte,
que vive hambrunas pero mantiene uno de los ejércitos
más grandes del mundo); además él
era uno de nosotros". Oh si, todo muy amoroso,
pero después le dan al bicho para que tenga
y termina sangrando por un orificio no determinado (!)
debido al terrible veneno que le suministraron para
frenarlo en seco.
Los efectos especiales son prolijos pero no brillantes.
El monstruo es tremendamente insípido y va rompiendo
maquetas de un lado para otro, pero nunca hace nada
extraordinario. Bah, en el momento mas bizarro
y sicodélico del filme Yongary se pone
a bailar (WTF?), quizás por el efecto
de las drogas que le suministraron o porque el libretista
tenía el cerebro quemado a esa altura. No
importa, no interesa.
Lo que resulta obvio es que nadie en el equipo de producción
se calentó en lo más minimo para darle un
poco de coherencia científica al filme o, por lo
menos, para asesorar un poquito a la gente de los efectos
especiales. Cuando Corea del Norte va a probar la bomba
experimental, los surcoreanos deciden monitorearlos...
enviando una cápsula al espacio (la cual se pone
en orbita a dos millones de kilómetros de la Tierra,
como si estuviera en Marte) (chicos: o agrandaban la maqueta
de la Tierra, o achicaban la de la cápsula!). Y
no se trata de una cápsula con super equipos de
observación, sino de un tipo traje de astronauta
y un par de binoculares comunes y corrientes (¿esta
gente no sabe que existen los aviones y los satélites
espía?). Las cosas se ponen muy surrealistas
cuando la base se comunica con el piloto y le dice: "Aló
capsula, aquí base. Responda, cápsula".
Nada de nombres claves, o de un mínimo de rigurosidad
militar... nada.
La trama parece salida de un kaiju
eiga con poca onda. Hay dos parejas: un joven científico
solterón con chica interesada que lo apremia,
y un joven piloto militar recién casado. El ultimo
descubre la explosión en Corea del Norte, la
cadena de terremotos que la detonación genera,
y emite la alerta. Lo que sigue es un montón
de obviedades repetidas tres veces como para llenar
tiempo de exposición en el filme. "Sr.
General, debemos tomar medidas". "Cuando usted
indique, Sr. Secretario". "Establezca la ley
marcial y tome medidas ahora". "Gracias, Sr.
Secretario, ya estoy tomando las medidas pertinentes"...
lo cual es una idiotez monumental ¿Cómo
se detiene un terremoto?.
A esta sarta de personajes desabridos y patéticos
se le suma un chico insufrible que roba aparatos experimentales
del laboratorio de su tío y los prueba con sus
amigos y con Yonggary mismo. No es que el filme
caiga en los mismos bodrios que ocurrían en la
vieja saga de Gamera,
con nenito insoportable haciéndose amigo de
la criatura, pero pega en el palo. El problema con
este kaiju eiga coreano es que gasta demasiado
tiempo intentando crear personajes tridimensionales,
y omite darle personalidad a la estrella principal del
show que es el bicho. La sensación final es que
es un tipo en traje de goma rompiendo maquetas de cartón,
carente de propósito y misterio.
Para verla como curiosidad, o como un kaiju eiga
light, Yonggary resulta pasable. Si usted
es demasiado fan del género, le parecerá
aburrida y sosa. Como sea, monstruos gigantes coreanos
no se ven todos los días, y allí radica
el único merito del filme. |