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En los años ochenta
John Hughes era el dios de la comedia adolescente.
En su haber figuran clásicos como El Club
de los Cinco (1984), y Ferris Bueller´s
Day Off (1986), películas que llegaron
al corazón de más de una generación
(entre los cuales me incluyo). En el medio hizo
cosas bonitas y cosas pasables, y en los 90 la inspiración
comenzó a quedársele corta, generando
unos pastiches familiares que van desde Mi Pobre
Angelito hasta la interminable saga de Beethoven.
Y entre todos ellos aparece Ciencia Loca,
el que posiblemente sea uno de los títulos
menos destacados de toda la filmografía de
Hughes.
Las comedias de Hughes (al menos, las de la década
del ochenta) eran melodramas adolescentes en donde
el protagonista de turno era algún chico
/ chica incomprendido, con padres ausentes y rebelde
en un sentido light, ya que lo suyo pasaba
por quejarse por lo que le ocurre mientras permanece
en el sistema. Aún el anárquico
rebelde que encarnaba Judd Nelson en The Breakfast
Club era demasiado limpio y prolijo y, en
los universos que pintaba Hughes, nadie era un
villano en el sentido estricto de la palabra.
Los malos eran caricaturas, o déspotas
con autoridad, o jóvenes haciendo macanas
y que después demostraban tener un corazón
enorme. "Las comedias rebeldes" de
Hughes eran mucho más conservadoras de
lo que pintaban, y no dejaban de ser traslaciones
de las rutinas de antaño de Frank Capra,
sólo que matizadas con algún toque
más zarpado o siniestro. Todo el mundo
era esencialmente bueno, de manera más
evidente o más escondida, y terminaba mostrando
una naturaleza profundamente noble en algún
momento del filme.
Mientras que The Breakfast Club y Ferris
Bueller´s Day Off son esencialmente
estudios profundos de la naturaleza adolescente
(vistos desde una óptica algo almibarada),
ese toque magistral brilla por su ausencia en
Ciencia Loca. En general las comedias de
Hughes demuestra algún punto interesante
- un re-descubrimiento, una revelación,
un despertar, etc - en donde el protagonista
abre los ojos y descubre el mundo tal cual es...
pero acá hay tantas pavadas en el medio
que el climax - en donde los protagonistas
caen a tierra y terminan por cambiar - se
ve forzado y anodino. Es cierto que varias de
esas escenas tontas funcionan, pero lo hacen como
gag cómico y no como un avance en
el terreno dramático. Así es como
uno llega abruptamente a un final forzado en donde
la ciber-chica abre un portal dimensional, invita
a una horda de vándalos mutantes a este
planeta (los cuales despedazan la casa en donde
se hace la fiesta y que pertenece a uno de los
protagonistas), los pibes se ven obligados a enfrentarse
con ellos, y los malosos se retiran dócilmente,
demostrando que son más buenos que Lassie
con collar. Y si ésa era la lección
de turno para que los chicos cambien, a los dos
minutos llega el fascistoide hermano mayor
de uno de ellos, el cual empieza a prepotearlos
y explotarlos como si nada de eso hubiera pasado.
Pero a esa altura Ciencia Loca venía
rengueando en casi todos los aspectos y el humor
había entrado en coma hacía rato
largo.
En realidad, Weird Science es bastante
mediocre. El 90% del elenco no sabe actuar o no
tiene gracia (como el caso de Ilan Mitchell-Smith
o Kelly LeBrock, aunque la última funciona
mucho mejor cuando hace de zorra sexy), y lo único
que la hace digerible es la perfomance de Anthony
Michael Hall. Con 17 años Hall es un dínamo
en pantalla - tiene una habilidad impresionante
para robarse cada escena en la que aparece, y
darle gracia infinita al parlamento mas soso del
libreto - y tiene una parva de momentos impagables,
como cuando acapara un club de morenos y comienza
a fanfarronear sobre sus conquistas sexuales que
inventa sobre el momento. El problema es que el
guión prefiere centrarse en Mitchell-Smith,
que carece del carisma de Hall y es mal actor,
lo cual empieza a ralentizar el ritmo del filme
hasta casi matarlo. Su relación con Kelly
LeBrock es absurda - tiene a su entera disposición
una mujer fatal y la respeta demasiado o sólo
le roba algún que otro beso -, y todo
termina funcionando de manera demasiado blanca,
casi como si fuera Mi Bella Genio con algún
toque de Frankenstein
- despertaron algún tipo de hada mágica,
virgen y políticamente correcta -.
Aún con los problemas que tiene el libreto
- que no sabe muy bien para donde ir, como
profundizar a los personajes, o siquiera cómo
crear un par de villanos convincentes -, Weird
Science es divertida. Le falta enfoque, pero
tiene sus momentos gracias a Anthony Michael Hall.
Quítenle a Hall y posiblemente obtengan
un bodrio intragable. |