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X-Men 3 : The Last Stand continúa con las
peripecias de los mutantes creados en 1963 por Jack Kirby
y Stan Lee, que había recibido tratamiento cinematográfico
en dos ocasiones anteriores, de la mano de Bryan Singer.
Es difícil encontrar una entrega mediocre en
los films basados en la Marvel, posiblemente
porque la editora de comics mantiene cierta mano férrea
en el aspecto creativo de las películas. Eso
no quita que haya algunos personajes que hayan recibido
tratamientos blandos como Daredevil, o directamente
mediocres como The Fantastic Four. X Men
es la saga más exitosa de la editorial junto
con Spiderman, y el cuidado
puesto en la misma es notable en este film, incluso
con la ausencia de Singer (que partió a dirigir
Superman Vuelve)
y el cambio de posta por un director tan chato como
Brett Ratner. Sea un director camaleónico o directamente,
falto de personalidad, el espectador no siente la ausencia
de Singer - salvo un par de excepciones importantes,
que lastran el film en contra de los buenos méritos
que muestra Ratner la mayor parte del tiempo -.
El mayor problema de toda la saga de X-Men es
que, al traspasarlo a la pantalla grande, los guionistas
se han tomado la libertad de convertirlo en cierta pasarela
de fenómenos de circo. Si uno ha seguido el comic,
o las versiones animadas - de notable calidad - hecha
para la TV, podrá apreciar que los elencos de
X Men generalmente son reducidos y estables (4
o 5 personajes por bando). A lo sumo, varían
de temporada a temporada. Wolverine, Jean Grey, Mystique,
etc. son del elenco estable, pero cada temporada o versión
contaba con algunos personajes nuevos que permanecían
el resto de la serie (secundarios también estables).
En la saga cinematográfica esto no pasa, ya que
si bien hay un grupo central de personajes, los secundarios
van y vienen con velocidad pasmosa, y lo que es peor,
en cada entrega se presentan más y más
caracteres nuevos. Es como que los guionistas siempre
quieren sorprender en cada entrega sumando mutantes
a raudales, lo que perjudica la trama, ya que tantos
papeles resultan imposibles de desarrollar en un metraje
medido como el de un film. Acá por ejemplo, desaparece
olímpicamente el Nightcrawler de X Men 2,
y aparecen una parva de mutantes que habían participado
en cameos en entregas anteriores. El problema es que
hay un elenco tan grande, además de las premisas
ambiciosas que quiere contar la película, hace
que los desarrollos de tridimensionalidad de los personajes
se vea enormemente podado. La superpoblación
mutante de la pantalla impide, por ejemplo, desarrollar
en profundidad el debate ético y moral que debería
producir la aparición de una vacuna que les devuelva
la normalidad. El film intenta compensar esto con un
muy buen ritmo en términos de acción,
pero resiente en que ciertos personajes principales
- Tormenta, Cyclope, Wolverine - terminan por protagonizar
cameos extendidos más que liderar dramáticamente
la historia.
Pero si bien este es un problema de fábrica de
la saga cinematográfica, hay otros problemas nuevos.
El primero es decir que esta es la conclusión de
una trilogía, hecho que toma por sorpresa a cualquiera.
No hay noticias en los filmes anteriores de que la historia
estaba concebida en tres partes. Funcionaban muy bien
como capítulos aislados. Pero de pronto aquí
aparece la urgencia de terminar con la trilogía
- que nunca existió -, y se apuran los ritmos para
una narración que siempre se tomaba su tiempo en
desarrollar mínimamente a sus personajes, optando
por terminar historias en forma abrupta. Lo cual culmina
con el segundo problema del film, que le llamaré
el síndrome Serenity. Si usted vió
la película de ciencia ficción de Joss Whedon,
verá que el guionista y director descubre, en un
momento dado, que la historia que propone es tan larga
y ambiciosa, y que ha incluído tantos caracteres
conocidos, que decide hacer una poda en el elenco - eliminandolos
para darle aire y desarrollo a los personajes sobrevivientes
-. A Whedon la jugada le sale bien porque le permite dar
espacio de pantalla a quienes quedan, y usar el proceso
de eliminación como golpes de efecto a la audiencia.
Acá la jugada no es tan feliz, simplemente porque
la trama es tan densa que matando tres o seis personajes
no mejora la perfomance del relato; y porque el golpe
de efecto resulta alevoso, sorpresivo y hasta bajo. La
mortalidad del elenco aumenta a niveles sorprendentemente
altos, y evidencia la trampa del guión, comparándolo
con el índice de supervivencia de las dos entregas
anteriores. Pero no conformándose con eso, Ratner
atina a un par de falsas escenas de shock - una sobre
el final y otra, después de la lista de créditos
finales -, que desvirtúan y diluyen el efecto impactante
que había construído. Suprimirlas habría
resultado mejor - no sé si la orientación
del relato era la adecuada, pero el director debería
haber mantenido su visión, ser fiel a sus directivas,
en vez de jugar un par de trucos baratos que suenan ilogicos
y tramposos -.
Esto no indica que X Men 3 : The Last Stand
sea un mal film. Es más intenso en acción,
mucho más espectacular que los anteriores. Tiene
caracteres menos desarrollados, hay nuevas presencias
como la de Bestia de Kelsey Grammer que se agradecen,
hay subtramas desperdiciadas como la de la nueva Jean
Grey / Phoenix que se son incluídas alevosamente
para proveer un climax de fuegos artificiales al final,
sin explotar todas las posibilidades del tema. Pero
mas allá de sus contradicciones, tiene un muy
buen ritmo. Pero degrada sus logros con sus shocks,
algunos de los cuales termina desautorizando a la postre,
lo que le reduce crédito. Es como esos films
de Martes 13, donde Jason revivía en el
último segundo, después de ser masacrado,
saltando en frente de la cámara. Sustos baratos,
que se burlan del espectador y de cierta lógica
- siquiera cinematográfica - que había
desarrollado el relato. Y que no lo merecía la
historia.
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