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Esta versión de Yo,
Robot es un verdadero travesti cinematográfico.
El libro original de Asimov consistía en
un compilado de nueve cuentos de temática
muy dispar, caracterizados por la presencia de androides
en todos ellos, y por la aplicación (o excepción)
de las llamadas Tres Leyes de la Robótica,
enunciadas por Asimov en 1942. Las leyes consisten
en una serie de postulados sobre los cuales se debería
programar la conducta de los robots, siendo 1)
que los robots no pueden dañar a los humanos,
2) que los robots deben obedecer a los
humanos, a menos que éstos le brinden una
orden que entre en conflicto con el primer postulado,
y 3) que los robots deben proteger su
propia existencia, a menos que entre en conflicto
con el item 1 y 2. Como sea, lo
que aparece en pantalla no es el libro de Asimov
sino un guión de Jeff Vintar, maquillado
de manera abundante por Akiva Goldsman como para
que tenga algunos nombres y referencias de la obra
de Asimov. Más allá del sacrilegio
inicial, Yo, Robot 2004 surge como una obra
muy superior a lo esperado aunque la historia termine
siendo torpedeada por el climax, el cual no se condice
con las expectativas creadas.
Uno no puede esperar fidelidad de un producto
hollywoodense y, como en mi caso desconozco la
obra de Asimov, los argumentos de herejía
me suenan cortos. En todo caso, me enfoco en las
virtudes del trabajo que tengo delante, el cual
ha sido dirigido con mano experta por Alex Proyas
- El Cuervo, Dark
City -, un tipo que sabe de ciencia ficción
y la respeta en serio. Proyas da a luz una aventura
inteligente, llena de suspenso y escenas espectaculares.
Considerando que en esto metió mano el
polémico Akiva Goldsman - el tipo que
reventó la franquicia del encapotado con
el libreto de Batman & Robin, pero
también dió a luz cosas como Una
Mente Brillante o El
Codigo Da Vinci -, el resultado es mucho
mejor que lo esperado.
Esta es una conspiración de manual que
ya la hemos visto en cientos de películas
anteriores. Muerte misteriosa en una corporación,
detective que le tira los galgos a la persona
de enlace que le ha provisto la empresa, un CEO
con bastante secretos, atentados a cada rato contra
la vida del policía, etc, etc. La gracia
es que uno de los sospechosos resulta ser un robot,
el cual no sólo es un prototipo mucho más
fuerte e inteligente que los pares de su generación,
sino que también carece de la programación
de las tres leyes de la robótica. Ah!
Y tampoco tiene modem (¿un US
Robotics de 56k?), con lo cual no recibe
actualizaciones automáticas de la central.
Como quien dice, tiene el AVG, el Real
Player y el Windows totalmente desactualizado.
A pesar de que todo esto tiene cierto tufillo
a reciclado, Yo, Robot es un filme que
me entusiasma mucho. O por lo menos, lo hace hasta
el climax en donde todo se va al diablo. El problema
no es la espectacular batalla en el centro de
cómputos de US Robotics, sino la
necesidad de darle un final feliz a una historia
que no lo precisaba. Hay momentos en que la película
sigue tan fuertemente el patrón de La
Conquista del Planeta de los Simios - ahora
hay robots instalados en todos los hogares del
planeta, en vez de simios; hay un lider que lleva
a la masa a la revolución; quienes no se
plieguen a la revuelta serán apresados
o destruidos -, que resultaba imprescindible
que el climax terminara en un desastre - la
victoria de los robots sobre la humanidad, la
huida de la doctora, el prototipo y Will Smith
a las colinas para encabezar una contrarrevuelta
-. Aqui habia material para una trilogía
épica de cómo los androides se apoderaron
de la Tierra, pero el libreto decide castrar a
último momento todo su potencial. Allí
radica mi mayor critica al filme.
Por lo demás, Yo, Robot es una
gran película. La acción es formidable,
Will Smith derrocha carisma, y las palmas se las
lleva el robot humanizado que compone Alan Tudyk.
Es un espectáculo pochoclero bien hecho,
con un plus inteligente que la hace superior a
la media. La macana es que, a último momento,
decide ser políticamente correcta y no
se anima a explorar lo que hay más allá
de la premisa, lo cual hubiera dado lugar a una
saga apasionante. |