TRAMA : La misión Helios
7 - cuyo objetivo final es Jupiter - es interceptada
a mitad de camino por un organismo espacial y éste
cambia su trayectoria, dirigiéndose de regreso
a la Tierra. El periodista Taro Kudo observa el descenso
de la cápsula en el mar desde la ventanilla de
su vuelo comercial hacia Japón. Una vez allí,
intenta convencer a su jefe en el periódico de
que lo envíe a la zona, pero su superior descree
de sus afirmaciones. Sin embargo Kudo acepta el trabajo
de fotografiar paisajes en una isla cercana a la zona
del descenso, ya que allí van a montar un lujoso
hotel resort. Lo acompaña en la misión
la bella Ayako y el biólogo Kyouichi Miya, y
en el crucero de ida se les une el extraño Makoto
Obata. Pero Obata es un espía industrial que
quiere capturar los planos del proyecto hotelero, e
intenta sabotear la misión del trío. Esto
no sería tan grave si no fuera porque el organismo
espacial a bordo del Helios 7 ha provocado el
crecimiento gigantesco de las criaturas de la zona -
en su caso, un calamar, un cangrejo, y una tortuga -,
quienes atacan a Kudo y compañía así
como a los lugareños. Sin comunicaciones ni vías
de escape, el trío se aliará con los nativos
para montar una improvisada defensa contra los monstruos
que asolan la isla.
trailer
original de Yog, The Space Amoeba
Yog, The Space Amoeba no es la mejor hora de Ishiro
Honda, el papá de la sci fi cinematográfica
japonesa. De todos modos Honda ha rodado cosas peores
como Dogora,
el Monstruo del Espacio (1964) o Varan,
el Increíble (1962). Acá la producción
es bastante lujosa; abundan los exteriores y el diseño
de los monstruos parece más elaborado que de costumbre
(ya a esa altura había fallecido Eiji Tsuburaya,
y los FX estaban en manos de otros artesanos). Figura
el habitué Akira Kubo (de Gorath,
Matango,
El
Hijo de Godzilla... y la lista sigue), y el
seudo actor de carácter Yoshiro Tsuchiya
(que era el villano de Human
Vapor, compartió cartel con Kubo en Matango
e hizo Godzilla
vs King Ghidorah 1991, entre otra parva de titulos).
El tema es que, con todos esos elementos en la ecuación,
Yog, The Space Amoeba fracasa miserablemente debido
a que tiene uno de los guiones más ridículos
de la historia del kaiju eiga. Eso no quita de
que termine por entretener ya que siempre pasa algo y,
cuando no, uno le puede sacar el cuero a los temibles
diálogos que se le ocurren al libretista.
Los minutos iniciales son absolutamente delirantes,
y hay momentos en que dudo seriamente si el filme no
es una parodia camp al género (nadie puede
considerar que situaciones y parlamentos como éstos
estén escritos en serio!). Kubo ve en el preciso
momento en que la cápsula del Helios 7
regresa a la Tierra desde la ventanilla de su vuelo
de línea; todo el mundo habla de la desaparición
de la cápsula pero nadie le da crédito
a Kubo; justo en la oficina en donde discute con su
jefe hay una chica que trabaja para una corporación
que va a construir un hotel submarino en la isla Selga
(que es precisamente donde descendió Helios
7!!!), y los va a acompañar un biólogo
ya que la isla está poblada de monstruos (!!!!).
O esta gente es idiota, o quieren inventar la
versión japonesa de Jurassic
Park... o la gente que hizo el doblaje estaba fumada
y despacharon verdura a lo loco en los diálogos,
los que no tienen nada que ver con lo que habla esta
gente en el japonés original. A esto
se suma que, de la nada, se les prende un compañero
de viaje de último momento, que es un japonés
con pinta de hipster - barbita candado, lentes,
traje estrafalario - y resulta ser un espía industrial.
Lo que resulta absolutamente idiota, ya que los planos
para construir el hotel submarino están escondidos
en un quincho que resulta ser la única construcción
en toda la isla (!!!!).
Los diálogos son gloriosamente absurdos. Cada
vez que Yoshiro Tsuchiya va a decir algo, mira seriamente
a la cámara y pone rostro de compungido: "el
organismo espacial puede traspasar y apoderarse de los
átomos de todas las criaturas; pero el hombre
es mucho más que átomos. Posee espíritu!...
y eso nunca va a poder controlarlo una criatura del
espacio" o "no tengo idea de qué
criatura es esa. Puede ser un calamar gigante, pero
no lo es. ¡Yo sólo soy un simple biólogo!".
A esto se suma una parva de nativos - que no son más
que japoneses pasados de bronceador -, los cuales hablan
perfecto japonés (!) ya que hubo un destacamento
militar en la isla durante la segunda guerra mundial.
Precisamente en los restos de dicho destacamento encuentran
armas y dos millones de latas de gasolina, las cuales
explotan como si tuvieran combustible nuclear adentro.
En realidad la idea central de Yog, The Space Amoeba
no es tan mala. La intención es hacer un kaiju
eiga en un lugar aislado y sin tecnología,
con un puñado de gente combatiendo a los monstruos
con lo que tiene a mano (en vez de oleadas de tanques
y naves espaciales), y añadiendo algo de terror
a la ecuación, cosa que Ishiro Honda había
manejado muy bien en Matango. Pero acá el
resultado es bochornoso. A los malos diálogos y
a las temibles actuaciones se le suma una parva de monstruos
muy elaborados pero de diseño ridículo.
Las palmas se la lleva Gezora, un calamar gigante
que camina sobre sus tentáculos (wtf!?)
y puede respirar fuera del agua. Como la ameba espacial
se reproduce y contagia al resto de los bichos, tenemos
también una patética tortuga gigante y un
pasable cangrejo king size, el que también
camina sobre sus últimas dos patas. No dejan
de ser coloridos y patéticos al mismo tiempo.
Pero es difícil odiar a Yog, The Space Amoeba.
Ya sea por la buena fotografía, el ritmo, las
escenas que están bien o las escenas que están
mal (que son la mayoría y uno termina burlándose
de ellas), el filme no aburre. Repito: no es el momento
más inspirado de Honda, pero termina por entretener
aunque sea en un sentido bizarro. Lamentablemente sería
el penúltimo filme de Honda antes de Terror
de MechaGodzilla (1975), y luego vendría
una serie de colaboraciones con Akira Kurosawa hasta
su fallecimiento en 1993.
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